domingo, 14 de noviembre de 2010

Aquellos Robles Inmortales (a don Jorge)

Quisiera decir que he conocido gente de todo tipo en los 30 años que llevo de estar vivo. Pero probablemente la televisión, los libros, las canciones y el internet me han enseñado más de la gente que lo que he observado y experimentado.

Así entre todos los tipos de personas casi literarias con las que he topado. Pues resulta para mí siempre hacer sobresalir a los llamados "robles".

Les dicen robles porque son muy duros, crecen fuertes y duran mucho tiempo. Pero en mi ideario hay algo más que los caracteriza, son personas hermosas, y cuando digo esto, me refiero a que son seres especiales. No han vivido tanto tiempo tan sólo dejando el tiempo correr. Han creado y han sido responsables de sus creaciones.

No quiero dejar ideas al aire o estimular un sentimiento poético. A decir verdad, estos robles son personas que te hacen querer ser como ellos. Ves sus caras surcadas por inumerables arrugas y no puedes evitar asociarlas con historias de esas que ya conoces o con otras que podrías inventar.

Sabes poco de esas personas, o talvez mucho, pero no es eso lo que cuenta, sino el cómo te hacen sentir al aparecer en algún momento. De repente ves su figura y no puedes evitar crear una sonrisa. Porque estás completamente seguro o segura de que te va a responder con una igual.

Además te tratan con un humor casi místico, porque se toman libertades que no se tomarían tus familiares al tratarte, pero a su vez limitan su tono a un nivel como el que desearías que te demostrara un amigo.

Pero tampoco puedes considerar que sean amigos, no... Siempre están muy por encima de eso, y aún así no te verán por encima de sus hombros.

Bien podrían bromear contigo, pero lo que hacen es darte lecciones de vida. Luego los miras pasar y dices: "Ojalá y yo pudiera llegar a ser así cuando envejezca".

Pero da temor. Temes tanto no ser quien pueda llegar a llenar unos zapatos como esos, así como que algún día se vayan de este mundo terrenal. Pero igual alguno debe irse en algún momento, y generalmente nos toca verlos partir porque es justicia divina que seamos los corrientes quienes suframos por su partida.

Porque ellos ya han sufrido mucho, y además estamos seguros que algo más sufrirán por nosotros, y eso no tiene ninguna justificación ni aquí ni en ningún otro mundo.

Es cierto, lloro de pensar que nunca seré alguien así, que lo que he sentido por un roble nadie más lo sentirá por mí. Porque ellos son parte del antaño, del maravilloso tiempo que era cualquier tiempo pasado. Quizás son los últimos de su especie, y aún así, no creo que les importe.

Quienes quedan seguirán siendo tan hermosos como siempre, y quienes parten nos dejan claro que aunque nunca podamos llegar a ser como ellos, vale la pena esforzarce porque algún día alguien más sonría al ver nuestras figuras aparecer...


A Don Jorge Araya.
Lamento mucho nunca habételo dicho en persona, pero si en algún momento mi vida puede llegar a equipararse tan sólo un poquito con la tuya, habrá valido mucho la pena. Descanza en paz...

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