...y el de mayo, de junio y lo que va de julio?
De ser menos depresivo probablemente no me hubiese hecho nunca un blog de este tipo, y probablemente tendría una vida simple como la de los demás. Pero ese problema neuro-químico que me aqueja y acepto, pero al que no le doy tratamiento, me convierte en una persona diferente, y si existe un Dios, quizás me quizo asi: diferente.
Utilizar un medicamento cada vez que se me cae el mundo, sería para mí como ir al dentista cada vez que me ensucio la boca comiendo. Es algo de poca significancia que nos obliga a tomar posición en este mundo de dependencias (reitero que es nada más mi opinión, sus fundamentos no existen y no puedo citar ningún otro animal que piense así). Yo, al menos decidí mejor, tomé el cepillo de dientes y cada vez que mi boca se ensucia la limpio por mi cuenta.
Sí, de vez en cuando hay que ir donde el dentista (u odontólogo como les gusta que les digan) pero no para que te limpie los dientes, sino para que te revise si haces bien tu limpieza y probablemente te diga: "te voy a tener que hacer una calcita" y "vuelve dentro de 6 meses".
Todo iba bastante bien, ya no me sentía como un auto que debe ser llevado a reparación porque los autos no se reparan solitos (¿o sí?), ni se llevan solos (¿o sí?). Pero los conflictos del pasado vuelven una y otra vez con distintas carátulas, y siempre te logran arrebatar el cepillo de dientes y no te dejan usarlo, o te lo esconden, o te lo ensucian con caca y luego debes buscar un nuevo cepillo debido a que no te vas a meter uno con caca a la boca (¿o sí?).
Y yo les pregunto a esos problemas: ¿por qué tienen que hacer esas cosas conmigo y mi cepillo?, ¿ustedes no se lavan los dientes?, ¿por qué siempre vuelven?...
Ustedes saben muy bien que esos problemas a los que me refiero son ustedes: gente común. Como no se lavan los dientes no dejan que otros lo hagan, se adaptan a una vida sin ortodoncia de ningún tipo (clínica o espiritual), y al final de sus días pierden todos sus dientes y sus bocas huelen a caño. Pero eso no lo saben, o más bien no quieren saberlo. No quieren darse cuenta que sus bocas ya huelen mal. Porque en un mundo a donde las bocas de todos apestan, el raro es el que no emite ningún olor...
PD: Me siento muy bien, cambié mi cepillo de dientes y cada vez que se gaste conseguiré uno nuevo porque no quiero problemas con nadie, a todos: "Sigan el camino de sus arcoiris (yo no lo voy a hacer porque uno no le puede cambiar el rumbo al arcoiris, ahí a donde los lleve, ahí van a estrellarse con los demás)"
domingo, 13 de julio de 2008
miércoles, 2 de julio de 2008
El Poder de la Meditación
Hace unos días estaba completamente deprimido. Lo único que me faltaba para entrar en una crisis depresiva era escuchar voces o algo por el estilo.
Pero decidí que ya era demasiado, no podía tolerarme ni yo mismo. Y hasta la música (mi gran diosa y amante) parecía llegar a molestarme.
Entonces, en un pequeño lapso de lucidez, me senté en el patio y comencé a cantar con los ojos cerrados. Cantaba sonidos, me mezclaba con la naturaleza pasando por alto armonías, escalas y demás elementos constitutivos de nuestra música académica (por no decir occidental).
Tan sólo me enfoqué en que los sonidos salieran no de mi boca sino más bien de mi cabeza. Y pude sentir lentamente mi frente vibrando, luego mis orejas, mi nariz, mi rostro y por fin, parte de mi cuerpo.
Quería que esos sonidos, extraños en nuestro ambiente, se expandieran por todo lo amplio de mi patio y tocaran las plantas y animales que por allí reposaban.
No recuerdo cuanto rato me mantuve haciendo eso, tan sólo me despertó el estridente reggaetón que comenzaba a contaminar el ambiente de la casa de mi vecino, y en ese momento, contrario a lo que usualmente haría, no me enojé. Me levanté descansado y eché un par de maldiciones jocosas para mis adentros para luego entrar a mi casa y seguir con las idioteces que debo hacer comunmente dentro de lo que llaman "laborar".
Fue una buena experiencia porque, y creo que no lo mencioné antes, no podía motivarme siquiera a teclear unas cuantas palabras.
Así terminé mis quehaceres, acompañado de una extraña música (de esa que en nuestra cultura se acepta por ser "rara" y no por ser "buena"), agradeciendo esa limpieza pequeña del alma que salvó un curso más para mi currículum universitario.
Muchas gracias Kongar-Ol, por haberme mostrado tu cultura a través de tu música y darme nuevas esperanzas para sobrellevar la infecciosa sociedad en la que me tocó vivir, espero que nuestra contaminación no esté enfermando tus hermosas tierras...
Pero decidí que ya era demasiado, no podía tolerarme ni yo mismo. Y hasta la música (mi gran diosa y amante) parecía llegar a molestarme.
Entonces, en un pequeño lapso de lucidez, me senté en el patio y comencé a cantar con los ojos cerrados. Cantaba sonidos, me mezclaba con la naturaleza pasando por alto armonías, escalas y demás elementos constitutivos de nuestra música académica (por no decir occidental).
Tan sólo me enfoqué en que los sonidos salieran no de mi boca sino más bien de mi cabeza. Y pude sentir lentamente mi frente vibrando, luego mis orejas, mi nariz, mi rostro y por fin, parte de mi cuerpo.
Quería que esos sonidos, extraños en nuestro ambiente, se expandieran por todo lo amplio de mi patio y tocaran las plantas y animales que por allí reposaban.
No recuerdo cuanto rato me mantuve haciendo eso, tan sólo me despertó el estridente reggaetón que comenzaba a contaminar el ambiente de la casa de mi vecino, y en ese momento, contrario a lo que usualmente haría, no me enojé. Me levanté descansado y eché un par de maldiciones jocosas para mis adentros para luego entrar a mi casa y seguir con las idioteces que debo hacer comunmente dentro de lo que llaman "laborar".
Fue una buena experiencia porque, y creo que no lo mencioné antes, no podía motivarme siquiera a teclear unas cuantas palabras.
Así terminé mis quehaceres, acompañado de una extraña música (de esa que en nuestra cultura se acepta por ser "rara" y no por ser "buena"), agradeciendo esa limpieza pequeña del alma que salvó un curso más para mi currículum universitario.
Muchas gracias Kongar-Ol, por haberme mostrado tu cultura a través de tu música y darme nuevas esperanzas para sobrellevar la infecciosa sociedad en la que me tocó vivir, espero que nuestra contaminación no esté enfermando tus hermosas tierras...
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