Perdóname si he dejado de creerte, pero es eso o seguir sufriendo y llorando sin que haya algo que me justifique. Sí, sé que el que sufre soy yo, por mis medios, por mis ataduras. Yo mismo decido sufir en tus ojos cada día.
¿Pero por qué no me abandonas? ¿Por qué insistes en darme la ilusión? ¿Acaso te gusta algo eso?
Lamento no estar a tu altura, tan simple me topas y me dices que me quieres, y luego te vas. ¿Cómo desearía poder hacer lo mismo? Pero un "te quiero" de esos se va a dormir conmigo. Y luego me atormenta al estar solo, y probablemente me haga escribirte luego un mensaje con alguna cursilería.
Ey, ahora que lo pienso mejor, creo que el problema ha de ser mío. En realidad no quiero morir a tu lado. No quiero verte día a día, ni quiero que me beses al salir.
Odiaría que me acompañes a mis conciertos, y de seguro no dormiría bien a tu lado.
Entonces ¿por qué me atormenta tanto tu amor?
Es sólo porque no es mío, es sólo porque soy egoísta y no quiero compartirlo. Porque ya lo entregué una vez y quiere volver de nuevo y de nuevo. En ese entonces fue difícil y lo sigue siendo.
Pero aquí es donde comienza la nueva historia. Esta historia es la que tiene que ver con dos seres viviendo en el pecado. Engañando a otros y justificando sus infidelidades. Apasionados, distraídos, encausados a absorver por completo cada suspiro uno del otro.
Pero aún así no sé cómo llamarle a eso. ¿Será amor?
domingo, 19 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
