Es interesante que a un par de semanas de haber comenzado mi tratamiento, comience a tener nuevas sensaciones. De a poco estoy recobrando las ganas de hacer cosas, ya mis alumnos no me molestan tanto (perdón si alguno lee esto pero es la verdad), de repente se me ocurre que quiero sacar una nueva pieza, o cantar algo. Eran cosas que había perdido.
Les diré, mi depresión se manifiesta en una total incapacidad de motivarme a hacer algo. Si alguien me dice "haga esto", lo hago de la forma más corriente y poco esforzada que pueda, pero de mis adentros no sale nada. Es como si no quisiera ser dueño de mis actos y adjudicárselos a alguien más. No podría ser alguien de no ser por otra persona.
Quizás de manera inconciente busco la forma de arruinarlo todo, o sea, boicotear mis proyectos, ya que no les doy continuidad y van cayendo solitos.
Pero ahora comencé con un nuevo proyecto de vida, y consiste en automotivarme a ver tele. Algunos podrán pensar "quién necesita motivación para ver tele", pero a decir verdad, eso es algo que uno hace sin proponérselo, es como automático. Yo, en cambio, estoy programando eso, y me propongo ver una temporada entera de "Lost" y lo hago.
¿Cambio radical? Para mí sí lo es, porque ni siquiera hallaba interesante hacer algo tan satisfactorio.
Pero estoy experimentando otra sensación, y es la que da título a este post.
¿Odio a qué? Si ya este loco había dicho que odiaba a la humanidad...
Pero odiar a la humanidad, para mí significa odiar a la gran masa. No la humanidad en sus componentes sino toda ella como un gran ente. Si no se entiende veámoslo así, es como odiar el mar: la forma en que las olas llegan a la playa, el color azul de sus profundidades, pero no así odiar las gotas de agua.
Sí, he comenzado a sentir odios específicos, y es algo que no tenía antes. Nunca en la vida había podido decir que odio a una persona, pero me está pasando. En mi filosofía, coexistimos como seres de bondad y maldad, así que debemos aceptar a cada individuo como tal un bueno y un malo. Por lo tanto podemos amar u odiar comportamientos, acciones o intereses selectivos de cada persona, pero no así a la persona en su totalidad.
He comenzado a sentir odio por las personas. Eso me perturba, porque en mi obsesividad no logro sacármelas de la mente y cuando piensas mucho en alguien le das poder. Es algo que me caracteriza porque nunca pienso en nadie, hasta ahora.
Quiero descubrir un poco más acerca del odio, así que seguiré experimentando, no sin antes adelantarles que quizás lo próximo que escriba sea acerca de perder la paciencia...
miércoles, 22 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario