Quiero aprovechar esta entrada para anunciar algo que es tristemente célebre en mi vida: Hace más de un mes que no consumo más tratamiento psiquiátrico.
Sí, fue una decisión estúpida. dejarlo todo sin contemplación. Esas cosas no se hacen, hay que ir poco a poco. Pero una ráfaga de odio e inconformidad me golpeó en lo más profundo.
Estuve como estúpido varios días, pero todo se va normalizando (si alguien quiere que cuente mis experiencias, lo haré sin reparo, pero ese no es mi objetivo de hoy).
Lejos de haberme vuelto muy loco, he comenzado a asumir una actitud bastante absurda pero satisfactoria con respecto a mí mismo y mi comunicación con el mundo.
Ahora soy dios (no "Dios" con mayúscula), porque me doy cuenta cada vez más que este mundo está podrido y una persona como yo puede ser mayor mesías, que los que la gente adora.
El dios actual es una especie de genio de la lámpara. La gente sólo lo busca cuando ocupan ayuda de algún tipo, y esperan que sus deseos sean cumplidos.
Yo por mi parte creo en mí, creo que soy autosuficiente y que más bien el mismo dios me agradecerá haberle ahorrado tantas intervenciones.
Sí, soy un escritor frustrado, pero no así, un músico de categoría. La gente me busca. Es más, podría creer que hay quienes le piden a "dios" que yo toque con su banda.
¿¿Soberbia?? Sí, y mucha. ¿Por qué habría yo de igualarme a tanta mediocridad? Para mí no tiene sentido.
Aunque he de confesar que mis servicios son baratos, quisiera realmente ver a todos esos grupejos intentar encontrar alguien que toque lo que yo puedo.
La gente debe empezar a entender que no somos por influencia externa. Nos forjamos y crecemos bombardeados de mucha basura. Pero lo que me hace ser bajista, no tiene nada que ver con mi "humildad". Tiene que ver con esfuerzo. paciencia, determinación y sacrificio.
Jamás podría pedir (si creyera en un dios) que mis talentos crezcan y que mis habilidades sean reconocidas, cuando lo que soy es pura basura.
Entonces ahí sale mi dios propio. Soy yo quien me esforcé al máximo para obtener el lugar que tengo, ahí no hubo intervención divina.
Por mí. sigan frotando la lámpara, pero déjenme crecer y avanzar por mis propios medios.
Mi dios (que sigo siendo yo) aspira a que la vida sea disfrute y conocimiento. No teoría y lo que sea...
lunes, 17 de mayo de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
Relato Perverso #1 (Parte 3 - Final)
Después de haber pasado una noche más en prisión, los resultados de la audiencia no se dieron a esperar. Gracias a la ineficaz intervención de mi abogado, me declararon "loco", en términos clínicos: esquizofrénico, paranóico, con delirios de grandeza y poder, obsesivo, y varios etcéteras.
Ni siquiera me enviaron a una evaluación con el psiquiátrico, sino que, luego de varios días de papeleo, se dictó que debía ser internado.
He de confesar que al principio todo esto me puso de muy mal humor, y consideré pertinente la muerte de muchos de los personajes que intervinieron en mi actual situación. Pero al pasar de los días las cosas no estaban tan mal.
Tenía un cuarto propio en la sección de "enfermos peligrosos", y tenía poco contacto con otros seres humanos. Eso me daba mucho tiempo para meditar y especular sobre la vida, la muerte y otros inexorables destinos de los cuales nadie era precursor ni culpable.
Sólo aquél a quien llaman "dios" podría ser responsable de tanta estupidez, y pude hallar paz al concentrar mi odio en ese ser intangible. De todos modos los demás seguían diciendo "hágase tu voluntad", mientras yo adquiría ese poder de hacer la propia.
Me aplicaban medicamentos que me hacían sentir muy tonto, pero era un efecto parecido al de combinar alcohol con otras drogas, así que mientras pudiera disfrutarlo, para mí resultaba algo irónico que quisieran mantenerme feliz cuando, ya de por sí, había alcanzado la felicidad hace rato.
Los días pasaban y tenía que hablar mucho con una "doctora" que creía encausarme a encontrar soluciones a mis problemas. Ella por "doctora" que fuera nunca se dio cuenta de que me entretenía inventándole historias de abuso infantil y terribles frustraciones amorosas, como si algo de eso pudiera tocarme en lo profundo.
Guardaba cada una de sus palabras para carcajearme a solas antes de mi diaria meditación. La risa no sólamente me producía placer, sino que me mantenía ejercitado.
Luego de largas semanas por fin me sacaron de allí para dictar mi sentencia. La jueza a cargo dicataminó en sus "sabias conclusiones" que yo debía someterme a un largo tratamiento psiquiátrico y mantenerme recluído por varios años.
Cada vez que recuerdo eso, siento placer por todo el bien que había generado a mi alrededor. Había dado trabajo a un poco de ignorantes que se hacían llamar doctores, había liberado a esas pobres niñas y a ese niño de sus destinos deplorables, y (como consecuencia de mi "buen desarrollo en terapia"), me habían dado la libertad de salir cada tarde y colmarle de placer la vida a la ninfómana que permanecía sola cada día de cuatro y cuarenta a cinco y veinte.
En fin, la vida del psiquiátrico resultaba bien para mí. Me alimentaban, tenía dónde dormir y no debía desperdiciar mi tiempo de creativa meditación en ir a trabajar con gente estúpida.
Solamente una cosa me molestaba, y era que el piano del psiquiátrico tenía varias notas desafinadas. De ese modo mi oído se fue acostumbrando a intervalos sonoros difusos y al quitarle la vida al loco del papalote, las melodías en mi mente sonaron de muy mal gusto...
Ni siquiera me enviaron a una evaluación con el psiquiátrico, sino que, luego de varios días de papeleo, se dictó que debía ser internado.
He de confesar que al principio todo esto me puso de muy mal humor, y consideré pertinente la muerte de muchos de los personajes que intervinieron en mi actual situación. Pero al pasar de los días las cosas no estaban tan mal.
Tenía un cuarto propio en la sección de "enfermos peligrosos", y tenía poco contacto con otros seres humanos. Eso me daba mucho tiempo para meditar y especular sobre la vida, la muerte y otros inexorables destinos de los cuales nadie era precursor ni culpable.
Sólo aquél a quien llaman "dios" podría ser responsable de tanta estupidez, y pude hallar paz al concentrar mi odio en ese ser intangible. De todos modos los demás seguían diciendo "hágase tu voluntad", mientras yo adquiría ese poder de hacer la propia.
Me aplicaban medicamentos que me hacían sentir muy tonto, pero era un efecto parecido al de combinar alcohol con otras drogas, así que mientras pudiera disfrutarlo, para mí resultaba algo irónico que quisieran mantenerme feliz cuando, ya de por sí, había alcanzado la felicidad hace rato.
Los días pasaban y tenía que hablar mucho con una "doctora" que creía encausarme a encontrar soluciones a mis problemas. Ella por "doctora" que fuera nunca se dio cuenta de que me entretenía inventándole historias de abuso infantil y terribles frustraciones amorosas, como si algo de eso pudiera tocarme en lo profundo.
Guardaba cada una de sus palabras para carcajearme a solas antes de mi diaria meditación. La risa no sólamente me producía placer, sino que me mantenía ejercitado.
Luego de largas semanas por fin me sacaron de allí para dictar mi sentencia. La jueza a cargo dicataminó en sus "sabias conclusiones" que yo debía someterme a un largo tratamiento psiquiátrico y mantenerme recluído por varios años.
Cada vez que recuerdo eso, siento placer por todo el bien que había generado a mi alrededor. Había dado trabajo a un poco de ignorantes que se hacían llamar doctores, había liberado a esas pobres niñas y a ese niño de sus destinos deplorables, y (como consecuencia de mi "buen desarrollo en terapia"), me habían dado la libertad de salir cada tarde y colmarle de placer la vida a la ninfómana que permanecía sola cada día de cuatro y cuarenta a cinco y veinte.
En fin, la vida del psiquiátrico resultaba bien para mí. Me alimentaban, tenía dónde dormir y no debía desperdiciar mi tiempo de creativa meditación en ir a trabajar con gente estúpida.
Solamente una cosa me molestaba, y era que el piano del psiquiátrico tenía varias notas desafinadas. De ese modo mi oído se fue acostumbrando a intervalos sonoros difusos y al quitarle la vida al loco del papalote, las melodías en mi mente sonaron de muy mal gusto...
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