lunes, 4 de noviembre de 2024

Adiós Gordinflón

No pude rescatarte... Esta vez no... Y hasta ahora estoy empezando a sentir lo doloroso que es eso. Ojalá estuvieras vivo... Ojalá pudiera cepillarte y sentirte feliz y agradecido como siempre lo fuiste... Ojalá pudiera pedirte perdón por no cuidarte bien... Ojalá la vida se nos hubiese acabado estando juntos, dormidos, siendo felices... Te amo...

sábado, 11 de mayo de 2024

Saber perder

Decirles que me ha tomado demasiado tiempo escribir esto, es admitir que algunas cosas no sanan bien.

Si supiera por dónde empezar, terminaría aquí mismo para evitar la palabrería. Sería directo para no tener que volver a llorar por lo mismo, pero cuarenta y cuatro años son muchos e insinúan haber acumulado mucha paciencia.

Para no ser pretenciosamente melancólico, optaré por ser sistemático y enumerararé algunas de las cosas que perdí con tu partida, veinticinco en total:

1-) Perdí a mi mejor amiga, la que nunca me juzgó por nada y la que siempre estuvo allí para escucharme.

2-) Perdí la sonrisa más bella que jamás soñé mirar de tan cerca, solamente comparada a la sonrisa de mi amada madre.

3-) Perdí tus abrazos, los más cercanos, para mí, una mezcla de deseos, aromas y lágrimas.

4-)Perdí ese corazón tan hermoso y desinteresado, que nunca dejó de enamorar por dondequiera que anduvo.

5-) Perdí los cafés de los jueves, donde el tiempo nunca fue suficiente para lo que fuere que aconteciera.

6-) Perdí el innecesario "ride" a mi casa tres días a la semana, el cuál llegó a ser tan necesario como levantar el rostro y sonreír cada mañana.

7-) Perdí a esos estudiantes inquietos que, a pesar de nunca haber sido un amante de los niños, lograron motivar mis jueves y afinar mis tratos. Aún no he vuelto a sentarme en el suelo para dar mis clases, no sé si llegue a sentirse igual.

8-) Perdí a la pequeña niña quien ya caminaba hasta las paredes translúcidas de mi aula y saludaba moviendo sus deditos, nunca creí llegar a emocionarme por algo como eso.

9-) Perdí a ese pilar que me vio querer morir en un momento de tristeza, pero me motivó a volver para asegurarme de que siguiera creciendo y fortaleciéndose.

10-) Perdí esa imprudente emoción que empecé sintiendo cada jueves al salir hacia mi trabajo y que con el tiempo se extendió a los lunes y martes.

11-) Perdí esa sorpresiva visita a alguno de mis "chivos", lo cual empezó siento una agradable visión de belleza singular y terminó convirtiéndose en casi una necesidad. Aprendí a mirar siempre entre el público para encontrarte en cualquier lugar.

12-) Perdí mi compañera de Outlet, miércoles o jueves por las mañanas. Siempre perdidos y desubicados, siempre torpes pero curiosos.

13-) Perdí una compañera de baile: ebria, empoderada, casi podría decir que iracunda, pero perfecta en cada contoneo de caderas.

14-) Perdí una exploradora, una mujer deseosa de comerse al mundo, de vivir con intensidad cada segundo y burlarse de lo convencional.

15-) Perdí una madre, una mujer valiente, un monumento a las etiquetas que todas quisieran poseer pero que pocas podrían ostentar.

16-) Perdí a alguien que me hizo pensar, reflexionar, validar mis sentimientos y rechazar algunos de mis prejuicios. Perdí a quien me hizo creer que valdría la pena intentarlo una vez más.

17-) Perdí aquellas conversaciones de automóvil, esas que nadie más habrá escuchado y que pudiera ser que no se repitan jamás.

18-) Perdí esa razón para ser cada día más joven, más enérgico, más curioso para poder estar a tu lado sin importar el qué vendrá.

19-) Perdí tus piernas cruzadas debajo de la mesa del pupitre, mismas que nunca pude dejar de observar por más que lo intenté.

20-) Perdí los "te quieros" más sinceros que jamás habría creído llegar a decir.

21-) Perdí los granizados y los helados; ya no siento necesidad de volver.

22-) Perdí esa mirada que empecé viendo a través de unos lentes y terminé disfrutando de frente, mirando a mis ojos inmerecidamente.

23-) Perdí mi suplidora de dulces picantes y chapulines con salsa Valentina.

24-) Perdí motivación. Querer verte, estar contigo, sentirte cerca... Nada me había hecho querer con tanta fuerza estar vivo, estar fuerte y saludable.

25-) Te perdí, y perdí la oportunidad de decir que te amo y que aún puedo sentir tu aroma girando en alguna brisa crepuscular, rondando entre sonidos musicales, entre pasillos o entre cafés y hamburguesas. En cualquier paisaje o sensación que endulce mi corazón, allí estás.

No hay forma de que mi lugar de trabajo sea de nuevo tan alegre como lo fue. Para todos sigue siendo lo mismo pero para mí ya nada es igual.

Los pasillos lucen tristes, descoloridos; ya no siento la necesidad de salir a caminar alrededor intentando topar con tu mirada.

Perdí, sí... Pero por primera vez en mi vida, una enorme pérdida me ha alegrado el corazón; porque perdí para verte crecer, perdí para que seas feliz... Sé feliz...

domingo, 21 de enero de 2024

Carta de amor (muchos años después)

Casi siempre cuando llego acá es porque tengo algo que decir. Algunas veces he planificado lo que necesito sacar por alguna parte, pero la mayoría del tiempo solamente empiezo con algún tema y dejo salir las palabras como si estuviera dando una clase magistral (quienes me conocen saben que hablo y hablo saltando de una rama a otra simplemente por el placer de fluir).

Pero hoy es como si tuviera tanto que decir que ni siquiera puedo pensar en un punto de partida.

Y es que, a pesar de que sé que un inicio de año no debería ser referente para lo que venga después, decidí que el 2024 sería el inicio de una nueva etapa de mi vida

Ya más maduro, más estable (tanto económica como mentalmente), con metas más claras y hasta con una estima bien alejada del "pobrecito yo" que he sido durante la mayor parte de mi vida; sentía al mundo girar en la misma dirección en la que yo iba.

He conocido gente maravillosa que me ha hecho reevaluar la calidad de mis amistades y también he aprendido a separar un poco más los negocios de la amistad. He entendido que la mejor música es la que siempre te motiva a practicar, por el simple placer de compartirla con alguien más.

Con todo lo anterior pues ¿cómo no sentir y "declarar" que este sería mi año?

Pero bueno, ese estado de bienestar suele nublar algunas otras cosas que pueden pasar paralelamente.

He conocido a esta chica. Una mujer que desde hace años he visto en redes sociales y me ha hecho suspirar. Honestamente, con mi ya trillada baja autoestima, jamás creí que quisiera conocerme, me sentía muy por debajo de lo que pudiera ser su círculo social o familiar (por supuesto de era un juicio absurdo basado en sentirme feo y verla a ella tan hermosa); simplemente estaba fuera de mi alcance.

Pues de la nada y sin la más mínima sospecha, comenzó a hablarme.

Pues, resulta que tenemos más conocidos en común de lo que hubiera imaginado, y por ahí inició todo.

Yo no he podido ocultar ni por un instante la emoción que me provoca conocerla: escuchar su voz, ubicarla en algún lugar, mirarla a los ojos, sentir su aroma (siempre dulce como la tricopilia), hallar la forma de hacerla sonreír, en fin, hacerme su amigo y aprender a quererla.

Han sido meses geniales. Por primera vez, mis expectativas parecían coincidir con la realidad de lo que vivía, y donde fuera que pudiera verla, siempre he ido con ilusión, dibujando su sonrisa en el camino de ida y de venida, ¡puta! hasta mis dolores crónicos han cedido o ya no acaparan toda mi atención. Por primera vez en muchos años, sintiéndome ilusionado de verdad.

Claro está, esto se relaciona estrechamente con mí último post del año pasado, gracias a la mujer que me hizo creer y (más importante) entender de qué se trata el asunto: el amor también es producto de nuestras decisiones.

Así que, decidido a que no quiero vivir más sin esta hermosa (y aunque sea efímera) sensación que el amor por alguien puede hacer por uno mismo, no me he reservado ni un poco.

He vuelto a cantar, he vuelto a leer, a trabajar con mis manos, a estudiar de qué manera ser un mejor yo cada día para ella y porque todo esto que doy es reflejo de lo bien que estoy llegando a ser conmigo mismo.

Y sin embargo ¿qué hago a las 3:30 de la madrugada, despierto y sintiéndome insuficiente?

Ya no es un tema de autoestima, ni de depresión. Es un tema de que lo más maravilloso que esta vida nos da, siempre viene acompañado de lo más ingrato.

No estoy seguro, y quiero encontrar alguna forma de justificarlo, pero no siento reciprocidad. El amor no es extenuante, pero la ausencia, el abandono, la decidía y la incertidumbre lo son.

Es una montaña rusa de emociones (sí, así de cursi como suena), y no logro entender el porqué no hay estabilidad en lo bonito, en los espacios compartidos que no quisiéramos que acaben jamás. ¿Por qué con una mínima distancia, frase o movimiento, todo cambia? 

Sí así tiene que ser el amor, no estoy seguro de seguir queriéndolo, porque duele, duele en una parte donde no es tolerable, donde no me hace cojear. Duele en un lugar que no puedo masajear o fortalecer; porque probablemente sea el lugar más blando en mi ser, un lugar que decidí exponer y que se aliviaría mucho con un "disculpame, te quiero".

viernes, 1 de septiembre de 2023

De Palmaris con amor

Hace tiempo vengo evitando volver por acá, de la misma forma en que a veces decido evitar a ciertas "amistades" o ciertos círculos que me tientan y arrastran hacia lo profano.

Años han pasado y muchas cosas han quedado atrás. Algunas han dolido, otras han sido pequeños trofeos en el salón de la irrelevancia, pero una cosa es segura: todo sigue su camino.

Intenté justificar el desprecio que sentía por mi vida, transfiriéndolo al asco que me da este mundo y su falta de amor. Desenmascarando hipócritas, hedonistas, narcisistas, mentirosos y farsantes, terminé perdiendo toda fe y todo anhelo. Maldije el futuro pues no parecía querer dejar de ponerme al frente a toda esa calaña que reconfirmaba una y otra vez lo inútil que era para mí intentar comulgar con mi especie.

Incluso tuve el impulso de despreciar a mis amados animales porque alguna persona podría hacerles daño y no quería sentirme herido de nuevo;. Han sido tantos los hoyos que he cavado en mi patio, que he temido llegar a toparme en alguno de ellos a un amor eterno ya olvidado.

Sí, morir siempre resultaba ser un pensamiento liberador. El gran vacío, la gran nada me hacían sentir la misma satisfacción que esas siestas profundas de las cuales no es necesario despertar. Pero, fuera de lo alegórico o metafórico, despertar seguía siendo lo más malo del día.

Un día me lastimé y recibí de nuevo el placer del dolor en su máxima potencia. Empecé a usar y ¿por qué no?, a coleccionar bordones para poder caminar. Oh sí, el dolor nuevamente me hacía sentir vivo. Entonces encontré que, además, ya no veía nada bien. Mi cuerpo daba señales que solamente podría interpretar como si quisiera darse a la baja, y me ilusionaba complacerle.

Pero bueno, pareciera que aún no puedo descartar del todo las fuerzas que mueven este universo ya que de repente aparecen en mi vida unos niños inquietos queriendo recibir lecciones conmigo. Eso no sería nada extraordinario de no ser porque, y he aquí el motivo de mi publicación, con ellos llega una mujer joven, hermosa, dueña de una energía extraña y una voz en tono de abrazo.

No sé porqué (aunque sigo insistiendo en que es porque ambos nacimos bajo el signo de piscis) pero le simpaticé. No sé si deba entrar en detalles pero al menos quiero dejar testimonio de lo que aconteció.

Hace tiempo tengo esta loca idea de que cada vez que pierdo la consciencia por motivos del alcohol, renazco en un universo paralelo. Esa persona que falleció y fue encontrada ahogada en su propio vómito o tirada en una acera después de haber caído y golpeado su cabeza contra el concreto; esa persona no vive más ahí, y lo que estoy viviendo ahora es algo así como un sueño en el cual algunos pequeños detalles cambian pero en esencia todo sigue igual.

Esa pseudo muerte me da la oportunidad de corregir mis errores y enfrentar mis temores, pero no tengo ninguna intención de hacerlo. Es más, quisiera tener la oportunidad de arruinar todo cada vez con más ahínco. Pero está vez no morí estando inconsciente, está vez el impulso de Thanos recibió ese golpe devastador.

En fin, fuera de todas las metáforas y analogías: la vida cambió.

Puede sonar a que me enamoré, y efectivamente así es. O sea ¿qué hombre no se enamoraría de ella? Pero más allá de eso, esa luz que llegó a mí un día de tantos, devolvió toda la ternura que por tantos años me habían estado chupando las personas por las cuales no deseo dejar de sedarme nunca.

Ahora camino sonriendo, pensando en qué puedo hacer esta vez para merecer su compañía y, aunque no me he vuelto más creativo, entiendo que cualquier cosa que haga será bonita para ella, porque siempre abre los ojos a la ilusión y la sorpresa. Así que, siendo tan poco lo que puedo hacer de manera extraordinaria, me complazco con hacerle saber que su existencia me devuelve la fe y que voy a hacer lo posible para ser feliz por ella, por todo lo lindo e irremplazable que hace con tan poco. 

Nuestra torpeza será legendaria, más hoy siento que puedo cambiar mi mundo y hacerlo brillar, todo sabe y huele mejor después de su abrazo, y en mis manos está devolverle al mundo todo ese amor que motiva al cambio.

martes, 11 de enero de 2022

¿Qué me dejó el 2021?

Un año muy raro, mucho.

Ni siquiera estoy seguro de tener claridad con respecto a lo que pasó el año pasado.

Creo que hay demasiado ruido en mi cabeza.

"Lagunazos" le llamamos aquí a esas pérdidas de memoria, que cada vez son más frecuentes en mi caso.

El ruido no se va, y algunas veces me impide dormir por un buen rato. Para combatirlo no debo luchar más que conmigo mismo.

Hoy siento fuerte la incertidumbre. De nuevo me siento insuficiente, impotente.

De verdad la pandemia me afectó positivamente. Me alejó de la gente, y fui feliz por un rato. Pero la normalidad quiso volver y de nuevo la gente volvió. Odio la normalidad.

¿Acaso existirá algún lugar donde pueda estar bien? Me refiero a no ser molestado. Creo que sí, pero no depende de los demás, depende de mí, y ese lugar puede ser cualquier lugar. Solo necesito decir "no" fuertemente y con vehemencia.

Si en realidad quiero que me dejen solo, quizás solamente deba decirlo. Y talvez así el ruido se vaya por un tiempo...

lunes, 21 de junio de 2021

De rompimientos y madurez

De verdad quisiera tener la habilidad de escribir todas mis tristezas en forma de versos para poder hacer canciones como las que más me gustan, pero no soy ágil en el arte de versar.

Así que acá estoy de nuevo, como cada vez que me siento mal, intentando disipar mis dolencias por medio de las letras.

El contexto: hace casi dos años que conocí a esta chica y me encantó. Nos gustamos y nos relacionamos a pesar de que el ambiente nunca fue el mejor para ello. Luego vino la pandemia y las cosas se empezaron a enredar.

Mi salud también ha sufrido algunos cambios, la vida en general se ha complicado; pero seguíamos intentando mantener el calor y el contacto.

Era tan poco usual que no nos comunicáramos todos el tiempo, que recuerdo una vez que no hablamos durante todo el día como algo ansioso y casi trágico.

Muchos problemas superamos juntos en una época nada amigable para los amantes. Vivimos en ese mundillo especial que solamente existe cuando una pareja lo crea, una esfera en la cual hay un idioma propio y la cotidianidad resulta absurda para la normalidad.

Sería interminable mi narración si quisiera entrar en detalles porque es una historia llena de todo. Pero hace un par de días acabó.

Me dice que conoció a alguien más y que quiere experimentar. Ella sabía que podía tener un amorío, pero decidió hacerlo formal.

Yo siempre defensor de las libertades y ella más "conservadora", resulté siendo el amante fiel, y ella la traidora.

No, no digo "traidora" como algo peyorativo, lo digo por el hecho de que fue ella quien al final cayó en la tentación.

No la culpo, sé quién soy y lo difícil que es lidiar conmigo. Sé que soy incapaz de decir "te amo", frase que, aunque la demuestre con gestos cada día, se encuentra enclaustrada en mi boca; y sé además que para algunas personas es importante escucharla de cuando en cuando.

Tuve que ser fuerte, tuve que ser "adulto". Tuve que decirle que la apoyaba y que quería su felicidad por encima de todo (cosa que procuraré hasta el día de mi muerte). Quería que eligiera su paz y su libertad, me encanta imaginaria sonriendo dónde quiera que vaya a llegar. No tengo un deseo más profundo que verla feliz y es algo que siempre intenté con todas mis fuerzas, incluso en momentos en que la desesperación o la desidia me superaban.

Pero no le dije que prefería que se quedara. No le dije que este mundillo nuestro se había convertido prácticamente en mi único mundo. No le dije que el mundo real me parece insípido y que todo cambiaba de color algunas veces con un solo mensaje.

Tampoco le hice saber estas cosas mientras vivimos en nuestro mundo, mea culpa. Solo le dije todo lo que para mí es real y tiene sentido dentro de ese concepto maldito que llamamos "sensatez".

Hoy vuelvo a sentir ese Diego obsesivo compulsivo que hace rato no venía. Y tengo montones de preguntas e inseguridades que creo son de ese TOC pero que bien podrían ser de cualquier persona "normal" en estas mismas circunstancias.

Creo que ese Diego había dejado de existir dentro de nuestro mundillo y hoy, al poner de nuevo los pies en el mundo real, reaparece y me abraza, pero no como esos abrazos necesarios, sino como esos abrazos de acosador indeseable.

No, no voy a hacer esas preguntas, las inseguridades intentaré controlarlas, pero ¿quién sin creerlo me va a decir ahora que todo estará bien? ¿a quién voy a acudir ahora cuando encuentre un insecto o una serpiente? 

Acá dejaré este pedacito, pero no dejo de sentir que es una completa mierda estar aquí de nuevo a mis 41 años. ¿Será por eso que la gente se casa?

De verdad no soy tan maduro como pensé. Ojalá todo esto sea solamente el trastorno manifestándose y no una constante. Yo quiero seguir creyendo que la vitamina B12 me está curando mis tristezas...

lunes, 8 de febrero de 2021

¿Qué me dejó el 2020?

Creo que todos asumimos que sería un buen año al empezar ¿Qué podría salir mal? Tenía una gira a Ecuador y un viaje de placer a París dentro de mis planes. Todo el mundo sabe que me gustan los números pares. Sería el mejor año.

Efectivamente el 8 de enero salimos hacia Ecuador con escala en Colombia. Debo decir que fue un viaje maravilloso, superando por montones mis expectativas, y eso que solamente anduvimos por algunas regiones. Pero la experiencia y la gente fueron de lo mejor.

Regresé y a los días toqué junto a mi grupo en las fiestas cívicas de Palmares, que son de las más grandes de Costa Rica. Lo disfruté bastante debo admitirlo y la presentación fue tan buena que nos pidieron para el día de cierre.

Pronto volvieron las clases y todo siguió con regularidad hasta el 13 de marzo que se declaró emergencia nacional y se suspendió el curso lectivo.

No voy a hablar de pandemias. Que ya eso lo toco en otro post. Pero para contextualizar, simplemente tuvimos que adaptarnos a una "nueva normalidad".

Las lecciones pasaron a modalidad virtual para lo cual se nos capacitó durante semanas. Tuve que adquirir equipo para que mis estudiantes tuviesen la mejor experiencia y, siendo franco, empecé a disfrutar de lo que acontecía.

Al principio pensé que me iba a volver alcohólico al estar confinado y solo. Pero luego dejé de salir incluso para comprar cerveza y con eso además dejé de fumar.

Empecé a ejercitarme bastante y mis rutinas (mi TOC) empezaron a tener justificación y además por primera vez las tenía bajo control.

Empecé a entender que mis aficiones al alcohol estaban muy vinculadas a la labor de salir a tocar casi cada fin de semana (nos estaba yendo muy bien a desde el 2019), y que de cierto modo salir, lidiar con escenarios y con desconocidos, me generaba una ansiedad con la que no podía lidiar siendo la persona que regularmente soy.

De ese modo empecé a mejorar, empecé a grabar música desde casa, hasta hacía juegos de adivinanzas en Instagram, lo cual me generó más seguidores y cosas que no esperaba. Pero de repente la cosa se complicó.

El trabajo de revisión, corrección y registro de las actividades de mis estudiantes se fue haciendo cada vez más difícil. A toda hora tenía que estar pendiente de ello y no fueron pocas las veces en que me pasaba los fines de semana haciendo tales labores.

El tedio se hacía cada vez más grande y, con la intención de no afectar a mis estudiantes con sus asignaciones, les di la posibilidad de que me siguieran enviando material durante las vacaciones de medio año (Grosso error).

Fue así como perdí control de mi vida. Las sesiones de ejercicio casa vez eran menos frecuentes y los juegos en redes sociales se extinguieron. Sentía que no tenía tiempo para mí pero, aún así, me envicié jugando con una app del celular que era lo único que me distraía y de paso me estimulaba obsesivamente a jugarlo a diario y a diferentes horas.

Luego vino setiembre y con ello la propuesta de salir a grabar un vídeo en la playa. Me embriagué, como lo lo había pensado hacer nunca más. Lejos de botar estrés, me sentí culpable y así llegó la inflamación en los labios. Después de varios diagnósticos y tratamientos fallidos por fin uno más o menos satisfactorio: herpes Zóster.

Ése padecimiento ha venido apareciendo y desapareciendo desde entonces con una intermitencia muy frustrante.

Hacía el mes de diciembre se han abierto algunas restricciones y eso trajo de nuevo la ansiedad y el alcohol junto al tabaco.

Ha sido difícil. No voy a entrar en detalle pero durante todo el año tuve que lidiar con estudiantes malagradecidos, cospiranóicos, familiares, colegas insoportables; y todo eso me llevó a buscar ayuda psicológica (lo sé, mi enemiga la psicología).

Pero si creen que eso fue difícil, lo que viene no tiene precedentes siquiera. 

Ya les había contado sobre mi pareja: una chica 15 años menor que yo, cuyos padres no aceptarían nuestra relación y cuya situación familiar es muy conflictiva.

Pues bien, dadas las restricciones y cuidados protocolarios debidos a la pandemia, nos vimos muy pocas veces durante el año, con un poco más de frecuencia hacía finales. Su estado de ánimo fue en decaimiento, y siendo 22 de diciembre empezó a enviarme mensajes algo confusos sobre la necesidad que tenía de doparse y que estaba tomando Clonazepam. Yo intenté alejarla de ello y mantenerla estable pero no mejoró.

El día 23 de diciembre había yo salido de casa con mi mamá y mi hermana a hacer algunas compras navideñas de último momento cuando volvieron esos mensajes confusos en los que me narraba que había bebido muchas gotas de Clonazepam. Intenté calmarla, estuve hasta buscando líneas de apoyo y consultando con amigas qué podía yo hacer, siendo yo la única persona de confianza que tenía.

Estando en un parqueo de supermercado me llegó su último mensaje diciendo que había tomado muchas pastillas. Le pregunté que qué intentaba hacer pero ya ese mensaje no lo miró. Los minutos se hacían eternos mientras mis familiares hacían las compras y yo ya ni sabía qué hacer. Llamé un par de veces y tampoco hubo respuesta.

Empecé a buscar entre los mensajes antiguos y encontré uno donde ella me daba el número de teléfono fijo de su casa por alguna emergencia.

Cualquier persona que padezca de ansiedad sabrá lo que una movida de esas puede significar, pero tomé valor e hice la llamada. Me contestó un señor (su padre) de muy mala gana y le pedí por favor que me comunicara con ella y ni siquiera me respondió (ahí confirmé todo lo que ella me decía respecto a su situación familiar). Después de algunos segundos me vuelven a hablar al teléfono, esta vez era su hermano el cuál me dijo que ella no estaba disponible en ese momento. Contrariado sin saber qué hacer y con un nudo en la garganta le agradecí y me despedí.

Me quedé unos minutos pensando qué más podría hacer ¿Será que piensan que está dormida y no quieren interrumpir su sueño?, y si es así ¿Podría ella morir intoxicada?, o peor aún ¿Estará ya muerta?

No hay forma en que pueda siquiera retratar lo que siguió porque la bruma en mi cabeza era abundante, así que respiré hondo y volví a llamar. Después de timbrar un rato responde de nuevo el señor a lo cual le digo que soy amigo de su hija y que estoy muy preocupado porque estaba hablando con ella por mensajes y me dijo que había tomado muchas pastillas, a lo que el tipo me respondió con algo parecido a un gruñido. Otra vez hubo un silencio incómodo y me habla de nuevo el hermano. Le digo lo mismo y estoy casi seguro que en ese momento lo dije llorando, a lo que él de una forma muy tranquila me respondió que todo estaría bien, que él mismo se iba a encargar de todo. Yo simplemente le dije que se fijara por favor y me respondió de nuevo que todo estaría bien.

Los siguientes días fueron de la más total y angustiante incertidumbre. No sabía que hacer, estaba seguro que sí volvía a llamar, probablemente me tirarían el teléfono o algo. Así que mi mente divagó por todas partes. Por momentos llegué a pensar que todo era una mentira, que había sido engañado por la forma tan calmada en que me respondieron a mi segunda llamada. Por momentos me llenaba de paz y me decía que quizás le habían confiscado el celular o algo, pero que ya pronto se comunicaría conmigo. Pero la mayoría del tiempo pensé ¿Y si está muerta? ¿Cómo hago para saber de ello? ¿Quién me lo va a comunicar?

Desde mi casa escuchaba las "campanadas de muerto" que es una forma particular de tocar las campanas cuando se celebra un funeral, y pensaba que la estarían sepultando y yo en casa sin saberlo. Ese 24 empecé por escribirle mensajes, describiendo un poco mi día, pensando que incluso podría ser que no quería hablar con nadie y que quizás así al menos vería las notificaciones y se compadecería de mí. Pero igual no recibí respuesta.

La cena navideña fue casi tortuosa. No quería que nadie se enterara de lo sucedido, primero que todo por respeto a su intimidad, y segundo porque no quería arruinarles la fecha con ello. Tuve que fingir en todo momento estar bien, y la sensación tan vacía que tuve al abrir mis obsequios es de lo más difícil que jamás haya sentido.

Así fueron esos días hasta que el 26 por fin obtuve una respuesta.

Ella respondió a mis experiencias relatadas esos días y luego me contó lo que sucedió: había sido llevada a desintoxicar y luego internada en un hospital psiquiátrico.

Así volvió mi corazón a latir.

Después de esta descripción, creo que nada tendrá mayor impacto sobre el relato. Solo quiero rescatar que su intención nunca fue el suicidio sino solamente una compulsión por "sedarse".

Lo que queda del camino no será fácil, este 2021 tampoco pinta ser muy bueno, pero debo mantenerme inspirado "echando pa 'lante"...