miércoles, 4 de marzo de 2009

El día del cumpleaños

Esta mañana me despertaron los primeros rayos del sol. No pude enojarme porque tenía la idea de levantarme temprano de todos modos.

Este es un día especial, necesito poner empeño en mi búsqueda por ese regalo tan único y representativo de mi amor por ella. La verdad no sé si ella corresponde a mi amor, y quizás nunca lo llegue a saber.

Así son las cosas con ella, nos separan tantas cosas que sigo creyendo que mi amor es un ideal inalcanzable. Lo más seguro es que a ella talvez ni le importe en verdad lo que siento.

Pero hoy eso no importa porque quiero que se entere de mí. Quiero que por medio de este obsequio pueda sentir el mismo calor que me invade cuando pienso en ella.

Mientras voy caminando a su encuentro pienso en las posibilidades. Quiero regalarle el mundo. Quiero que lo tenga todo cuando quiera. Que los senderos difíciles se suavicen y enderezcan para ella. Que las plantas florezcan a su paso. Que a su alrededor siempre hayan sonrisas sinceras, y que los olores siempre sean de su agrado.

Cómo desearía poder regalarle eso... Pero es imposible.

Quiero regalarle algo de magia. Claro, si no puedo hacer que el mundo haga lo que yo quiero para ella, entonces ella podrá modificar lo que quiera por medio de magia.

Entonces si desea viajar, podrá escoger cualquier destino del mundo. El Taj Mahal, Machu Pichu, la Gran Muralla China, y ¿por qué no?, viajar en el tiempo, el espacio y la imaginación: Atlántida, El Cielo, El Infierno, El Olimpo, Macondo, La Mancha de don Quijote.

También podría obtener lo que quisiera, así podría acudir a la imperfección cuando ella quiera. Sí, la magia sería genial. Pero tampoco es posible.

Ya sé, le regalaré algo que tengo para mí y que podría serle de utilidad: mi vida.

Entonces podrá tenerme a disposición siempre. Todo lo que ella desee de mí se lo concederé.

Si quiere que ría, reiré. Si quiere que llore, lloraré. Haré sus tareas, sus comidas, sus mandados. Hasta podría ser que algún día desee que la ame, entonces la amaré...

No..., es imposible que eso pase. Igual mi vida no tiene mucho de bueno, quizás ni tengo la fuerza para aguantar todos sus mandatos.

Si tan sólo pudiera hacer que ella sienta algo como lo que yo siento... ¿Qué regalo es el que más conviene para que eso suceda?

Entonces sin darme cuenta llegué con las manos vacías a su lado. Al verme ella sonrió dulcemente y con una mirada que podría combinar todas las sensaciones existentes, dejó escapar las siguientes palabras:

- Gracias por venir. Me hace tan feliz que me hayas recordado...