lunes, 12 de abril de 2010

Relato Perverso #1 (Parte 2)

Así estuve varios días en prisión "preventiva". ¿Por qué querrían encerrarme? No entiendo para qué me obligaron a abandonar la comodidad de mi casa y adaptarme a ese lugar tan siniestro.

No me dejan ir a trabajar, y me siento responsable por mis alumnos. Ellos merecen tener continuidad en sus estudios, además, ¿Cómo le voy a hacer para reponer las clases que no he estado dando?

Nadie me daba mayores razones. Me preguntaron varias veces si yo había matado a esas persona y les había respondido que sí. Pero eso no les bastó, se estaba cometiendo una injusticia y ni siquiera sabía bien por qué, así que solicité un abogado por recomendación de uno de los custodios.

El abogado con su petulancia llegó a mi celda y después de presentarse comenzó a hablar de "estrategias" para sobrellevar el caso. ¿Caso? Yo le dije que tenía que hacer algo por mi persona, que yo estaba ahí injustificadamente y que tenía que encontrar la manera de sacarme.

Me dijo que todo estaba en mi contra, que lo mejor que podría hacer era alegar demencia y esperar que me redujeran la condena. ¿Condena? Esto cada vez se complicaba más. Entonces me hizo muchas preguntas y yo sabiéndome desconcertado respondía a todas sin reparo. De todos modos nada ahí era sensato, todo era una tras otra incongruencia.

Al final de la entrevista el tipo parecía más confundido que yo y salió despidiéndose un tanto asustado.

Yo esperé que se llevara a cabo el juicio. De todos modos podría responder de la manera debida al "proceso legal" mejor que cualquier otro. Sabía que después de escucharme no tendrían razones para mantenerme encerrado.

No hubieron ni amigos ni familiares que me visitaran, eso me ponía de mal humor, ya que todo el mundo debía estar notificado del asunto, pero no solamente me molestaba eso, sino que cada vez que hacía una llamada a mis padres, nadie contestaba.

Por fin llegó el día de la audiencia preliminar. No era un juicio formal, más bien era una especie de reunión entre los involucrados, tomando en consideración una fiscal del estado y un juez. El ambiente era algo tenso y no me quitaron las esposas en ningún momento. Dos guardas estuvieron resguardándome durante la sesión.

Mi abogado presentó su parte, alegando que definitivamente no me encontraba en buen estado de salud mental y que el homicidio se llevó a cabo en un momento de demencia temporal. Tuve que intervenir y contrariar a mi abogado. Yo había matado a ambos en pleno uso de mis facultades porque simplemente lo merecían.

La fiscal dio un salto y en tono amenazante dijo que el "acusado" estaba declarando su buen estado de salud mental al momento del suceso. Por supuesto no pude evitar ser sarcástico y decirle lo maravillosamente intuitiva que ella era.

El juez pidió orden y se reanudó la reunión. El juez pidió que diera mi declaración para corroborar la versión que anteriormente había dado, yo con gusto, y confiando en mi buen criterio empecé a declarar.

-Señor juez, con todo respeto niego de nuevo todo lo que el señor abogado ha dicho sobre mí. A decir verdad me resulta penoso que haya tanta algarabía con respecto a esta situación.

Esas personas contra las cuales yo disparé, no tenían ningún valor para la sociedad. Pude darme cuenta por la escasa demostración de valores que dieron al haber puesto su comodidad por sobre la de todos los demás y, además, la osadía en la que acometieron al querer saltarse las normas de respeto y convivencia establecidas por el sentido común de los ciudadanos.

Yo no actué bajo ningún estado de inhibición de mis sentidos o razonamientos. Conozco cómo funciona el cerebro humano, y he de decir que nunca me he dejado llevar por impulsos amigdálicos, y siempre he demostrado un absoluto control sobre mis actos.

La fiscal interrumpió y comenzó a deshacerse en insultos hacia mi persona. Me decía cosas como que yo era un monstruo y que si no había pensado en el dolor causado a otras personas por mis actos.

Por supuesto no iba a dejarme caer en esa trampa de querer sacarme de quicio. Con elocuencia respondí lo que ya de por sí era evidente, esas personas, de acuerdo a la actitud tomada el día de los hechos, no merecían compasión, y dudosamente tendrían seres queridos o alguien quien los extrañara.

La fiscal puso en frente mío una foto familiar que involucraba a aquella pareja de desgraciados. Me dijo que aquellas dos niñas y el niño, eran hijos de las personas a las cuales yo había fulminado.

De igual modo, respondí con serenidad, diciéndole todo lo bueno que habían ganado esas pobres criaturas al prescindir de unos padres como aquellos que les iban a inculcar tales desvalores, esperando desde el fondo que no fuese demasiado tarde. Les dije que aunque quedaran huérfanos y en la calle, alguien les enseñaría la importancia de cumplir con las implícitas normas de convivencia social, y así estarían en mejores manos de las que estaban.

Horrorizada, la mujer se levantó del asiento y me preguntó que si era en serio que no me arrepentía de los homicidos, y respondí que lo único que me perseguía era cuestionarme el hecho de haber tenido la posibilidad de matar a la pareja con sólo un tiro, en realidad esas "personas" no merecían el gasto de dos balas. Quizás si hubiera esperado un poco más, con una sola bala hubiera atravesado las sienes de ambos.

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