Odio tener que dar tantas vueltas para volver siempre a lo mismo. Quizás no quiera corregirlo esta vez, pero haga lo que haga es inútil contradecirlo: Soy mi papá.
El odio se apodera de mí al pensar en esa pequeña y simple frase. ¿Cómo en la puta vida podría llegar a parecerme siquiera a esa persona que tanto me ha desilusionado?
No te equivoques, el odio no es directo a mi papá, no. A mi papá lo respeto y de algún extraño modo lo amo. Pero son las características de él, las que nos han distanciado, las que hacen que me llene de temor y por consiguiente, odio.
Pero por más que he querido ser alguien diferente, cometo sus mismas impertinencias, y como soy un depresivo de mierda, me entristezco a morir.
¿Qué puedo hacer? ¿Cómo luchar contra esos patrones aprendidos a través de años y años de observación pasiva desde la visión de quien asume la realidad y la imita?
¿Podrás entenderme cuando te digo que me odio al ver que reproduzco a la perfección las actitudes que más detesto de un ser amado?
No quiero ser el ejemplo que él fue para mí. Y para colmo de males soy lo mismo pero más sensible, lo que me hace un completo idiota y además vulnerable.
Es el perfil de un suicida en potencia. Intentando cambiar su realidad pero dándose cuenta cada día que es imposible, y que siempre ha sido un reflejo de las cosas que detesta de su entorno.
Así cada crítica hecha se va convirtiendo en un nuevo temor. Porque sigue esperando el día en que salgan a flote las peores cosas, las que más ha odiado.
Ahora odio también a ese suicida. Quisiera tenerlo al frente para ahorrarle la pena y matarlo con mis propias manos...
viernes, 1 de octubre de 2010
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