sábado, 21 de febrero de 2009

Otro cuento...

El accidente no había sido tan aparatoso como en un principio él lo había supuesto. Ella se encontraba sobre los matorrales inspeccionando sus posibles lesiones aunque evidentemente no era nada de gravedad, algunos rasguños nada más.


Entonces él pensaba que si la situación hubiese sigo de mayor gravedad no hubiera sabido cómo comunicárselo a la hermana de ella. Claro, después de años de vivir involucrado en esa relación sentimental, la conocía tan bien que sabía que nunca lo perdonaría por haber puesto en peligro la integridad física de su pequeña hermana.


Es cierto que el favor de cuidar a su joven cuñada podía ser un buen gancho para que la relación nunca acabara, o al menos por el tiempo en que estuviera a su cargo. Pero realmente nunca hasta ese momento había considerado que el peligro estaba en cualquier parte y que en él podrían repercutir las consecuencias de cualquier accidente que se suscitara. Esa idea loca lo atormentó un poco, pero de repente reaccionó porque súbitamente se dio cuenta de que no estaba solo en ese momento, así que acudió al auxilio de la joven.


- ¿Te encuentras bien? (Preguntó el hombre a la joven muchacha)


- Sí, sólo un poco asustada. (Respondió la joven)


Él miró la bicicleta a un lado del camino y recordó como la agilidad de la joven la había salvado de estrellarse contra la empedrada calle. Ese inesperado giro fue lo que la lanzó contra esos arbustos haciéndola rodar un poco pero amortiguando el impacto. Efectivamente lo empinado e irregular de la calle le hubiera provocado graves heridas a su cuñada, posiblemente y hasta una mala caída pudo haber significado la muerte.


- ¿Puedes levantarte? (Volvía el hombre a lanzar una pregunta)


- Creo que sí, pero dame un rato para respirar hondo.


- Ok…


Talvez no era del todo su culpa que la muchacha se hubiera estrellado, a decir verdad ella fue la que insistió en conducir su bicicleta a esas horas de la noche sin linterna para iluminar la vía. De hecho el hombre procuró que su cuñada dejara la bicicleta en su local de trabajo ofreciéndose él a llevarla en su motocicleta, al fin y al cabo ambos tenían el mismo destino. Pero ella, como buen ejemplo de mujer en busca de independencia, no quiso someterse argumentando que al día siguiente no tendría vehículo para regresar al trabajo, como si él no hubiese podido llevarla.


- De la que te salvaste… (Comentaba el hombre después de exhalar un suspiro)


- Pues sí, pudo haber sido muy grave, qué suerte que logré aterrizar en estos matorrales. (Respondía la chica simulando una sonrisa)


Irónicamente ese mismo día la muchacha había revisado la cadena de la bicicleta en su casa de habitación que, dicho sea de paso, era la casa de su cuñado quién “amablemente” le prestaba un cuarto mientras ella buscaba su libertad trabajando como despachadora en una tienda de souvenirs lejos de su casa y su familia.


- ¿Libertad? Si yo le doy hasta la comida. ¿Qué clase de libertad es esa? De no ser por lo mucho que me interesa su hermana, probablemente no la aceptaría por acá. (Pensaba el hombre mientras disimuladamente miraba hacia el cielo oscuro de la noche)


- ¿Te das cuenta de que no se ve la luna por ningún lado? (Preguntaba la muchacha después de haber descubierto al hombre mirando hacia el firmamento)


- Pues sí, únicamente las estrellas…


En esos lugares turísticos generalmente las localidades son muy diferentes y quienes trabajan en las zonas turísticas provienen de pueblos humildes bastante distantes. Los caminos son difíciles pero todos saben que eso nunca cambiará porque allí mandan los grandes comercios y hoteles, y a ellos les conviene que los pueblos sean de difícil acceso para que ningún turista llegue por ahí extraviado.


Por supuesto no hay iluminación en esas callecitas así que los tramos son muy oscuros de noche pero talvez nunca nadie se había detenido en el trayecto para observar el celaje.


- Creo que ya estoy más calmada, ayúdame a ponerme en pie. (Solicitaba la joven)


- Por supuesto. (Declaró el hombre)


El tipo se inclinó hacia ella, dejando que le rodeara con sus brazos.


De repente la muchacha acercó su rostro al de él y le propinó un beso en sus labios. Él respondió a ese beso y se acariciaron apasionadamente. Luego de un par de minutos se despegaron y se quedaron mirando a los ojos. Había mucha intensidad en esa mirada que se entrecruzaba en la oscuridad.


Luego y sin decir nada se pusieron de pie y tomaron cada uno su vehículo para seguir por el camino…

miércoles, 18 de febrero de 2009

Sentimientos

Es hermoso dejar de pensar racionalmente por ratos.

Había olvidado un montón de sensaciones que creía inherentes al estado de la adolescencia. Más bien creo que había querido olvidarlas porque después de pensar con claridad me di cuenta que estas sensaciones son nocivas y no construyen nada en absoluto.

¿Por qué nocivas? Porque generalmente nos desvían de la realidad y nos encausan en una empresa sin sentido productivo. No quiero decir con eso que todo debe tener siempre un sentido de aprovechamiento, pero hasta algunas de las cosas más superfluas son alimento para el ego y con eso basta.

Entonces resulta que después de años de combatir los sinsentidos de las emociones me enredo en una situación que resulta imposible para mí, de hecho debería ser un imposible para cualquier persona de mi edad que cree en la ética y la legalidad.

Esa curiosa situación comienza a generar un reto y luego de eso todo se tergiversa para producir emociones. De repente todo se vuelve un caos y me descrubro pensando en la situación mucho más de lo que debería, le doy tal importancia que comienza a distraerme de mis verdaderos objetivos.

Pero vean lo más extraño del caso: una vez que me logro enfocar de nuevo me doy cuenta que tengo un motivo más en la vida por lo cual ser mejor, por lo cual conocer más y reforzar mis habilidades. Entonces de repente ya no es tan estúpido este estado emocional.

Ahora me doy cuenta que las mariposas y las flores pueden tener otro sentido en la vida, lo que pasa es que nadie jamás me va a entender porque ya hace mucho debí haber enterrado esa etapa y lo peor es que lo hice. La enterré viva y me encargué de que su reputación se hundiera con ella. Entonces ya todos saben que para mí eso no significa nada.

¡Qué tonto he sido por ratos! No me había dado cuenta que con moderación no hay nada en esta vida que te afecte permanentemente.

Que rico poder decirlo ahora y saber que aún no es demasiado tarde...

domingo, 8 de febrero de 2009

Resaca

Vengo desde hace mucho sintiéndome pésimo por lo que deseo y no puedo.
¿Qué deseo? No son objetos, ni personas, ni nada material. Lo único que quiero es a mí mismo; yo sin nigún prejuicio ni limitante.
Ser yo en todo momento y en todo sentido, y que me vean y me acepten.
¿Dónde están los que quieren creer?
¿Dónde están los que no se dejan ir y solo son?
Quiero cosas tan simples y no están.
Ya no quiero ser raro. Odio el alcohol que me hace entrar en un estado de delirio incontrolable. Si supieran que es cierto que bebemos porque somos reprimidos, bebemos para sentirnos bien, porque nada vale la pena.
Me odio a mí mismo por haber comenzado en esto, y más odio a quienes me vieron y me dejaron.
Si hubiera algo tan grande como para poder amarlo sin frustrarse, probablemente no se llamaría Dios, porque Dios no quiere que seamos felices, quiere que superemos pruebas para ver si algún día avanzamos. Yo no pasé las pruebas, sigo perdiendo unas y otras. Y mi deseo más grande yace en una persona con la cual no puedo estar.
Odio, odio y más odio. Es lo que genera el amor que no se da.
Ya no quiero odiar, mientras más odio más me odio.
Quiero volver a la niñez y no preocuparme por tanta sinrazón.
Quiero jugar con mis buenos amigos, no con los que crecí, sino con los otros, con los que caminan en cuatro patas y te miran fijamente hasta que te duermes.
¿Estaré vivo mañana? ¿Dejé algo para siempre?
Quiero llevarmelo todo, hasta mi recuerdo. Porque a muchos no les hace bien, y a mí menos que a los demás. Y de repente se creen que sufro por amor no correspondido.
Mi loco amor me corresponde y me hace sentir bien, de hecho todos mis amores me corresponden. Pero ¿realmente existen?
¿Quién era yo hasta ayer?
¿Quién seré mañana?
¿Dónde está mi mente?
¿Drogas?
No, sólo alcohol, del más barato y más tóxico. Mátame sin compasión, porque no me gusta este juego en el que muero de a poco, no quiero seguir muriendo de a poco. Quiero vivir, y con vivir también amar, o morir de una vez.
¿Amor?
Sí, tengo mucho para todos y todas. Amor de todo tipo. ¿Cuál te gusta más? Pídemelo.
Y ya es otra hora y me sigo lamentando, ¿Qué pasa?
Estoy llegando a ese punto en que los genios no quieren seguir siéndolo, con la única diferencia de que yo no soy genio, y tampoco soy oso. No puedo hibernar.
¿Debo seguir en esto? ¿Puedo seguir creciendo?
Todo va hacia abajo, todo va hacia un hueco, y me sigo preguntando si vale realmente la pena, como si las evidencias no fueran lo bastante concretas.
Por favor, sigue mirándome. No me quites la mirada de encima. Si parpadeas verás tan sólo el espejo de nuevo y yo no vuelvo a existir.
Amigos míos, ustedes sí me entienden. Los cientos de miles que aplaudieron mi discurso no me verán del mismo modo, pero me escucharán igual.
¿Quién compra los restos? ¿Alguien los quiere?