Probablemente todos nos hemos visto en situaciones en las cuales nos hacemos preguntas como estas:
¿Qué será lo que quiere de mí?
Ya sé que no quiere verme pero ¿por qué?
¿Será que le gusto?
¿Qué es esto que siento? ¿Es real?
Podría poner un largo excétera de preguntas pero todas nos hacen sentir lo mismo: un sentimiento extraño que nos invade el pensamiento pero que no satisfecho de eso se ensaña con el alma y te retuerse el corazón. Es la incertidumbre.
Te hace pensar todo el tiempo en tantas posibilidades como puedas imaginar, pero inevitablemente casi todas te llevan a generar malas espectativas. Por supuesto que a partir de eso se formulan nuevas preguntas asociadas a las anteriores y algunas veces no tan asociadas.
Todo eso y la necesidad de encontrar respuestas que no te puedes dar por ti mism@ van generando todo tipo de impulsos de inseguridad, malestar, desconfianza y grandes insatisfacciones. Tu corazón no está lejos de todo eso, de hecho ahí es donde todos tus temores se convierten en furia y rechazo a posibles respuestas alentadoras.
Luego vienen las consecuencias físicas, todo se va acumulando y va manifestándose hacia el exterior. Te pones algo chiflad@, te da desconfianza la gente. Ya no es sólo la persona, el sentimiento o la situación que te molesta, luego son las pequeñas cosas, los detalles que incomodan se vuelven insoportables. Ahora quieres hundir un puñal en el pecho de cada persona que te pregunta si estás bien...
Hacia el final todo se devuelve hacia ti mism@ y te sumerges en depresión, y la pregunta ahora es: ¿Por qué la vida es tan difícil?
martes, 12 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario