En noches de insomnio es inevitable priorizar la forma más efectiva en que uno pueda volver a dormir, sin detenerse por unos instantes a contemplar la magia de la oscuridad y las bondades del silencio.
Es en esos precisos instantes en que recordamos que incluso la pérdida del sueño es una manifestación de vida y por lo tanto también tiene sus colores y aprovechamientos. En esos precisos instantes en que quisiéramos tener cientos de experiencias fantásticas para poder darle algún valor a la no-grata sensación de creer que veremos salir el sol sin haber descansado. Dejamos de ser merecedores del astro rey y la oscuridad nos llena de otros sonidos que la cotidianeidad no nos permite percibir. Conocemos de nuevo nuestros miedos y sabemos que lo único que los mantenía a raya era la inconsciencia habitual en que nos sumimos gracias a la vida.
No, la vida no tiene la culpa de que olvidemos nuestros temores. Nosotros los evadimos concentrándonos en necesidades que no necesitamos. Haciendo una guerra sin ejército que de antemano sabemos que no ganaremos jamás, y así manteniéndonos fuera del alcance de nuestros temores pero igual de nuestras fantasías e ilusiones.
¿Qué fácil caímos en esta desgracia? Me encantaría seguir cuestionándomelo pero ya me dio sueño. Siempre ayuda poder escribir algo...
martes, 27 de mayo de 2008
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