Sábado 6 de marzo:
Después de terminar mis acostumbradas lecciones de los sábados, procedí a bañarme y alistarme (sí, a veces doy lecciones añejo). Tomé bus de 5:30 para San José listo para aventurarme en una de esas cosas estúpidas a las que llamo "aventura", y de las cuales he estado teniendo muchas últimamente.
Sí, en efecto me dirigía hacia el concierto de Metallica, aunque claramente iba a llegar un día antes, era una de esas locuras que siempre he tenido ganas de vivir, la experiencia de jugar al Woodstock, acampar cuidando un lugar, compartir con otros fanáticos, etc...
Llegué a San José y de ahí me puse en camino a Tibás. Como no conocía el lugar, y menos de noche, pues me pasé en mi parada y llegué como a un kilómetro del Estadio Ricardo Saprissa. Caminé y, después de preguntar a varias personas, llegué al lugar.
Había gran conmoción, gente vendiendo todo tipo de "souvenirs" y comida, gente haciendo campamentos y muchos consumiendo licor, policías y guardias de seguridad; en fin, toda una gama de personajes y colores. Pregunté por la fila y me pusieron en dirección al final de la cola.
Caminé como un kilómetro más hasta el final de la cola (es en serio) y me establecí. Me senté coloqué mi bolso y procedí a hacerme unos "sanguches", pronto habían unas pocas personas más después de mí y ya habían algunas conversaciones generándose.
Después de un rato estaba cansado y me recosté, sin darme cuenta dormí como una hora, así que decidí sacar la cobija y dormirme hasta el día siguiente. Esa acción fue un verdadero heroísmo fallido, porque después de un rato, atacó el más impiadoso frío que jamás haya sido sentido en mí. A pesar del sueño, las corrientes heladas me despertaban a cada instante.
Fue una noche peculiarmente terrible, a eso de las 5 a.m. decidí dejar de sufrir y me levanté a estirarme y fumar un poco. Al rato desayuné, ya un poco más despabilado.
Por ahí de las 6 llegaron tres compas de Palmares, a pesar de ya haber hecho algunos vínculos, fue bastante grato ver algunos rotros conocidos. Como era de esperar, venían buscando establecerce o "colarse" en la fila, que ya a esas horas se había superado como en 300 metros más. Yo con gusto los dejé establecerse conmigo.
Así comenzaron a pasar las horas, esta vez más tranquilamente. Yo esperaba a otro compa que además de ser fanático como yo, pues había cumplido años el viernes, así que esperaba con mi acción darle su obsequio y además desearle feliz cumpleaños el momento exacto en que comenzara a tocar Metallica (él creía de seguro que yo lo había olvidado). Había quedado de llegar como entre 7 y 7:30, pero pasó la hora y no apareció. El problema es que él no tenía celular para poder comunicarme y saber a qué hora iba a llegar.
Bueno. Al fin y al cabo nada de eso me afectaba terriblemente como para no ir a bañarme a donde mis exsuegros, pero al menos quería esperar a mi compa para que supiera dónde quedarse y a qué atenerse.
Pasaron las horas y a eso de las 12 me llamó mi compa que ya había llegado. Fue un terrible momento para llamar ya que me encontraba cagando en una casa donde alquilaban un inodoro super desaseado y el papel que me dieron no alcanzaba para limpiarme de la manera más correcta. En fin, terminé a como pude y salí a buscarlo. Al encontrarlo nos dirigimos al lugar y ya habían algunos otros "colados" en el puesto que yo estaba cuidando.
A esas horas ya me era imposible ir hasta donde mis exsuegros a bañarme y dejar lo que no me permitían ingresar al estadio, así que decidí no bañarme y dejar mis pertenencias en el carro de otro compa que venía más tarde.
El calor se incrementó en esas horas provocándome algunas quemaduras en el rostro. Al llegar mi otro compa, le envié mi bulto con todo lo que nesecitaba dejar en él. Antes de las dos, cuando anunciaron que iban a abrir las puertas del estadio, se armó un gran desorden con las filas. Se fueron engrosando cada vez más hasta que el orden fue incomprensible. Entonces empezó la fiera lucha por conservar la posición.
El desorden se hizo terrible, y la gente se apretujaba si ceder espacio, algunos de quienes estaban a mi lado se salieron y se colaron más adelante. Yo no quise ceder en mi posición porque quería defender mi derecho de posición en la fila que a tan duras penas había conseguido. Así fue que de a poco me quedé solo en mi lugar, ya todos los demás habían entrado al estadio y yo seguía entre empujones.
Más de veinte minutos después que mis "acompañantes", logré entrar al estadio. La gramilla estaba semi-vacía así que encontré un buen lugar para apreciar el escenario y escuchar bien la música. No encontré a nadie conocido a la vista, así que fui por una pizza personal porque moría de hambre, tomé lugar y esperé dormitando hasta el arranque del concierto.
Los primeros dos grupos no me interesaban, y además no sonaron del todo bien, apenas era legible lo que tocaban. Yo deseaba volver a sentarme porque el cansancio de todo el día me tenía agobiado, pero todo el mundo estaba de pie y no tenía lugar para eso. Para colmos, el "slam" se dio frente a mí, así que a cada rato tenía que soportar empujones (como si no hubieran sido suficientes durante el día) y majonasos de dedos.
Luego, después de una pequeña pero no menos estresante espera, a eso de las 7:57, se escuchó un estruendoso sonido de bombo al cual todos (creo que sin exepción) reaccionamos con euforia. Por supuesto que ese sonido no se comparaba siquiera a lo que anteriormente se había manifestado. Claro que no, era un sonido diferente, nítido y profundo, pero de una intensidad abrumadora.
Después de unos ligeros ajustes, se apagaron todas las luces, y en las pantallas apareció una imagen de Clint Eastwood accionando un cañón, lo cual dio inicio a The Ecstasy of Gold. El estadio casi se vino a abajo, y el sonido increíblemente envolvió todo el lugar. Derramé un par de lágrimas sin darme cuenta, creo que en ese instante repasé todos los años en que había desatado mi furia e impotencia (anteriormente muy mencionadas en otros posts) escuchando los discos y conciertos de Metallica.
Entonces terminó la imponente obra de Ennio Morricone y, acompañados de luces y pirotecnia, sonaron los primeros acordes de Creeping Death. El momento fue simplemente sublime, nada en ese mundo podía hacer valer ese instante en dinero. La gente explotó, la música tan nítida y potente como jamás había escuchado en mi vida hizo que gritara con euforia.
Para colmo, luego siguió For Whom the Bell Tolls. La gente coreaba sin cesar, y yo por mi parte intentaba mover mi cabeza, pero me di cuenta que un dolor agudo se asomaba con cada azote, entonces me di cuenta que todo el cansancio por el que había pasado tenía consecuencias tristemente negativas. Pero igual, no fui ahí a mover la "jupa", fui a ver y escuchar a Metallica y eso me reanimó.
Hubieron momentos fastidiosos por supuesto, no podía imaginar que los imbéciles que anteriormente habían hecho "slam" volvieran a su estúpido acto de violencia absurda. "¡Tienen a Metallica tocando en vivo en frente y se están revolviendo a empujones y patadas!" Pensaba yo. Pero igual, me hice a un lado tratando de ignorarlos y seguí en mi "ride" de disfrute.
Mis momentos favoritos fueron cuando sonaron las primeras notas de Wherever I May Roam, la introducción de Fade To Black (y todo lo demás también), por supuesto que One y Blackened con todo su fuego y pirotecnia, y la sorpresa de Stone Cold Crazy.
Las piezas del nuevo album no me gustaron y aproveché para descansar mis pies sentándome, pero para mi tranquilidad, noté que a muchos y muchas tampoco les hizo gran gracia.
Al fin terminó el concierto después de un glorioso "Seek & Destroy", y mi cuerpo ya no aguantaba tanto desgaste. A como pude me abrí paso entre la gente y salí del estadio. Por fin encontré a mis compas y nos abrimos paso para llegar al lugar donde estaba el auto. Eso fue caminar como un kilómetro, pero para mi suerte al llegar ahí tomé asiento y nos dirigimos triunfantes a Palmares.
Así se cumple otro sueño glorioso de los que jamás pensé realizar. Ahora estoy a la espera de Chatly García (otra vez).
lunes, 8 de marzo de 2010
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