miércoles, 22 de julio de 2009

El odio

Es interesante que a un par de semanas de haber comenzado mi tratamiento, comience a tener nuevas sensaciones. De a poco estoy recobrando las ganas de hacer cosas, ya mis alumnos no me molestan tanto (perdón si alguno lee esto pero es la verdad), de repente se me ocurre que quiero sacar una nueva pieza, o cantar algo. Eran cosas que había perdido.

Les diré, mi depresión se manifiesta en una total incapacidad de motivarme a hacer algo. Si alguien me dice "haga esto", lo hago de la forma más corriente y poco esforzada que pueda, pero de mis adentros no sale nada. Es como si no quisiera ser dueño de mis actos y adjudicárselos a alguien más. No podría ser alguien de no ser por otra persona.

Quizás de manera inconciente busco la forma de arruinarlo todo, o sea, boicotear mis proyectos, ya que no les doy continuidad y van cayendo solitos.

Pero ahora comencé con un nuevo proyecto de vida, y consiste en automotivarme a ver tele. Algunos podrán pensar "quién necesita motivación para ver tele", pero a decir verdad, eso es algo que uno hace sin proponérselo, es como automático. Yo, en cambio, estoy programando eso, y me propongo ver una temporada entera de "Lost" y lo hago.

¿Cambio radical? Para mí sí lo es, porque ni siquiera hallaba interesante hacer algo tan satisfactorio.

Pero estoy experimentando otra sensación, y es la que da título a este post.

¿Odio a qué? Si ya este loco había dicho que odiaba a la humanidad...

Pero odiar a la humanidad, para mí significa odiar a la gran masa. No la humanidad en sus componentes sino toda ella como un gran ente. Si no se entiende veámoslo así, es como odiar el mar: la forma en que las olas llegan a la playa, el color azul de sus profundidades, pero no así odiar las gotas de agua.

Sí, he comenzado a sentir odios específicos, y es algo que no tenía antes. Nunca en la vida había podido decir que odio a una persona, pero me está pasando. En mi filosofía, coexistimos como seres de bondad y maldad, así que debemos aceptar a cada individuo como tal un bueno y un malo. Por lo tanto podemos amar u odiar comportamientos, acciones o intereses selectivos de cada persona, pero no así a la persona en su totalidad.

He comenzado a sentir odio por las personas. Eso me perturba, porque en mi obsesividad no logro sacármelas de la mente y cuando piensas mucho en alguien le das poder. Es algo que me caracteriza porque nunca pienso en nadie, hasta ahora.

Quiero descubrir un poco más acerca del odio, así que seguiré experimentando, no sin antes adelantarles que quizás lo próximo que escriba sea acerca de perder la paciencia...

domingo, 12 de julio de 2009

Tratamiento Psiquiátrico

Pues sí, así a como lo han leído, he pasado a ser parte del engrosado porcentaje de la población que requiere de una ayudita química para salir adelante.

Han habido muchas preguntas e inseguridades al respecto, pero he asumido esta posición con valentía argumentado en mi nula capacidad para sentir verdadera atracción por la vida.

Soy un problema, y quién haya andado por acá debe saberlo. Simplemente un inadaptado. Con decirles que estoy (aún no se ha manifestado el efecto de los medicamentos) tan harto de la sociedad y de el mundo en sí, que mi único afán, lo único que me aferra a la vida, es la posibilidad de que haya un cataclismo que extermine por completo o, en el peor de los casos, parcialmente con la humanidad, y ser testigo de ello.

Pues sí, tengo reacciones locas, soy todo lo que ya sabía, pero aparte, también soy un suicida en potencia, lo cual me resulta tristemente gracioso. Y darme cuenta de que no me he matado porque tengo todas mis esperanzas puestas en el inevitable fin del mundo, me convierte en un genocida frustrado.

Es cierto, de acuerdo a mi psiquiatra llevo talvez más de la mitad de mi vida bajo depresión. ¿Cómo no he de tener todo ese resentimiento hacia mí y los demás?

Pero igual existe el temor. Si es cierto que todo este tiempo he estado deprimido, esa es la única forma de mi ser que conozco o que recuerdo. ¿Me iré a convertir en otra persona? Y si eso pasa ¿Quién es esa persona? ¿La conozco? ¿Tendrá mis mismos amigos? ¿Le gustarán las mismas cosas? ¿Le gustará la misma música?

El trastorno obsesivo compulsivo es una de mis características especiales, quizás ha sido el motor de mi vida y, de acuerdo a lo que leí en la etiqueta del medicamento, se va a ir desvaneciendo. ¿Cómo podré percibir la vida si no tengo ese trastorno?

A decir verdad, me tomó un par de días decidirme a tomar los medicamentos. Estaba aterrorizado. Pensar en poder cambiar mi personalidad y la manera oscurecida y desanimada como veo las cosas es un gran tormento.

De algún modo llegué a pensar que todos estos padecimientos eran un don divino que me hacía ser diferente. Que la gran energía cósmica había creado un ser que debía evolucionar bajo esas características adversas.

Si lo anterior es cierto, no creo que no exista la forma de volver atrás. Estoy experimentando conmigo mismo. Y gracias a mi locura, pude construir este blog con muchas ideas que caracterizan mis padecimientos, así que probablemente pueda volver a contaminarme de ello.

Les pido paciencia para conmigo, no soy un animal, soy un ser humano, jajajajajaja...
Sólo espero que el próximo Diego siga gustando de escribir en un blog...

viernes, 3 de julio de 2009