No creo que sea necesario decir que ha sido un pésimo año para mí. Y en realidad me parece que ha sido un pésimo año para todos los piscis.
Pero bueno, admito que quizás he dramatizado un poco todo el asunto, lo que no implica para nada que de veras los factores externos hayan sido determinantes en tanta zozobra.
De verdad que han habido cosas realmente buenas, pero al convertirse en alegrías de un día, se han volteado hacia lo triste y depresivo. Y bueno, creo que tengo cosas muy buenas por contar, pero de igual modo las malas experiencias acaban por opacar las buenas.
No voy a hablar mucho al respecto, sólo debo ser congruente conmigo mismo y decir que aún no estoy dispuesto a perder la ingenuidad.
Aún confío en la gente, aún quiero creer que la gente no ha perdido la capacidad de amar. Aún deseo con todas mis fuerzas encontrar más personas con ideales reales, lejanos a todo lo que se supone que debemos ser pero no segados por sus egos.
Me dirán inocente y declaro que es cierto, pero quiero volver a creer... Eso es todo, la verdad sé que este mes que empieza será determinante por el resto del año. Así que ni modo, a seguir poniéndole que al menos mi persona es hoy mucho mejor que el día de ayer...
sábado, 31 de diciembre de 2011
viernes, 16 de diciembre de 2011
Sobrio y meditativo
De repente parece tan sencillo sobrellevar la vida en la inconsciencia de la ebriedad o el atontamiento de la drogadicción.
Parece que así, y sólo así, la gente puede ver la belleza de la vida. Pero no es belleza lo que ven sino es ignorar el mal, dejarlo pasar, no entenderlo.
He intentado ser positivo pero no encuentro ese punto en el cual pueda dejar de sentirme atacado por todo lo malo de ésta sociedad.
A veces sólo quisiera preguntar: "¿Sos estúpida o tuviste un accidente muy severo?"
La cosa es que parece que en su idiotez, todo el mundo es feliz excepto yo.
Parece que así, y sólo así, la gente puede ver la belleza de la vida. Pero no es belleza lo que ven sino es ignorar el mal, dejarlo pasar, no entenderlo.
He intentado ser positivo pero no encuentro ese punto en el cual pueda dejar de sentirme atacado por todo lo malo de ésta sociedad.
A veces sólo quisiera preguntar: "¿Sos estúpida o tuviste un accidente muy severo?"
La cosa es que parece que en su idiotez, todo el mundo es feliz excepto yo.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Borracho y despechado
Mi corazón está lleno de odio. Odio porque no es amor. He sido toda la puta vida un gran perdedor, porque soy el mejor en lo que hago pero soy el peor en el amor.
Estoy cansado de ser el mae que trata con completa entrega a las personas y terminar en ser el confidente de las personas que de manera egoísta se cogen al mundo mientras yo tan sólo lo veo todo desde el balcón.
No tengo ni idea de cómo expresar lo que siento. ¿Por qué putas las personas que siempre queremos el bien somos los que menos bien recibimos?
Necesito desahogarme pero nadie me podría entender. Estoy llorando pero nadie me va a entender. Porque soy un estúpido de mierda. Al final he perdido todo sólo por ser depresivo y querer que los demás sean felices y reciban la vida con algunos, tan sólo algunos principios de moral y rectitud.
Me cago en todo, estoy tan hecho mierda que ya no sé qué decir. Ojalá nunca conociera gente especial. Ojalá algo pasara y tuviera que aislarme completamente de los demás. Porque cada persona que conozco me trae dolor, y obviamente ya no quiero más dolor.
Quién me tenderá una mano cuando quiera morir de nuevo. Ya no sé qué quiero decir.
Me siento tan mierda que ya nada me puede consolar. Creí y seguí creyendo, y lo peor es que aún sigo creyendo que la vida puede darnos colores vivos. Pero la verdad es que todo es una porquería. Ya no vale la pena luchar si todo sigue de esta manera.
Necesito cambiar, necesito un poco de amor, del que yo quiero, del que yo puedo dar.
Estoy tan triste ahora que ya mañana me volverá la goma moral por haber pensado en es ésto. Pero ¿qué más puedo pensar si veo que nada funciona como debería?
La justicia aplica para los malhechores y no para los correctos.
La pura y putísima verdad es que te extraño. No a ti, a todas ustedes que creí que eran ideales, y me lastima tanto saber que lo he echado todo a perder. Porque siempre fui yo y nadie más. Siempre fui yo, así de simple.
Ahora les pido perdón, porque aguantarme no es cosa de valientes, es cosa de locos.
Mañana veré todo esto con más optimismo pero seguiré colgando de un hilo, porque mi vida así ha sido concebida y, en materia de vivir, creo que no he aprendido nada...
Estoy cansado de ser el mae que trata con completa entrega a las personas y terminar en ser el confidente de las personas que de manera egoísta se cogen al mundo mientras yo tan sólo lo veo todo desde el balcón.
No tengo ni idea de cómo expresar lo que siento. ¿Por qué putas las personas que siempre queremos el bien somos los que menos bien recibimos?
Necesito desahogarme pero nadie me podría entender. Estoy llorando pero nadie me va a entender. Porque soy un estúpido de mierda. Al final he perdido todo sólo por ser depresivo y querer que los demás sean felices y reciban la vida con algunos, tan sólo algunos principios de moral y rectitud.
Me cago en todo, estoy tan hecho mierda que ya no sé qué decir. Ojalá nunca conociera gente especial. Ojalá algo pasara y tuviera que aislarme completamente de los demás. Porque cada persona que conozco me trae dolor, y obviamente ya no quiero más dolor.
Quién me tenderá una mano cuando quiera morir de nuevo. Ya no sé qué quiero decir.
Me siento tan mierda que ya nada me puede consolar. Creí y seguí creyendo, y lo peor es que aún sigo creyendo que la vida puede darnos colores vivos. Pero la verdad es que todo es una porquería. Ya no vale la pena luchar si todo sigue de esta manera.
Necesito cambiar, necesito un poco de amor, del que yo quiero, del que yo puedo dar.
Estoy tan triste ahora que ya mañana me volverá la goma moral por haber pensado en es ésto. Pero ¿qué más puedo pensar si veo que nada funciona como debería?
La justicia aplica para los malhechores y no para los correctos.
La pura y putísima verdad es que te extraño. No a ti, a todas ustedes que creí que eran ideales, y me lastima tanto saber que lo he echado todo a perder. Porque siempre fui yo y nadie más. Siempre fui yo, así de simple.
Ahora les pido perdón, porque aguantarme no es cosa de valientes, es cosa de locos.
Mañana veré todo esto con más optimismo pero seguiré colgando de un hilo, porque mi vida así ha sido concebida y, en materia de vivir, creo que no he aprendido nada...
martes, 8 de noviembre de 2011
Volviendo al hoyo
Estos últimos meses he tenido algunas experiencias por demás agotadoras y, sí, relacionadas con la música.
El problema con la música es que siempre es una pasión más que un oficio, y no hay manera de que un músico que se jacte de serlo pueda sentirse afectado cuando una de las cosas (el oficio) desvirtúa a la otra (la pasión).
Pero bueno, esos son temas que he conversado hartamente, y para nadie es un secreto que mi gran ilusión es poder vivir de eso. La gran disyuntiva es ¿cómo?
Creo que hay definitivamente dos maneras, una es ser el mejor en tu área y la otra es ser "carebarro". Con la primera hay un montón de problemas, empezando porque no soy el mejor y terminando porque no voy a lograrlo ya con esta edad. Y con la segunda está lo otro: convertir la pasión en oficio.
Sí, las cosas son horribles en ese sentido, pero más horrible aún es el hecho de que todo esto me está haciendo caer de nuevo en depresión. De hecho, estoy aquí sentado de madrugada escribiendo esto porque muchos pensamientos no me dejaron seguir durmiendo.
No sé qué vino primero, si la depresión o los vicios. Así es! Los vicios.
He tenido de nuevo una recaída con el tabaco y el alcohol, ambos siempre juntitos en complicidad. Lo único diferente es que, así a como son buena yunta, los tengo sentenciados a estar juntos. No fumo si no bebo, eso es lo que he querido que suceda.
Pero no puedo engañarme ni engañar a alguien más ¿por cuánto tiempo será esto? ¿cuánto tardaré en volverme de nuevo fumador a tiempo completo?
Lo único seguro es que eso me calma un poco la ansiedad, y no quiero volver al psiquiatra, no quiero más pastillas para sentirme bien. Casi que en retrospectiva prefiero volver a ser un fumador dependiente, pero eso no es tan malo si vemos que en la mayoría de mis colegas "músicos de profesión", el menor de los males es que son unos marihuanos a tiempo completo para evitar el contacto con la realidad y relajarse un poco.
No sé. A veces pienso que mi estado natural es estar deprimido. De hecho he llegado a pensar que cualquier persona que piense un poco en la realidad de su entorno es una persona depresiva en potencia.
Siento que pierdo el tiempo y de nuevo mi vida carece de sentido. Le temo más a la incertidumbre que a la muerte. Pero bueno, ése soy yo. No prometo estar mejor para la próxima, pero definitivamente necesito nuevos bríos en mi vida porque ya lo conocido no está funcionando y, si fuera necesario, tendré que romper con ciertas cosas cuyos beneficios no puedo calcular ya que sólo son medidos en valor de su satisfacción personal, pero no tienen valor como oficio lucrativo...
El problema con la música es que siempre es una pasión más que un oficio, y no hay manera de que un músico que se jacte de serlo pueda sentirse afectado cuando una de las cosas (el oficio) desvirtúa a la otra (la pasión).
Pero bueno, esos son temas que he conversado hartamente, y para nadie es un secreto que mi gran ilusión es poder vivir de eso. La gran disyuntiva es ¿cómo?
Creo que hay definitivamente dos maneras, una es ser el mejor en tu área y la otra es ser "carebarro". Con la primera hay un montón de problemas, empezando porque no soy el mejor y terminando porque no voy a lograrlo ya con esta edad. Y con la segunda está lo otro: convertir la pasión en oficio.
Sí, las cosas son horribles en ese sentido, pero más horrible aún es el hecho de que todo esto me está haciendo caer de nuevo en depresión. De hecho, estoy aquí sentado de madrugada escribiendo esto porque muchos pensamientos no me dejaron seguir durmiendo.
No sé qué vino primero, si la depresión o los vicios. Así es! Los vicios.
He tenido de nuevo una recaída con el tabaco y el alcohol, ambos siempre juntitos en complicidad. Lo único diferente es que, así a como son buena yunta, los tengo sentenciados a estar juntos. No fumo si no bebo, eso es lo que he querido que suceda.
Pero no puedo engañarme ni engañar a alguien más ¿por cuánto tiempo será esto? ¿cuánto tardaré en volverme de nuevo fumador a tiempo completo?
Lo único seguro es que eso me calma un poco la ansiedad, y no quiero volver al psiquiatra, no quiero más pastillas para sentirme bien. Casi que en retrospectiva prefiero volver a ser un fumador dependiente, pero eso no es tan malo si vemos que en la mayoría de mis colegas "músicos de profesión", el menor de los males es que son unos marihuanos a tiempo completo para evitar el contacto con la realidad y relajarse un poco.
No sé. A veces pienso que mi estado natural es estar deprimido. De hecho he llegado a pensar que cualquier persona que piense un poco en la realidad de su entorno es una persona depresiva en potencia.
Siento que pierdo el tiempo y de nuevo mi vida carece de sentido. Le temo más a la incertidumbre que a la muerte. Pero bueno, ése soy yo. No prometo estar mejor para la próxima, pero definitivamente necesito nuevos bríos en mi vida porque ya lo conocido no está funcionando y, si fuera necesario, tendré que romper con ciertas cosas cuyos beneficios no puedo calcular ya que sólo son medidos en valor de su satisfacción personal, pero no tienen valor como oficio lucrativo...
miércoles, 5 de octubre de 2011
No cometas el crimen si no vas a cumplir la condena
Hace días que vengo leyendo y escuchando opiniones sobre los efectos de las nuevas cámaras instaladas para "pillar" a quienes viajan irrespetando los límites de velocidad en carretera, y por supuesto la polémica generada con respecto a las multas.
Yo estoy de acuerdo con quienes argumentan que esos límites no se adaptan a los tiempos modernos, o sea, las carreteras son mejores, los automóviles más seguros y los límites de velocidad siguen siendo los mismos. Basta viajar a cualquier otro país con carreteras regularmente decentes para notar la gran diferencia que hay con respecto a ello.
Además reconozco que las multas son bastante elevadas y que no se ajustan a los ingresos económicos del promedio de la población.
Pero seamos francos: ¿De qué se queja tanto la gente?
O sea, venimos cometiendo infracciones a la ley desde hace muchísimo tiempo, y ¿sólo porque no nos habían pillado estaba bien?
Debo decir que aunque consideremos que los límites de velocidad son muy reducidos, éso no nos da derecho a pasarles por encima. Digamos que en mi escala de valores esté dentro de lo correcto agredir a la gente, pero como me pueden penalizar entonces aprovecho cada vez que no hay testigos para agredir a mi esposa y mis hijos, ¿éso no me hace un delincuente?
Independientemente de lo que creamos correcto o incorrecto con respecto a las leyes, pues hay que respetarlas para con caer en la anarquía. O ¿acaso ustedes son del tipo de personas que les enseñan a sus hijos e hijas que está bien romper la ley mientras nadie se dé cuenta?
Además el precio de la multa no tiene por qué ser apelable tampoco ya que independientemente de que fueran 10.000 colones o pena de muerte, nada nos da derecho de pasar por encima de la ley.
He sido testigo toda mi vida de los juegos de luces que se presentan en las curvas antes del lugar donde se ubican los oficiales de tránsito en las carreteras, y eso, que durante tantos años ha calado en mi mente, me hace creer que está bien viajar por encima de la velocidad permitida, que está bien viajar sin el cinturón de seguridad, que está bien viajar mientras bebes, comes o hablas por el celular, que está bien incluso viajar en cierto estado de ebriedad, porque siempre hay maneras de pasar por encima de eso y además encontraremos complicidad en las y los demás conductores. Y si eso se da a ése nivel, ¿por qué no robar de vez en cuando si nadie se va a enterar?, ¿por qué no matar a quienes consideramos innecesarios o innecesarias si de por sí nadie podría encontrarlas al final del acantilado?
Claro, y de repente hacen una encuesta por un reconocido telenoticiario preguntando si la gente está de acuerdo con las cámaras en carretera, y para mi sorpresa hay una gran cantidad de gente que dice que no. ¿Quienes son? ¿Los delincuentes? Porque si bien es cierto las dichosas camaritas pueden cometer errores, eso se puede apelar y punto no debe haber mayor alboroto al respecto.
Y si no es así, ¿por qué no retirar las cámaras de seguridad en los bancos, los cajeros automáticos, los establecimientos comerciales, los pasillos de hotel, etc.? Es más, retiremos los oficiales de seguridad privada. No es justo que nos "pillen" haciendo lo indebido porque para eso existe nuestra privacidad, para pasar por encima de la ley.
Señores y señoras, esta es mi opinión. No sé quién habrá dicho originalmente esta frase pero yo se la escuché por primera vez a Andrés Calamaro: "No cometas el crimen (varón) si no vas a cumplir la condena". Seamos más prudentes y si queremos mostrar nuestra oposición a lo que rige, hagámoslo manifestándonos como debe ser (ser pasivo nunca es bueno), pero no juguemos de intrépidos pasando por encima de los límites cada vez que no nos estén viendo, cambiemos las cosas si no estamos de acuerdo, y hasta ése momento sintámonos en derecho de apretar con más fuerza el acelerador...
Yo estoy de acuerdo con quienes argumentan que esos límites no se adaptan a los tiempos modernos, o sea, las carreteras son mejores, los automóviles más seguros y los límites de velocidad siguen siendo los mismos. Basta viajar a cualquier otro país con carreteras regularmente decentes para notar la gran diferencia que hay con respecto a ello.
Además reconozco que las multas son bastante elevadas y que no se ajustan a los ingresos económicos del promedio de la población.
Pero seamos francos: ¿De qué se queja tanto la gente?
O sea, venimos cometiendo infracciones a la ley desde hace muchísimo tiempo, y ¿sólo porque no nos habían pillado estaba bien?
Debo decir que aunque consideremos que los límites de velocidad son muy reducidos, éso no nos da derecho a pasarles por encima. Digamos que en mi escala de valores esté dentro de lo correcto agredir a la gente, pero como me pueden penalizar entonces aprovecho cada vez que no hay testigos para agredir a mi esposa y mis hijos, ¿éso no me hace un delincuente?
Independientemente de lo que creamos correcto o incorrecto con respecto a las leyes, pues hay que respetarlas para con caer en la anarquía. O ¿acaso ustedes son del tipo de personas que les enseñan a sus hijos e hijas que está bien romper la ley mientras nadie se dé cuenta?
Además el precio de la multa no tiene por qué ser apelable tampoco ya que independientemente de que fueran 10.000 colones o pena de muerte, nada nos da derecho de pasar por encima de la ley.
He sido testigo toda mi vida de los juegos de luces que se presentan en las curvas antes del lugar donde se ubican los oficiales de tránsito en las carreteras, y eso, que durante tantos años ha calado en mi mente, me hace creer que está bien viajar por encima de la velocidad permitida, que está bien viajar sin el cinturón de seguridad, que está bien viajar mientras bebes, comes o hablas por el celular, que está bien incluso viajar en cierto estado de ebriedad, porque siempre hay maneras de pasar por encima de eso y además encontraremos complicidad en las y los demás conductores. Y si eso se da a ése nivel, ¿por qué no robar de vez en cuando si nadie se va a enterar?, ¿por qué no matar a quienes consideramos innecesarios o innecesarias si de por sí nadie podría encontrarlas al final del acantilado?
Claro, y de repente hacen una encuesta por un reconocido telenoticiario preguntando si la gente está de acuerdo con las cámaras en carretera, y para mi sorpresa hay una gran cantidad de gente que dice que no. ¿Quienes son? ¿Los delincuentes? Porque si bien es cierto las dichosas camaritas pueden cometer errores, eso se puede apelar y punto no debe haber mayor alboroto al respecto.
Y si no es así, ¿por qué no retirar las cámaras de seguridad en los bancos, los cajeros automáticos, los establecimientos comerciales, los pasillos de hotel, etc.? Es más, retiremos los oficiales de seguridad privada. No es justo que nos "pillen" haciendo lo indebido porque para eso existe nuestra privacidad, para pasar por encima de la ley.
Señores y señoras, esta es mi opinión. No sé quién habrá dicho originalmente esta frase pero yo se la escuché por primera vez a Andrés Calamaro: "No cometas el crimen (varón) si no vas a cumplir la condena". Seamos más prudentes y si queremos mostrar nuestra oposición a lo que rige, hagámoslo manifestándonos como debe ser (ser pasivo nunca es bueno), pero no juguemos de intrépidos pasando por encima de los límites cada vez que no nos estén viendo, cambiemos las cosas si no estamos de acuerdo, y hasta ése momento sintámonos en derecho de apretar con más fuerza el acelerador...
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Amor genérico
Debo confesar que estuve enamorado... ¿A quién quiero engañar? Estoy enamorado... Pero es que mi amor es así... Es tan genérico y tan simple como el amor de todo el mundo, el amor de toda esa gente que no es tan especial ni tan única como yo.
Y es que me esmero en amar lo imposible, porque entre más difícil es, mi corazón más lo desea y así se va yendo la vida por el desagüe. Desaprovechando cada nueva oportunidad de besar con pasión y empaparme de lujuria, esperando que vuelva quien quizás no volverá. Esperando que alguien se apiade de mi tristeza como si fuera posible que lo supiera, como si le pudiera llegar a interesar quien siempre está a su disposición.
Porque su amor es igual al mío, igual de corriente y simplón. Porque ella también desea ése imposible, ése que no la aprecia ni le dedica un sólo pensamiento al día. Así de corrientes son nuestros amores. No tienen nada de especial. No son merecedores de nada.
Y así nos vamos diluyendo, en un mundo en el que siempre terminamos haciendo lo menos sensato, y me doy cuenta que no soy diferente a las y los demás; y la palabra "resignación" suena cada vez más fuerte en mi cabeza, mientras deliciosos aromas son traídos por los vientos de otras latitudes y los ignoro sin sacar mi nariz de esa prenda que alguna vez rozó sus senos.
Me resigno mientras vuelvo al alcohol y al tabaco, pero nunca dejo de esperar tu nombre en algún mensaje...
Y es que me esmero en amar lo imposible, porque entre más difícil es, mi corazón más lo desea y así se va yendo la vida por el desagüe. Desaprovechando cada nueva oportunidad de besar con pasión y empaparme de lujuria, esperando que vuelva quien quizás no volverá. Esperando que alguien se apiade de mi tristeza como si fuera posible que lo supiera, como si le pudiera llegar a interesar quien siempre está a su disposición.
Porque su amor es igual al mío, igual de corriente y simplón. Porque ella también desea ése imposible, ése que no la aprecia ni le dedica un sólo pensamiento al día. Así de corrientes son nuestros amores. No tienen nada de especial. No son merecedores de nada.
Y así nos vamos diluyendo, en un mundo en el que siempre terminamos haciendo lo menos sensato, y me doy cuenta que no soy diferente a las y los demás; y la palabra "resignación" suena cada vez más fuerte en mi cabeza, mientras deliciosos aromas son traídos por los vientos de otras latitudes y los ignoro sin sacar mi nariz de esa prenda que alguna vez rozó sus senos.
Me resigno mientras vuelvo al alcohol y al tabaco, pero nunca dejo de esperar tu nombre en algún mensaje...
miércoles, 14 de septiembre de 2011
El Yo Antipatriótico
Hoy, en vísperas de la celebración del día de la independencia, he decidido publicar algo alusivo.
La gente habla mucho de la independencia, no del individuo como otras veces lo he mencionado, sino utilizando el término asignado para el pueblo que por medios bélicos o diplomáticos, se separa de otro y obtiene límites territoriales definidos que le otorgan el derecho de establecer un gobierno propio, etc. Y de veras que algo se apodera de mí y no necesariamente es un sentimiento de pertinencia con respecto a los valores patrios. De hecho, para ser más específico, lo que realmente siento tiene que ver con nostalgia y repulsión.
La nostalgia siempre está ligada a recuerdos de tiempos más felices, llenos de esperanza y verdadero orgullo nacional. Recuerdo a la gente en el barrio, decorando sus casas con los colores patrios, colgando guirnaldas y faroles. Había un aire de felicidad en el ambiente, y yo, por supuesto, absorto en las marchas para el desfile o siempre maquinando el diseño del mejor farol para lucirlo ante mis amigos.
Recuerdo a mi madre, siempre tan afanosa, inventando todo tipo de decoraciones y ayudándonos con la construcción de los faroles, y recuerdo incluso la ilusión de comprar los materiales para la confección de los mismos: el aroma del papel, la goma y la cartulina, etc.
Efectivamente no habría nostalgia si algo de eso se diera aún.
Entonces viene la repulsión. Y no tiene que ver con cuestiones asociadas a "falsas independencias" y "dominios imperialistas", sino más bien tiene que ver con un auténtico sentimiento antipatriótico.
Hablar de patria es hablar de algo que nos une como pueblo. Y, sobre todo en una nación democrática, la patria somos todos. De ahí mi aversión.
Soy antipatriótico porque no puedo tolerar a un pueblo que, teniendo la posibilidad de elegir a sus gobernantes, siempre votan por la misma gente y luego se quejan sin asumir que toda la responsabilidad es nuestra. Además de que tampoco defienden sus ideas ni se mantienen informados de lo que sucede.
Soy antipatriótico porque no me he dejado convencer de que lo más importante en mi vida es el bienestar económico. Que el 15 de setiembre es (gracias a dios) un día más libre en mi agenda. Un día más libre que sirve para recuperarme un poco del cansancio acumulado durante la semana, porque mi trabajo me consume pero es lo que debo de hacer para tener una vida decentemente consumista como la generalidad manda.
Soy antipatriótico porque no he estado esperando la víspera del día de la independencia para ir a emborracharme en uno de esos eventos que hacen los bares para aprovechar el feriado obligatorio. Borrachera que de paso se ha vuelto una rutina necesaria los demás días feriados y no dejando de lado los fines de semana, para poder soportar la realidad poco esperanzada y conformista en que vivimos.
Soy antipatriótico porque no veo fútbol los domingos y por ende no visto los colores patrios cada vez que juega la sele. Sufriendo de una gastritis constante porque, a pesar de que sabemos que nuestros jugadores son tan mediocres en el campo como nosotros en el nuestro, es la única esperanza que mantenemos de que alguien ajeno nos genere un poco de alegría.
Soy antipatriótico porque trato mi trabajo con honor y respeto. Hago lo mejor que puedo cada día con la ilusión de que otras personas, de cuyos oficios también dependo, se esfuercen de igual manera y juntos podamos construir un país en el que den más ganas de quedarse.
Soy antipatriótico porque cobro lo justo por lo que hago y pago lo justo por lo que recibo, no engaño a la gente con trabajos mal hechos ni pretendo que mis subordinados hagan un trabajo más esforzado que el mío.
En fin soy antipatriótico porque creo en un pueblo unido por la buena voluntad. No creo en caminos fáciles sino en caminos satisfactorios. Y además creo en la esperanza de una vida justa, para que así en algún momento la patria vuelva a ser de los hombres y mujeres que trabajan apasionadas e incorruptibles; y así, quizás algún día, vuelva a ver a mi madre confeccionando guirnaldas con alegría y no sean tan solo nostalgias...
La gente habla mucho de la independencia, no del individuo como otras veces lo he mencionado, sino utilizando el término asignado para el pueblo que por medios bélicos o diplomáticos, se separa de otro y obtiene límites territoriales definidos que le otorgan el derecho de establecer un gobierno propio, etc. Y de veras que algo se apodera de mí y no necesariamente es un sentimiento de pertinencia con respecto a los valores patrios. De hecho, para ser más específico, lo que realmente siento tiene que ver con nostalgia y repulsión.
La nostalgia siempre está ligada a recuerdos de tiempos más felices, llenos de esperanza y verdadero orgullo nacional. Recuerdo a la gente en el barrio, decorando sus casas con los colores patrios, colgando guirnaldas y faroles. Había un aire de felicidad en el ambiente, y yo, por supuesto, absorto en las marchas para el desfile o siempre maquinando el diseño del mejor farol para lucirlo ante mis amigos.
Recuerdo a mi madre, siempre tan afanosa, inventando todo tipo de decoraciones y ayudándonos con la construcción de los faroles, y recuerdo incluso la ilusión de comprar los materiales para la confección de los mismos: el aroma del papel, la goma y la cartulina, etc.
Efectivamente no habría nostalgia si algo de eso se diera aún.
Entonces viene la repulsión. Y no tiene que ver con cuestiones asociadas a "falsas independencias" y "dominios imperialistas", sino más bien tiene que ver con un auténtico sentimiento antipatriótico.
Hablar de patria es hablar de algo que nos une como pueblo. Y, sobre todo en una nación democrática, la patria somos todos. De ahí mi aversión.
Soy antipatriótico porque no puedo tolerar a un pueblo que, teniendo la posibilidad de elegir a sus gobernantes, siempre votan por la misma gente y luego se quejan sin asumir que toda la responsabilidad es nuestra. Además de que tampoco defienden sus ideas ni se mantienen informados de lo que sucede.
Soy antipatriótico porque no me he dejado convencer de que lo más importante en mi vida es el bienestar económico. Que el 15 de setiembre es (gracias a dios) un día más libre en mi agenda. Un día más libre que sirve para recuperarme un poco del cansancio acumulado durante la semana, porque mi trabajo me consume pero es lo que debo de hacer para tener una vida decentemente consumista como la generalidad manda.
Soy antipatriótico porque no he estado esperando la víspera del día de la independencia para ir a emborracharme en uno de esos eventos que hacen los bares para aprovechar el feriado obligatorio. Borrachera que de paso se ha vuelto una rutina necesaria los demás días feriados y no dejando de lado los fines de semana, para poder soportar la realidad poco esperanzada y conformista en que vivimos.
Soy antipatriótico porque no veo fútbol los domingos y por ende no visto los colores patrios cada vez que juega la sele. Sufriendo de una gastritis constante porque, a pesar de que sabemos que nuestros jugadores son tan mediocres en el campo como nosotros en el nuestro, es la única esperanza que mantenemos de que alguien ajeno nos genere un poco de alegría.
Soy antipatriótico porque trato mi trabajo con honor y respeto. Hago lo mejor que puedo cada día con la ilusión de que otras personas, de cuyos oficios también dependo, se esfuercen de igual manera y juntos podamos construir un país en el que den más ganas de quedarse.
Soy antipatriótico porque cobro lo justo por lo que hago y pago lo justo por lo que recibo, no engaño a la gente con trabajos mal hechos ni pretendo que mis subordinados hagan un trabajo más esforzado que el mío.
En fin soy antipatriótico porque creo en un pueblo unido por la buena voluntad. No creo en caminos fáciles sino en caminos satisfactorios. Y además creo en la esperanza de una vida justa, para que así en algún momento la patria vuelva a ser de los hombres y mujeres que trabajan apasionadas e incorruptibles; y así, quizás algún día, vuelva a ver a mi madre confeccionando guirnaldas con alegría y no sean tan solo nostalgias...
domingo, 11 de septiembre de 2011
Al Maestro Fidel Gamboa
El domingo 28 de agosto del presente año recibimos con mucho dolor la noticia de que el reconocido músico Fidel Gamboa, falleció luego de un inclemente infarto múltiple.
Las reacciones no se hicieron esperar. Circularon los mensajes por internet mediante las redes sociales y muchísima gente (asociada o no al ambiente musical) externó su tristeza ante tan lamentable pérdida.
Admito que ese día tuve cierta necesidad natural por postear algo al respecto y recibir algún tipo de retroalimentación, pero me abstuve por no querer actuar de manera impulsiva y emocional ante un evento que definitivamente estaba suscitando reacciones por doquier y que inevitablemente sería algo que cambiaría el panorama artístico musical de nuestro país.
Recuerdo que al momento de recibir la noticia me encontraba preparando un repertorio para ésa semana y mi primera reacción fue recordar su voz con ése timbre tan peculiar, pero ligero tuve que retomar mis quehaceres porque era lo que apremiaba en el momento. Luego recibí un mensaje de un amigo, a quien considero uno de los músicos más inspirados de la zona y cuya admiración por Fidel y su banda nunca ha ocultado, y recordé algunas cosas que hasta el momento no habían hecho mucha mella en mis apreciaciones.
Verán: Malpaís era una agrupación cuyo impacto a nivel nacional sentó un precedente histórico. El maestro Fidel junto a su hermano y otros grandes músicos del ambiente nacional encontraron la manera de fusionar las corrientes más representativas de nuestras raíces criollas con la música pop, rock y hasta jazz entre otras. Ésta mezcla de estilos e influencias culminó en un proyecto cuya energía y depuración técnica musical movió masas como ningún otro proyecto lo logró desde hacía muchos años atrás.
La agrupación, que por más de diez años estuvo a la vanguardia de la producción musical popular costarricense, obtuvo todo tipo de reconocimientos y valoraciones a nivel nacional e internacional, y sus presentaciones en vivo siempre fueron abarrotadas por un público fiel y conocedor que pudo prescindir del poco o casi nulo apoyo de los medios de difusión para crear todo un culto alrededor de ella.
Podría seguir hablando de los grandes méritos y logros alcanzados por tan destacada agrupación, pero siento que es redundante en materia de que toda esa información ya se puede "googlear", o simplemente creo que la mayoría de quienes estén leyendo éste artículo deben estar sabidos al respecto.
Entonces vuelvo a mi relato. Al terminar mis obligaciones, por fin pude accesar a feizbuk y la cantidad de mensajes de pésame fue emotiva en primera impresión, abrumadora en segunda y decepcionante luego.
¿Por qué decepcionante? Después de sacar el rato para leer los que podría asegurar fueron cientos de comentarios, me di cuenta que habían ciertos patrones con respecto a los mensajes de mis colegas músicos. Y no quiero mencionar ejemplos específicos, pero algo que me puso a pensar fue si la reacción de la gente será la misma al momento de mi muerte.
Honestamente creo que no. Yo jamás podré llegar al nivel de conocimiento académico que tuvo el maestro. Él siempre estuvo involucrado con la música desde su niñez y el apoyo a su talento se vio reflejado en su paso a través del Colegio Castella. Estudios superiores en Cuba sobre historia de la música y su consecuente acercamiento a las manifestaciones musicales de allá, lo convirtieron en un músico de formación íntegra.
Posteriormente sus estudios en muchos instrumentos musicales lo hicieron de él en un gran conocedor de los timbres y las texturas, y haberse involucrado con todo tipo de ensambles tocando en diferentes estilos hizo del maestro un experto en calidad interpretativa. Por supuesto su vasta experiencia componiendo y arreglando tanto en el ámbito de la "música culta" como en la popular, crearon en él todo un arsenal de recursos rítmicos, armónicos y melódicos para su utilización cotidiana.
¿Acaso alguien ignoraba eso? Fidel Gamboa, muy por encima de haber sido un inspirado compositor de canciones, fue un músico íntegro con una formación sumamente envidiable, y la prueba de ello es que el pináculo de su carrera se haya reflejado en la música que él mismo cantaba a sus ya cincuenta años de edad, o sea, un reconocimiento a su trabajo esforzado, disciplina, y toda una vida dedicada a la música.
Por eso yo no puedo siquiera sentirme con méritos para decir que lo conocí cuando tan sólo le proporcioné una llama en un cigarrillo después de un concierto y un brindis con cerveza nacional barata. O decir que conocí su obra, porque no he escuchado ni un diez por ciento de todo lo que el maestro hizo en su vida. Y me siento muy apenado por quienes creen que pueden llegar a tener esos mismos éxitos llevando una vida conformista y atada a un interés musical mercantil que no estimula en nada la disciplina y la creación.
También terminé por sospechar que no tardarían en aparecer los "Malpaisitos" buscando llenar el vacía que dejará la posterior desintegración del grupo, uniendo a músicos de cuestionable calidad y trayectoria. O los ya consabidos diletantes queriendo interpretar toda la gama de colores y sabores insinuados en ésas composiciones por medio de una guitarra y una voz desafinada, en algún bar de mala muerte.
Sí, hay un dejo de tristeza con respecto a lo condicionados que estamos los músicos a este ambiente de mediocridad, y la falta que van haciendo los que de verdad han aportado algo pero nos dejan prematuramente. Pero volviendo al tema, quiero expresar hoy lo que no hice hace dos semanas por miedo a sonar impulsivo, y de este modo presento mis respetos:
Fidel, gracias por el ejemplo de vida. Nunca nadie podrá llenar el espacio que quedó tras tu partida, pero al menos puedes descansar en paz a sabiendas de que aún existe gente que cree en trascender musicalmente como vos lo hiciste; y si bien sabemos que no podremos jamás alcanzar un nivel tan depurado y profundo de conocimiento y sensibilidad musical, pues humildemente comprometemos nuestra dedicación y esfuerzo para que la música siga siendo arte como siempre lo expusiste. Ojalá el día de nuestra partida podamos generar tantas reacciones como las que aún hoy en día sigues generando. Buen viaje maestro, no dejaremos que tu memoria se desvanezca...
Las reacciones no se hicieron esperar. Circularon los mensajes por internet mediante las redes sociales y muchísima gente (asociada o no al ambiente musical) externó su tristeza ante tan lamentable pérdida.
Admito que ese día tuve cierta necesidad natural por postear algo al respecto y recibir algún tipo de retroalimentación, pero me abstuve por no querer actuar de manera impulsiva y emocional ante un evento que definitivamente estaba suscitando reacciones por doquier y que inevitablemente sería algo que cambiaría el panorama artístico musical de nuestro país.
Recuerdo que al momento de recibir la noticia me encontraba preparando un repertorio para ésa semana y mi primera reacción fue recordar su voz con ése timbre tan peculiar, pero ligero tuve que retomar mis quehaceres porque era lo que apremiaba en el momento. Luego recibí un mensaje de un amigo, a quien considero uno de los músicos más inspirados de la zona y cuya admiración por Fidel y su banda nunca ha ocultado, y recordé algunas cosas que hasta el momento no habían hecho mucha mella en mis apreciaciones.
Verán: Malpaís era una agrupación cuyo impacto a nivel nacional sentó un precedente histórico. El maestro Fidel junto a su hermano y otros grandes músicos del ambiente nacional encontraron la manera de fusionar las corrientes más representativas de nuestras raíces criollas con la música pop, rock y hasta jazz entre otras. Ésta mezcla de estilos e influencias culminó en un proyecto cuya energía y depuración técnica musical movió masas como ningún otro proyecto lo logró desde hacía muchos años atrás.
La agrupación, que por más de diez años estuvo a la vanguardia de la producción musical popular costarricense, obtuvo todo tipo de reconocimientos y valoraciones a nivel nacional e internacional, y sus presentaciones en vivo siempre fueron abarrotadas por un público fiel y conocedor que pudo prescindir del poco o casi nulo apoyo de los medios de difusión para crear todo un culto alrededor de ella.
Podría seguir hablando de los grandes méritos y logros alcanzados por tan destacada agrupación, pero siento que es redundante en materia de que toda esa información ya se puede "googlear", o simplemente creo que la mayoría de quienes estén leyendo éste artículo deben estar sabidos al respecto.
Entonces vuelvo a mi relato. Al terminar mis obligaciones, por fin pude accesar a feizbuk y la cantidad de mensajes de pésame fue emotiva en primera impresión, abrumadora en segunda y decepcionante luego.
¿Por qué decepcionante? Después de sacar el rato para leer los que podría asegurar fueron cientos de comentarios, me di cuenta que habían ciertos patrones con respecto a los mensajes de mis colegas músicos. Y no quiero mencionar ejemplos específicos, pero algo que me puso a pensar fue si la reacción de la gente será la misma al momento de mi muerte.
Honestamente creo que no. Yo jamás podré llegar al nivel de conocimiento académico que tuvo el maestro. Él siempre estuvo involucrado con la música desde su niñez y el apoyo a su talento se vio reflejado en su paso a través del Colegio Castella. Estudios superiores en Cuba sobre historia de la música y su consecuente acercamiento a las manifestaciones musicales de allá, lo convirtieron en un músico de formación íntegra.
Posteriormente sus estudios en muchos instrumentos musicales lo hicieron de él en un gran conocedor de los timbres y las texturas, y haberse involucrado con todo tipo de ensambles tocando en diferentes estilos hizo del maestro un experto en calidad interpretativa. Por supuesto su vasta experiencia componiendo y arreglando tanto en el ámbito de la "música culta" como en la popular, crearon en él todo un arsenal de recursos rítmicos, armónicos y melódicos para su utilización cotidiana.
¿Acaso alguien ignoraba eso? Fidel Gamboa, muy por encima de haber sido un inspirado compositor de canciones, fue un músico íntegro con una formación sumamente envidiable, y la prueba de ello es que el pináculo de su carrera se haya reflejado en la música que él mismo cantaba a sus ya cincuenta años de edad, o sea, un reconocimiento a su trabajo esforzado, disciplina, y toda una vida dedicada a la música.
Por eso yo no puedo siquiera sentirme con méritos para decir que lo conocí cuando tan sólo le proporcioné una llama en un cigarrillo después de un concierto y un brindis con cerveza nacional barata. O decir que conocí su obra, porque no he escuchado ni un diez por ciento de todo lo que el maestro hizo en su vida. Y me siento muy apenado por quienes creen que pueden llegar a tener esos mismos éxitos llevando una vida conformista y atada a un interés musical mercantil que no estimula en nada la disciplina y la creación.
También terminé por sospechar que no tardarían en aparecer los "Malpaisitos" buscando llenar el vacía que dejará la posterior desintegración del grupo, uniendo a músicos de cuestionable calidad y trayectoria. O los ya consabidos diletantes queriendo interpretar toda la gama de colores y sabores insinuados en ésas composiciones por medio de una guitarra y una voz desafinada, en algún bar de mala muerte.
Sí, hay un dejo de tristeza con respecto a lo condicionados que estamos los músicos a este ambiente de mediocridad, y la falta que van haciendo los que de verdad han aportado algo pero nos dejan prematuramente. Pero volviendo al tema, quiero expresar hoy lo que no hice hace dos semanas por miedo a sonar impulsivo, y de este modo presento mis respetos:
Fidel, gracias por el ejemplo de vida. Nunca nadie podrá llenar el espacio que quedó tras tu partida, pero al menos puedes descansar en paz a sabiendas de que aún existe gente que cree en trascender musicalmente como vos lo hiciste; y si bien sabemos que no podremos jamás alcanzar un nivel tan depurado y profundo de conocimiento y sensibilidad musical, pues humildemente comprometemos nuestra dedicación y esfuerzo para que la música siga siendo arte como siempre lo expusiste. Ojalá el día de nuestra partida podamos generar tantas reacciones como las que aún hoy en día sigues generando. Buen viaje maestro, no dejaremos que tu memoria se desvanezca...
lunes, 5 de septiembre de 2011
A mis colegas músicos
Escribo esta nota como un deber hacia mí mismo.
Éstas últimas tres semanas han sido terriblemente agotadoras mental y físicamente, además de dolorosas. El motivo: andar de "matachivos".
Ok, quien esté leyendo esto se preguntará: "¿Cuál es el problema? ¿No es eso a lo que se dedica?"
Error. "Matar chivos" no es en esencia lo que yo he decidido hacer. "Matar chivos" es algo que, en apariencia, cualquiera puede hacer. Lo hace desde el más sabido en las artes de la música hasta el más "bombeta" y poco sensible hacia dicho arte.
Yo he estudiado mucho, y sigo estudiando mucho con toda la ilusión de algún día poder convertirme en merecedor del título de "músico". Y sin embargo, la falta de un empleo estable ha motivado que tenga que tocar de todo y con todo el mundo para ganarme un sustento medio digno. Y no quiero que se equivoquen, la plata no me desvela, lo que sucede es que una entrada económica me asegura la posibilidad de tener cada día mejores recursos para mejorar mis condiciones de estudiante y por ende crecer más día a día.
Anteriormente (y hasta la fecha), he venido aceptando tocar con cualquier tipo de formación musical ya sea de gratis o por poca paga, argumentando que no he tenido la experiencia que han tenido otros y otras en mis condiciones, y con el fin de seguir llenando vacíos en mi hoja de vida musical.
Me he convertido en un músico muy solicitado en la zona, tanto así que no recuerdo una semana, desde hace rato ya, en que no haya tenido que tocar un chivo o hacer algo relacionado con uno. En tales circunstancias no solamente me he desempeñado como ejecutante, sino además como arreglista y en algunas ocasiones como director. He tenido que realizar extenuantes ensayos muchas veces en condiciones bastante deplorables y casi todos con muy poco profesionalismo. He tenido que adaptar y readaptar mis horarios a los de los demás y en ocasiones cubrir con gastos que no me conciernen. Eso sin contar las horas de sueño que he venido acumulando a causa de las constantes desveladas, todo por el afán de tocar con calidad y dignidad.
Pero, consecuencia de todo éste esfuerzo, siento que mi desempeño musical va en detrimento. Obvio, si en una misma semana tengo que tocar cinco veces todas con agrupaciones y repertorios diferentes ¿ustedes creen que haya músico que pueda tocar todo bien? Bueno, la verdad ni yo mismo podría decirlo, pero el problema es el siguiente: yo, a diferencia de mucho músico talentoso e intuitivo, necesito trabajar mucho para poder tocar de una manera depurada, o sea, tengo que estudiar. Y el tiempo que uno dedica a eso es -contrario a lo que algunos y algunas piensan- más que el tiempo de ensayo grupal. El ensayo es solamente el ensamblaje de todo lo que uno realiza con anticipación.
Entonces siento que ya no está valiendo la pena tener tanta experiencia porque igual no la estoy aprovechando. Estoy ofreciendo ejecuciones bastante por debajo del nivel que solía tener hace un par de años y no solo eso, sino que, al verme en esas situaciones, pierdo mucha de mi autoconfianza y voy quedando mal hasta en algunas interpretaciones que ya tenía aseguradas.
En conclusión: Es hora de dejar de "chivear". Mi nueva política será:
1- No volver a tocar nada de gratis (a menos que sea algo realmente apetecible o con justificado motivo)
2- Asegurar que las condiciones de trabajo sean óptimas y no tener que dedicar más tiempo del necesario (todo ensayo planificado debe ser para ensamblar y no para estudiar, si alguien llega a un ensayo a batear simplemente desconecto mis cosas y me voy)
3- Cualquier arreglo o adaptación necesario para la ejecución de una pieza serán pagados (de cierto modo es una alcahuetería).
4- Los implementos y/o accesorios utilizados por los músicos correrán por cuenta de cada quien (nadie debe prescindir de lo que sea necesario para su desempeño y muy pocas veces en lo que llevo de tocar he tenido que solicitar un cable de alguien más).
5- El sonido de la actividad en la cual se vaya a tocar, debe estar a la altura de la ejecución que se vaya a brindar (no es posible que un trabajo tan difícil se vea opacado por situaciones fuera de nuestro alcance).
Yo sé que alguien debe estar pensando en lo "mozote" que soy, pero quiero que entiendan varias cosas:
1- A diferencia de la mayoría de personas con las que a veces toco, yo elegí esto como estilo de vida y medio de subsistencia. Yo no "mato fiebre", yo tengo pretensiones de hacer arte y de trascender con ello, si no ¿por qué creen que le invierto tanto tiempo y dinero al asunto? ¿por qué gastarme la vida llevando lecciones privadas, aprendiendo técnicas nuevas y desarrollando mis conocimientos especializados en música cuando bajándome unos acordecillos de internet puedo "matar el chivo"?
2- Me preocupa demasiado la forma precipitada en que ha bajado mi desempeño como músico. Si quiero vivir de esto pues tengo que ser el mejor o estar entre los mejores, no conformarme con presentaciones mediocres. De algún modo esto beneficia a quien quiera acatar mis condiciones porque van a obtener un mejor desempeño de mi parte.
3- Mi salud se ha ido deteriorando casi de manera injustificada, a tal punto que he pensado en pedir tocar sentado en varias ocasiones por mi constante problema en la espalda. Padezco de insomnio y de algunos males pequeños, pero perfectamente evitables, así que menos chivos se traducen en más descanso y por ende más salud.
4- No soy un novato en éste asunto. Más de diez años de experiencia más un bachillerato de la UCR dicen mucho, y si alguna vez alguien ha creído que me desempeño bien como músico, no es por pura casualidad o coincidencia, hay trabajo duro detrás de eso.
5- Quiero dedicar más tiempo a mis proyectos personales. En realidad creo que necesito más tiempo para cualquier cosa, hace mucho que no sé lo que significa sentarse a escuchar música por placer, o tener una serie de televisión favorita, o simplemente ver una película con planificación. Quisiera tener más tiempo para impulsar mi creatividad.
Ahora, si llegaste hasta acá dirás: ¿Por qué publicarlo por éste medio? La respuesta es simple: De algún modo espero que la gente lea esto de manera impersonal para no tener que pasar por la incomodidad de decirle a alguien personalmente los motivos por los cuales no voy a tocar con él o ella. Creo que esto nos ahorraría muchos problemas.
Gracias por la comprensión...
Éstas últimas tres semanas han sido terriblemente agotadoras mental y físicamente, además de dolorosas. El motivo: andar de "matachivos".
Ok, quien esté leyendo esto se preguntará: "¿Cuál es el problema? ¿No es eso a lo que se dedica?"
Error. "Matar chivos" no es en esencia lo que yo he decidido hacer. "Matar chivos" es algo que, en apariencia, cualquiera puede hacer. Lo hace desde el más sabido en las artes de la música hasta el más "bombeta" y poco sensible hacia dicho arte.
Yo he estudiado mucho, y sigo estudiando mucho con toda la ilusión de algún día poder convertirme en merecedor del título de "músico". Y sin embargo, la falta de un empleo estable ha motivado que tenga que tocar de todo y con todo el mundo para ganarme un sustento medio digno. Y no quiero que se equivoquen, la plata no me desvela, lo que sucede es que una entrada económica me asegura la posibilidad de tener cada día mejores recursos para mejorar mis condiciones de estudiante y por ende crecer más día a día.
Anteriormente (y hasta la fecha), he venido aceptando tocar con cualquier tipo de formación musical ya sea de gratis o por poca paga, argumentando que no he tenido la experiencia que han tenido otros y otras en mis condiciones, y con el fin de seguir llenando vacíos en mi hoja de vida musical.
Me he convertido en un músico muy solicitado en la zona, tanto así que no recuerdo una semana, desde hace rato ya, en que no haya tenido que tocar un chivo o hacer algo relacionado con uno. En tales circunstancias no solamente me he desempeñado como ejecutante, sino además como arreglista y en algunas ocasiones como director. He tenido que realizar extenuantes ensayos muchas veces en condiciones bastante deplorables y casi todos con muy poco profesionalismo. He tenido que adaptar y readaptar mis horarios a los de los demás y en ocasiones cubrir con gastos que no me conciernen. Eso sin contar las horas de sueño que he venido acumulando a causa de las constantes desveladas, todo por el afán de tocar con calidad y dignidad.
Pero, consecuencia de todo éste esfuerzo, siento que mi desempeño musical va en detrimento. Obvio, si en una misma semana tengo que tocar cinco veces todas con agrupaciones y repertorios diferentes ¿ustedes creen que haya músico que pueda tocar todo bien? Bueno, la verdad ni yo mismo podría decirlo, pero el problema es el siguiente: yo, a diferencia de mucho músico talentoso e intuitivo, necesito trabajar mucho para poder tocar de una manera depurada, o sea, tengo que estudiar. Y el tiempo que uno dedica a eso es -contrario a lo que algunos y algunas piensan- más que el tiempo de ensayo grupal. El ensayo es solamente el ensamblaje de todo lo que uno realiza con anticipación.
Entonces siento que ya no está valiendo la pena tener tanta experiencia porque igual no la estoy aprovechando. Estoy ofreciendo ejecuciones bastante por debajo del nivel que solía tener hace un par de años y no solo eso, sino que, al verme en esas situaciones, pierdo mucha de mi autoconfianza y voy quedando mal hasta en algunas interpretaciones que ya tenía aseguradas.
En conclusión: Es hora de dejar de "chivear". Mi nueva política será:
1- No volver a tocar nada de gratis (a menos que sea algo realmente apetecible o con justificado motivo)
2- Asegurar que las condiciones de trabajo sean óptimas y no tener que dedicar más tiempo del necesario (todo ensayo planificado debe ser para ensamblar y no para estudiar, si alguien llega a un ensayo a batear simplemente desconecto mis cosas y me voy)
3- Cualquier arreglo o adaptación necesario para la ejecución de una pieza serán pagados (de cierto modo es una alcahuetería).
4- Los implementos y/o accesorios utilizados por los músicos correrán por cuenta de cada quien (nadie debe prescindir de lo que sea necesario para su desempeño y muy pocas veces en lo que llevo de tocar he tenido que solicitar un cable de alguien más).
5- El sonido de la actividad en la cual se vaya a tocar, debe estar a la altura de la ejecución que se vaya a brindar (no es posible que un trabajo tan difícil se vea opacado por situaciones fuera de nuestro alcance).
Yo sé que alguien debe estar pensando en lo "mozote" que soy, pero quiero que entiendan varias cosas:
1- A diferencia de la mayoría de personas con las que a veces toco, yo elegí esto como estilo de vida y medio de subsistencia. Yo no "mato fiebre", yo tengo pretensiones de hacer arte y de trascender con ello, si no ¿por qué creen que le invierto tanto tiempo y dinero al asunto? ¿por qué gastarme la vida llevando lecciones privadas, aprendiendo técnicas nuevas y desarrollando mis conocimientos especializados en música cuando bajándome unos acordecillos de internet puedo "matar el chivo"?
2- Me preocupa demasiado la forma precipitada en que ha bajado mi desempeño como músico. Si quiero vivir de esto pues tengo que ser el mejor o estar entre los mejores, no conformarme con presentaciones mediocres. De algún modo esto beneficia a quien quiera acatar mis condiciones porque van a obtener un mejor desempeño de mi parte.
3- Mi salud se ha ido deteriorando casi de manera injustificada, a tal punto que he pensado en pedir tocar sentado en varias ocasiones por mi constante problema en la espalda. Padezco de insomnio y de algunos males pequeños, pero perfectamente evitables, así que menos chivos se traducen en más descanso y por ende más salud.
4- No soy un novato en éste asunto. Más de diez años de experiencia más un bachillerato de la UCR dicen mucho, y si alguna vez alguien ha creído que me desempeño bien como músico, no es por pura casualidad o coincidencia, hay trabajo duro detrás de eso.
5- Quiero dedicar más tiempo a mis proyectos personales. En realidad creo que necesito más tiempo para cualquier cosa, hace mucho que no sé lo que significa sentarse a escuchar música por placer, o tener una serie de televisión favorita, o simplemente ver una película con planificación. Quisiera tener más tiempo para impulsar mi creatividad.
Ahora, si llegaste hasta acá dirás: ¿Por qué publicarlo por éste medio? La respuesta es simple: De algún modo espero que la gente lea esto de manera impersonal para no tener que pasar por la incomodidad de decirle a alguien personalmente los motivos por los cuales no voy a tocar con él o ella. Creo que esto nos ahorraría muchos problemas.
Gracias por la comprensión...
Algo de interés...
...es menester hacer una observación a aquellos intérpretes para quienes la música continúa siendo "el arte de combinar los sonidos de una manera agradable al oído", ingenua y falsa definición por cuanto que aquello que puede ser agradable a nuestros oídos, puede no serlo para los oídos ajenos y viceversa.
La expresión agradable o desagradable desde el plano de la acústica, es de muy relativo valor, si se considera que la apreciación auditiva es adaptable a cualquier fenómeno sonoro. Basta observar la gran diferencia que existe entre la música occidental y la oriental, o notar los diferentes intervalos, denominados "disonantes" por nuestro sistema musical, que utilizan algunos pueblos llamados menos civilizados y por ende menos corrompidos acústica y armónicamente. Bela Bartok asombró al mundo al demostrar que en ciertas regiones de Hungría se cantan melodías a dos voces separadas por intervalos de segunda mayor, lo que para la gran mayoría de los oídos occidentales es práctica imposible y muy "disonante". Es sabido, además, que el sistema tonal actual se basa en intervalos falsos desde el punto de vista científico, así dispuesto, casi exclusivamente, por limitaciones de índole instrumental, la quinta justa del sistema armónico, no guarda la relación o proporción matemática que exige el sistema Pitagórico o científico, si bien que nuestro oído se ha acostumbrado, por atavismo a través de los siglos, a una afinación falsa, en detrimento de la afinación natural o exacta y en pro de un sistema tonal práctico instrumental llamado: Sistema Temperado.
Es evidente que toda innovación armónica ha despertado siempre una fuerte reacción contraria en todos aquellos acostumbrados ya a un idioma musical establecido, pero no es menos evidente también que la innovación se ha impuesto tarde o temprano en el transcurso de todas las épocas musicales. Así como el Ars Nova renacentista se impuso al Ars Antiqua y el Nueve Musiche rompió las ligaduras tradicionales de la escuela flamenca del siglo XVI dando lugar a la exuberante época barroca, la Nueva Música del actual siglo ha hecho trizas las cadenas armónicas que pretenden atarla al dinamismo romántico ya lejano. Las grandes revoluciones armónicas no hacen más que repetirse una y otra vez, sólo que se nos presentan bajo diferentes aspectos.
Existen oídos inexpertos que no soportan las armonías de los compositores actuales, de la misma forma que hay otros menos cultivados que no se adaptaron aún a los impresionistas franceses y ni siquiera a las armonías de los compositores de la segunda mitad del siglo decimono. No se trata aquí simplemente de un limitado gusto musical, sino de una adaptación auditiva poro desarrollada.
Es opinión general que una obra de música debe ser centenaria o haber adquirido una madurez suficiente para ser si no comprendida -palabra sin sentido- desde el punto de vista musical, al menos escuchada con gusto por la mayoría del público, el cual no se interesa verdaderamente, sino por lo que ya ha oído con frecuencia. Las nuevas obras citan por tanto una desconfianza instintiva que determina la abstención de esa mayoría en las primeras audiciones. Pero la experiencia prueba que cuanto más se familiariza el auditorio con una obra de valor, tanto más deseo siente de volver a oírla. Por consiguiente, no es, como afirman los críticos, una cuestión de -modernismo- lo que aleja al público, sino un problema de desconocimiento de la masa, cada vez más ajena a los problemas del Arte.
Shumann decía: "No juzgueis una composición después de la primera audición pues lo que agrada en seguida no siempre es lo mejor. Respeta la música antigua pero interésate también por la moderna"
Jaime Ingram "Historia, repertorio y compositores del piano", 1978
lunes, 8 de agosto de 2011
Ése espacio...
Extraña nostalgia es decir "te amo" y darle un beso al espacio que ocuparías en mi cama. Pero más extraño es defender a muerte ése espacio y sentir excitación al recordar el roce de tus piernas con las mías.
Quisiera tomar ése espacio, ése cúmulo de materia gaseosa, y acariciarle mientras me hundo en la dulzura de sus miradas. Llevar mis manos hasta su cintura y desplazarlo sobre mi cuerpo. Mirar hacia arriba y descubrir sus senos perfectos bajo ese largo y tentador cuello.
Enloquezco al sentir ése espacio moverse lentamente e imagino tu respiración agitada y mis dedos recorriendo todo lo humanamente alcanzable. Quisiera voltear ése espacio, un montón de partículas cuya cohesión molecular no es lo suficientemente compacta como para ser tangible, y así poder mirar su espalda ya un poco humedecida de sudor. Levantarme para besarla y saborear ése salado que vuelve dulce cualquier momento.
Mi respiración se corta al apretar con fuerza ése espacio. Desearía que reclinara su cabeza sobre mi hombro, y perfumar mi ambiente con la fragancia de su aliento, mientras toma mi cabello y lo hala apasionadamente. Quiero mordisquear ése espacio, ése fenómeno donde confluyen tres dimensiones, y acelerar el ritmo que marca una cuarta dimensión para llevarnos conjuntamente al éxtasis y de ése modo volver nuestros lugares.
Desearía decirte "te amo" y besarte en lugar del espacio que has dejado a mi lado...
Quisiera tomar ése espacio, ése cúmulo de materia gaseosa, y acariciarle mientras me hundo en la dulzura de sus miradas. Llevar mis manos hasta su cintura y desplazarlo sobre mi cuerpo. Mirar hacia arriba y descubrir sus senos perfectos bajo ese largo y tentador cuello.
Enloquezco al sentir ése espacio moverse lentamente e imagino tu respiración agitada y mis dedos recorriendo todo lo humanamente alcanzable. Quisiera voltear ése espacio, un montón de partículas cuya cohesión molecular no es lo suficientemente compacta como para ser tangible, y así poder mirar su espalda ya un poco humedecida de sudor. Levantarme para besarla y saborear ése salado que vuelve dulce cualquier momento.
Mi respiración se corta al apretar con fuerza ése espacio. Desearía que reclinara su cabeza sobre mi hombro, y perfumar mi ambiente con la fragancia de su aliento, mientras toma mi cabello y lo hala apasionadamente. Quiero mordisquear ése espacio, ése fenómeno donde confluyen tres dimensiones, y acelerar el ritmo que marca una cuarta dimensión para llevarnos conjuntamente al éxtasis y de ése modo volver nuestros lugares.
Desearía decirte "te amo" y besarte en lugar del espacio que has dejado a mi lado...
sábado, 30 de julio de 2011
Bitácora de tu primer visita a mi dormitorio
Te he llevado a reconocer mi lecho, y en toda esa mezcla de pasión y ternura que me rodea y se apodera de mis adentros, me doy cuenta que no soy más que un niño queriendo jugar al hombre. Eres dueña de mi amor desde años atrás, y cada vez que logramos traspasar la barrera del distanciamiento y (¿por qué no?) del temor, eres tú quien guía mis manos sobre tu cuerpo, mientras yo siento crecer la ansiedad que lleva al pánico dentro de mí.
Muchas otras han estado donde tú estás, y nunca he dudado ni por un instante a la hora de desnudarlas y recorrerlas. Pero contigo tengo eso que hace de mí una persona insegura. Sé que te amo, y no puedo darte algo que no sea de primera. Quiero dedicar mi vida a ti y no puedo darme el chance de fallar, no puedo cometer un error.
Torpemente te llevo conmigo a posicionarnos horizontalmente, y no quiero despegar mi vista de tus ojos, saboreo cada milímetro de tus labios y en mis adentros la debacle sigue sin dejar sobrevivientes. ¿En qué momento me metí en este enredo? Estoy tan excitado y tan asustado que no tengo control. Quiero que cada uno de mis besos sean para ti lo que cada uno de tus besos son para mí, y en mi afán no logro acertar.
Ahora puedo mirar tu torso desnudo y la ansiedad crece. Sé que estoy a punto de enloquecer mientras tus movimientos y arrebatos sugieren que continúe en mi labor. El oxígeno me falta, me estrangula la agitación, quiero hablarte y ni siquiera puedo ser coherente. Algo debe ocurrir, algo tiene que sacarme de ésta situación. Si tan sólo supiera que voy a estar de nuevo contigo, o que te quedarás, pero nunca puedo estar seguro siquiera de que yo me vaya a quedar.
Mi amor no te vayas, quédate. Vete mañana o más tarde de noche, pero no me apresures que estoy languideciendo. No siento que haya tocado una sola nota acorde a la armonía de tu cuerpo. Creo que ni siquiera estoy afinado en tu tonalidad. No entiendo cómo puedo estar tan perturbado. Tu hermosa piel y tus senos tan perfectos deberían relajar mi mente y acallar todos mis temores.
Entonces un destello de luz me recuerda la ansiedad de pararme frente a un público que espera escucharme cantar. En mi mente la mínima desafinación se convierte en un desastre, y no puedo defraudarme, no puedo permitirme fallar. Esto es lo que hago y debo hacerlo bien, porque de ello depende mi satisfacción... mi satisfacción...
¡Éso es! Al tener miedo de no lograr con mis besos lo que quiero que sientas, me estoy decepcionando a mí mismo. No puedo creer que este momento que por años he añorado se pueda arruinar. Miles de veces ha sido perfecto en mi mente. Miles de veces te he visto recibiendo todo mi amor y bañándonos en placer. Es el momento de hacerlo trascender y que quede escrito como una página imborrable de nuestra existencia.
Por eso es momento de detenernos. Si miles de veces nos hemos amado en mis pensamientos, millones de veces más te he abrazado a mi pecho y te he acariciado con dulzura. Sé que en este caso mis caricias sí serán las correctas.
Aún te espero preciosa...
Muchas otras han estado donde tú estás, y nunca he dudado ni por un instante a la hora de desnudarlas y recorrerlas. Pero contigo tengo eso que hace de mí una persona insegura. Sé que te amo, y no puedo darte algo que no sea de primera. Quiero dedicar mi vida a ti y no puedo darme el chance de fallar, no puedo cometer un error.
Torpemente te llevo conmigo a posicionarnos horizontalmente, y no quiero despegar mi vista de tus ojos, saboreo cada milímetro de tus labios y en mis adentros la debacle sigue sin dejar sobrevivientes. ¿En qué momento me metí en este enredo? Estoy tan excitado y tan asustado que no tengo control. Quiero que cada uno de mis besos sean para ti lo que cada uno de tus besos son para mí, y en mi afán no logro acertar.
Ahora puedo mirar tu torso desnudo y la ansiedad crece. Sé que estoy a punto de enloquecer mientras tus movimientos y arrebatos sugieren que continúe en mi labor. El oxígeno me falta, me estrangula la agitación, quiero hablarte y ni siquiera puedo ser coherente. Algo debe ocurrir, algo tiene que sacarme de ésta situación. Si tan sólo supiera que voy a estar de nuevo contigo, o que te quedarás, pero nunca puedo estar seguro siquiera de que yo me vaya a quedar.
Mi amor no te vayas, quédate. Vete mañana o más tarde de noche, pero no me apresures que estoy languideciendo. No siento que haya tocado una sola nota acorde a la armonía de tu cuerpo. Creo que ni siquiera estoy afinado en tu tonalidad. No entiendo cómo puedo estar tan perturbado. Tu hermosa piel y tus senos tan perfectos deberían relajar mi mente y acallar todos mis temores.
Entonces un destello de luz me recuerda la ansiedad de pararme frente a un público que espera escucharme cantar. En mi mente la mínima desafinación se convierte en un desastre, y no puedo defraudarme, no puedo permitirme fallar. Esto es lo que hago y debo hacerlo bien, porque de ello depende mi satisfacción... mi satisfacción...
¡Éso es! Al tener miedo de no lograr con mis besos lo que quiero que sientas, me estoy decepcionando a mí mismo. No puedo creer que este momento que por años he añorado se pueda arruinar. Miles de veces ha sido perfecto en mi mente. Miles de veces te he visto recibiendo todo mi amor y bañándonos en placer. Es el momento de hacerlo trascender y que quede escrito como una página imborrable de nuestra existencia.
Por eso es momento de detenernos. Si miles de veces nos hemos amado en mis pensamientos, millones de veces más te he abrazado a mi pecho y te he acariciado con dulzura. Sé que en este caso mis caricias sí serán las correctas.
Aún te espero preciosa...
miércoles, 20 de julio de 2011
El dolor como pináculo de la vida
Tenía pensado hacer una de esas entradas en las que blasfemo y me enojo al final, pero luego de tener tiempo para recapacitar un poco, me vengo dando cuenta que mi sentimiento no era fundamentado.
Éste fin de semana falleció una hermana de mi mamá. Una señora de 62 años que tuvo una vida de perros. Para resumir se casó con un tipo con el cual tuvo 6 hijos e hijas y que luego se volvió alcohólico. Después de separarse y trabajar durísimo para sacar a su familia adelante, apareció el otro con el cual tuvo dos niños más. Lejos de haber sido una buena elección pues también terminó por separarse y seguir trabajando hasta no dar más.
Entrada en años comenzó a padecer de diabetes y después de un accidente terminó por perder la vista y una bacteria se infiltró en su organismo. Siempre devota puso toda su fe en dios y en su familia para seguir adelante, pero el deterioro siguió adelante.
Podría mencionar otras cosas pero no vienen al caso. Mi mamá contó que en esta última internación en el hospital, ella tan solo se despertaba para quejarse de tanto dolor. La diabetes no la dejaba sanar y su cuerpo se iba descomponiendo a pasos agigantados. Un día antes de su muerte se dieron cuenta que lo que sea que le tenían que poner para evitarle el dolor, no estaba siendo efectivo porque la hinchazón de su brazo había provocado que la aguja se saliera de la vena y el líquido se esparciera por los lugares adyacentes.
El día de su muerte tuvieron que sepultarla casi de inmediato porque el cadáver ya estaba en avanzado estado de descomposición.
Entonces viene la moraleja: ¿Será que dios no quiere a quienes creen y siguen su voluntad? ¿Por qué hay gente desgraciada que muere pacíficamente en su cama?
Sí, era aquí donde iba a iniciar mi retahíla de blasfemias pero aunque saben lo que pienso, debo decir que en retrospectiva todo esto tiene cierto sentido.
Alguna vez dije que morir con dolor sería algo que yo querría experimentar, y es que eso para mí tiene un sentido muy personal, creo que me gustaría sentir el dolor más intenso y profundo que exista al menos una vez en mi vida, y si ése dolor es el que anticipe a mi muerte, pues que así sea.
Sé que parece estúpido pero analicémoslo. El miedo al dolor es algo completamente inculcado. Si recordamos el dolor más fuerte que hayamos sufrido, pues no es más que un recuerdo, o sea, no volvemos a sentir ése dolor cuando lo recordamos a menos que sea crónico y se haya constituido en parte de nuestras vidas, lo cual tampoco podría ser tan grave porque después de algún tiempo uno se acostumbra y el umbral del dolor aumenta.
Entonces si queremos vivir las dichas y las alegrías más intensas, ¿por qué no vivir los dolores más amargos? Al fin y al cabo uno depende del otro, no hay alegrías sin tristezas, punto. Así que ése dolor supremo debería enseñarnos a valorar todo lo bueno que tuvimos alguna vez.
Por eso aunque no sea creyente, creo que dios le concedió a mi tía la bendición de tener esa posibilidad que no muchos podrían tener: valorar toda la dicha y gloria de una vida por medio del sufrimiento más intenso. Ahora descansa en paz tía Rosi, que toda tu vida y obra sean para otros ejemplo de amor y entrega...
Éste fin de semana falleció una hermana de mi mamá. Una señora de 62 años que tuvo una vida de perros. Para resumir se casó con un tipo con el cual tuvo 6 hijos e hijas y que luego se volvió alcohólico. Después de separarse y trabajar durísimo para sacar a su familia adelante, apareció el otro con el cual tuvo dos niños más. Lejos de haber sido una buena elección pues también terminó por separarse y seguir trabajando hasta no dar más.
Entrada en años comenzó a padecer de diabetes y después de un accidente terminó por perder la vista y una bacteria se infiltró en su organismo. Siempre devota puso toda su fe en dios y en su familia para seguir adelante, pero el deterioro siguió adelante.
Podría mencionar otras cosas pero no vienen al caso. Mi mamá contó que en esta última internación en el hospital, ella tan solo se despertaba para quejarse de tanto dolor. La diabetes no la dejaba sanar y su cuerpo se iba descomponiendo a pasos agigantados. Un día antes de su muerte se dieron cuenta que lo que sea que le tenían que poner para evitarle el dolor, no estaba siendo efectivo porque la hinchazón de su brazo había provocado que la aguja se saliera de la vena y el líquido se esparciera por los lugares adyacentes.
El día de su muerte tuvieron que sepultarla casi de inmediato porque el cadáver ya estaba en avanzado estado de descomposición.
Entonces viene la moraleja: ¿Será que dios no quiere a quienes creen y siguen su voluntad? ¿Por qué hay gente desgraciada que muere pacíficamente en su cama?
Sí, era aquí donde iba a iniciar mi retahíla de blasfemias pero aunque saben lo que pienso, debo decir que en retrospectiva todo esto tiene cierto sentido.
Alguna vez dije que morir con dolor sería algo que yo querría experimentar, y es que eso para mí tiene un sentido muy personal, creo que me gustaría sentir el dolor más intenso y profundo que exista al menos una vez en mi vida, y si ése dolor es el que anticipe a mi muerte, pues que así sea.
Sé que parece estúpido pero analicémoslo. El miedo al dolor es algo completamente inculcado. Si recordamos el dolor más fuerte que hayamos sufrido, pues no es más que un recuerdo, o sea, no volvemos a sentir ése dolor cuando lo recordamos a menos que sea crónico y se haya constituido en parte de nuestras vidas, lo cual tampoco podría ser tan grave porque después de algún tiempo uno se acostumbra y el umbral del dolor aumenta.
Entonces si queremos vivir las dichas y las alegrías más intensas, ¿por qué no vivir los dolores más amargos? Al fin y al cabo uno depende del otro, no hay alegrías sin tristezas, punto. Así que ése dolor supremo debería enseñarnos a valorar todo lo bueno que tuvimos alguna vez.
Por eso aunque no sea creyente, creo que dios le concedió a mi tía la bendición de tener esa posibilidad que no muchos podrían tener: valorar toda la dicha y gloria de una vida por medio del sufrimiento más intenso. Ahora descansa en paz tía Rosi, que toda tu vida y obra sean para otros ejemplo de amor y entrega...
miércoles, 13 de julio de 2011
Amor de flaca (una vez más)
Y quizás la última vez...
Quisiera hablar de tantas cosas que me entristecen ahorita, pero ¿qué logro con eso?, ¿será que le voy a dar lástima a alguien?, ¿o que voy a contagiar a alguien más con mi tristeza?
Lo cierto es que esta tristeza es una extensión de mi cotidiana soledad. Ya estoy viejo para decir que me ilusioné, ya no quiero creer en esas cosas que te defraudan y te hacen valer cada día menos.
Ya lo planteó Miguel Ríos y lo confirmó Joaquín Sabina: "Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver".
Y no estoy enojado, simplemente estoy triste, y no veo gran diferencia con mi común estado de tristeza. Pero si de algo puedo llegar a enojarme es que una vez más pude haberlo evitado...
Quisiera hablar de tantas cosas que me entristecen ahorita, pero ¿qué logro con eso?, ¿será que le voy a dar lástima a alguien?, ¿o que voy a contagiar a alguien más con mi tristeza?
Lo cierto es que esta tristeza es una extensión de mi cotidiana soledad. Ya estoy viejo para decir que me ilusioné, ya no quiero creer en esas cosas que te defraudan y te hacen valer cada día menos.
Ya lo planteó Miguel Ríos y lo confirmó Joaquín Sabina: "Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver".
Y no estoy enojado, simplemente estoy triste, y no veo gran diferencia con mi común estado de tristeza. Pero si de algo puedo llegar a enojarme es que una vez más pude haberlo evitado...
domingo, 5 de junio de 2011
Independencia en detrimento de la naturaleza
Creo que ha llegado el momento... Señoras y señores, hemos sido víctimas y victimarios del sistema...
Jajajaja, qué novedad!!
Bueno, como lo han podido leer en el encabezado, pues es cierto. El paradigma de la independencia se tiene que reformar para bien de nuestro planeta y nuestra salud.
"Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra", esta frase tomada de un viejo libro resulta ser una somera estupidez en los tiempos de hoy.
Hemos llenado tanto la tierra de gente que no solamente señoreamos a los peces, las aves y demás animalitos, sino que además tuvimos que llevarlos casi al exterminio porque nos están quitando espacio en NUESTRO mundo. Efectivamente no critico la parte de sojuzgar la tierra, definitivamente lo logramos, y le pusimos precio además. Y para muchos y muchas se convirtió en su sustento.
Reclamar tierras y luego venderlas. ¿Reclamarlas a quién y venderlas a quién? No termino de explicarme por más historia que lea, ¿cómo diablos es que nuestro patrimonio pasó a ser manos de unos pocos?
Pero bien, no quiero entrar en esas discusiones ya que podría aparecer alguien intentando parafrasear un poco de textos para darle sentido a algo que por muy histórico que sea nunca va a tener sentido para mí. Voy a ir al grano.
Desde que tengo memoria, el modelo por el cual nos regimos y por medio del cual planificamos nuestras vidas es el siguiente: "Nacer, crecer, reproducirse y morir". Conforme vamos creciendo y aprendiendo nuevos conceptos comenzamos a añadir acciones a ese modelo: Nacer, crecer, encontrar pareja, independizarse, encontrar trabajo, reproducirse, mantener el trabajo, cotizar para la pensión, pagar impuestos, seguir trabajando, pensionarse, intentar disfrutar de la vida que nos queda y morir.
Casi que ya he hablado de cada una de esas cosas que involucra la vida, pero esta vez me toca la independencia.
Independizarse es algo que se vuelve un anhelo a partir de la adolescencia por los motivos que ya todos conocemos pero que se resumen en una palabra: privacidad. ¿Y cómo no vamos a querer privacidad en un mundo que reprime nuestra naturaleza y condena los cambios que presenta nuestro cuerpo con el crecimiento?
Si viviéramos en un mundo más equitativo, masturbarse o hacer el amor sería visto con tanta cotidianeidad como ir a orinar o a cagar (cosas que debo decir además tienen cierto tinte de restricción al menos en lo que respecta a la divulgación). Si no nos preocupáramos por el tamaño de nuestros genitales o por no encajar con nuestros gustos, ¿sería tan importante independizarse?
Tenemos un modelo de independencia que no es más que una copia de lo que el sistema necesita y que nos lo reproduce a través de los medios. El negocio de las propiedades privadas genera muchísimas riquezas. Tener un terreno y hacer una vivienda en ella ya sea para alquilar o habitar es un gran negocio. Conforme la tierra se va poblando más y más, la competencia por hacerse de un lugar para vivir es mayor, y por ende el precio sube.
Nosotr@s para variar, no escatimamos en las consecuencias de construir una casa y por supuesto quienes venden no se interesan más que en el dinero. De ese modo quitamos áreas verdes, destruimos ecosistemas, dañamos mantos acuíferos, modificamos el panorama natural y robamos el hogar a animales e insectos.
Y bien, obtenemos nuestra añorada independencia, metemos gente a nuestra cama y hacemos ruidos extraños mientras nuestros padres se quedan con un cuarto vacío que pasados los años se convierte en una bodega o se mantiene allí con la esperanza de ser un espacio para las visitas. De algún modo van envejeciendo y puede que disfruten algo de su "renovada" independencia, pero ya están algo viejos y el amor hace tiempo no sabe tan bien. Entonces terminan por morir y deshabitar el lugar para que alguien más se encargue de venderlo a otros hijos en busca de independencia.
Al final debo decir que ese modelo de independencia está algo sobrevalorado. Creo que este mundo necesita más verde, y urbanizar no es precisamente la manera correcta de lograrlo. Quizás sea momento para empezar a cambiar nuestros hábitos y valores. Desde mi perspectiva no veo la necesidad de alejarse de los beneficios que presenta convivir en un núcleo familiar.
Ya sea que queramos compartir con una pareja o no, si no nos avergonzáramos de las cosas que todos hacemos y que son tan naturales, no sería necesario alejarnos de compartir con nuestros padres, cuidar de nuestros familiares en ausencia de otros, gozar de cenas familiares, etc. No por esto digo que haya que soportar un montón de familia indeseada, pero al menos pongo en juicio el hecho de que si nos educáramos de una manera más naturalista y sin prejuicios, quizás no sería necesario hablar siquiera de tolerancia.
Y así, también hablaríamos de una educación sexual más orientada hacia un buen control de la natalidad y fortalecer ciertos valores que no necesariamente implican el estándar de núcleo familiar tradicional, sino valorar más la unión y relación entre los actores. De igual modo siendo más un condominio familiar, siempre existirán figuras maternales, paternales, fraternales, etc.
Hay que desechar de una vez por todas esas ideas de tener muchos hijos o hijas, eso servía cuando la progenie pasaba a formar parte de la mano de obra de los grandes latifundios. O también aquel viejo sentimiento egoísta de tener un hijo de nuestra propia sangre 'Por favor! Ni que tuviéramos sangre real (como si alguna vez algo así hubiese existido)
Empecemos a ser cada día más abiertos y comunicativos con nuestros seres queridos, necesitamos conservar para que nuestra tierra siga con vida, y si tenemos que seguir cambiando árboles por urbanizaciones, ¿A quienes iremos a meter en ellas? La población mundial sigue en crecimiento, pongamos nuestro granito de arena para no tener que vivir apilados en un mundo donde no hay tantos recursos para caprichos.
Como ya lo había planteado alguna vez, muchos de los problemas que afronta nuestro planeta tienen que ver con el crecimiento desmedido de las sociedades, y al estar dominados por una cultura de consumo, no podemos simplemente decir, como Gandhi, que los recursos existen pero están mal distribuidos, muy pronto tendremos que matarnos por un techo propio. Sé que suena cruel pero si la cosa sigue de este modo, en algún tiempo habrá que realizar campañas de castración humanas como se hace actualmente con los animales callejeros.
Debemos aprender a vivir y trabajar en equipo, todos por igual como iguales, construyendo nuevos valores que no hagan desear una independencia para poder actuar como seres humanos, buscando una formación integral dentro del marco de la sensatez y educando con el fin de que en un futuro quede espacio para la vida en La Tierra.
Jajajaja, qué novedad!!
Bueno, como lo han podido leer en el encabezado, pues es cierto. El paradigma de la independencia se tiene que reformar para bien de nuestro planeta y nuestra salud.
"Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra", esta frase tomada de un viejo libro resulta ser una somera estupidez en los tiempos de hoy.
Hemos llenado tanto la tierra de gente que no solamente señoreamos a los peces, las aves y demás animalitos, sino que además tuvimos que llevarlos casi al exterminio porque nos están quitando espacio en NUESTRO mundo. Efectivamente no critico la parte de sojuzgar la tierra, definitivamente lo logramos, y le pusimos precio además. Y para muchos y muchas se convirtió en su sustento.
Reclamar tierras y luego venderlas. ¿Reclamarlas a quién y venderlas a quién? No termino de explicarme por más historia que lea, ¿cómo diablos es que nuestro patrimonio pasó a ser manos de unos pocos?
Pero bien, no quiero entrar en esas discusiones ya que podría aparecer alguien intentando parafrasear un poco de textos para darle sentido a algo que por muy histórico que sea nunca va a tener sentido para mí. Voy a ir al grano.
Desde que tengo memoria, el modelo por el cual nos regimos y por medio del cual planificamos nuestras vidas es el siguiente: "Nacer, crecer, reproducirse y morir". Conforme vamos creciendo y aprendiendo nuevos conceptos comenzamos a añadir acciones a ese modelo: Nacer, crecer, encontrar pareja, independizarse, encontrar trabajo, reproducirse, mantener el trabajo, cotizar para la pensión, pagar impuestos, seguir trabajando, pensionarse, intentar disfrutar de la vida que nos queda y morir.
Casi que ya he hablado de cada una de esas cosas que involucra la vida, pero esta vez me toca la independencia.
Independizarse es algo que se vuelve un anhelo a partir de la adolescencia por los motivos que ya todos conocemos pero que se resumen en una palabra: privacidad. ¿Y cómo no vamos a querer privacidad en un mundo que reprime nuestra naturaleza y condena los cambios que presenta nuestro cuerpo con el crecimiento?
Si viviéramos en un mundo más equitativo, masturbarse o hacer el amor sería visto con tanta cotidianeidad como ir a orinar o a cagar (cosas que debo decir además tienen cierto tinte de restricción al menos en lo que respecta a la divulgación). Si no nos preocupáramos por el tamaño de nuestros genitales o por no encajar con nuestros gustos, ¿sería tan importante independizarse?
Tenemos un modelo de independencia que no es más que una copia de lo que el sistema necesita y que nos lo reproduce a través de los medios. El negocio de las propiedades privadas genera muchísimas riquezas. Tener un terreno y hacer una vivienda en ella ya sea para alquilar o habitar es un gran negocio. Conforme la tierra se va poblando más y más, la competencia por hacerse de un lugar para vivir es mayor, y por ende el precio sube.
Nosotr@s para variar, no escatimamos en las consecuencias de construir una casa y por supuesto quienes venden no se interesan más que en el dinero. De ese modo quitamos áreas verdes, destruimos ecosistemas, dañamos mantos acuíferos, modificamos el panorama natural y robamos el hogar a animales e insectos.
Y bien, obtenemos nuestra añorada independencia, metemos gente a nuestra cama y hacemos ruidos extraños mientras nuestros padres se quedan con un cuarto vacío que pasados los años se convierte en una bodega o se mantiene allí con la esperanza de ser un espacio para las visitas. De algún modo van envejeciendo y puede que disfruten algo de su "renovada" independencia, pero ya están algo viejos y el amor hace tiempo no sabe tan bien. Entonces terminan por morir y deshabitar el lugar para que alguien más se encargue de venderlo a otros hijos en busca de independencia.
Al final debo decir que ese modelo de independencia está algo sobrevalorado. Creo que este mundo necesita más verde, y urbanizar no es precisamente la manera correcta de lograrlo. Quizás sea momento para empezar a cambiar nuestros hábitos y valores. Desde mi perspectiva no veo la necesidad de alejarse de los beneficios que presenta convivir en un núcleo familiar.
Ya sea que queramos compartir con una pareja o no, si no nos avergonzáramos de las cosas que todos hacemos y que son tan naturales, no sería necesario alejarnos de compartir con nuestros padres, cuidar de nuestros familiares en ausencia de otros, gozar de cenas familiares, etc. No por esto digo que haya que soportar un montón de familia indeseada, pero al menos pongo en juicio el hecho de que si nos educáramos de una manera más naturalista y sin prejuicios, quizás no sería necesario hablar siquiera de tolerancia.
Y así, también hablaríamos de una educación sexual más orientada hacia un buen control de la natalidad y fortalecer ciertos valores que no necesariamente implican el estándar de núcleo familiar tradicional, sino valorar más la unión y relación entre los actores. De igual modo siendo más un condominio familiar, siempre existirán figuras maternales, paternales, fraternales, etc.
Hay que desechar de una vez por todas esas ideas de tener muchos hijos o hijas, eso servía cuando la progenie pasaba a formar parte de la mano de obra de los grandes latifundios. O también aquel viejo sentimiento egoísta de tener un hijo de nuestra propia sangre 'Por favor! Ni que tuviéramos sangre real (como si alguna vez algo así hubiese existido)
Empecemos a ser cada día más abiertos y comunicativos con nuestros seres queridos, necesitamos conservar para que nuestra tierra siga con vida, y si tenemos que seguir cambiando árboles por urbanizaciones, ¿A quienes iremos a meter en ellas? La población mundial sigue en crecimiento, pongamos nuestro granito de arena para no tener que vivir apilados en un mundo donde no hay tantos recursos para caprichos.
Como ya lo había planteado alguna vez, muchos de los problemas que afronta nuestro planeta tienen que ver con el crecimiento desmedido de las sociedades, y al estar dominados por una cultura de consumo, no podemos simplemente decir, como Gandhi, que los recursos existen pero están mal distribuidos, muy pronto tendremos que matarnos por un techo propio. Sé que suena cruel pero si la cosa sigue de este modo, en algún tiempo habrá que realizar campañas de castración humanas como se hace actualmente con los animales callejeros.
Debemos aprender a vivir y trabajar en equipo, todos por igual como iguales, construyendo nuevos valores que no hagan desear una independencia para poder actuar como seres humanos, buscando una formación integral dentro del marco de la sensatez y educando con el fin de que en un futuro quede espacio para la vida en La Tierra.
sábado, 28 de mayo de 2011
El yo ambiguo
Insensatamente tímido pero anormalmente abierto.
Ortodoxo y moralista, pero desafiantemente progresista.
Debo decir que lo que la gente no entiende de mí, yo tampoco lo entiendo. Creo que por mucho tiempo he ignorado lo contradictoria que debe ser mi persona para los demás. Me doy cuenta que muchas de las ideas que profeso no son siempre interpretadas por mí mismo de la misma manera.
Sí, ya sé que es demasiado confuso. Pero para verlo de otro modo creo que basta con decir que mi subjetividad supera por mucho mi objetividad. Entonces aunque crea algo con fervorosa pasión me resulta inevitable ser atacado por todas esas inconscientes emociones humanas y de repente encontrarme desvirtuando mis propios valores para pasar por encima de alguien más y asegurarme una pequeña pero placentera satisfacción para mi ego.
Entonces también me veo cambiando de opinión, o ajustando mis creencias a mi estado anímico (que debo aclarar de paso que es muy inestable), pero no todo cambia completamente, sino nada más en algunos detalles, detalles que aseguran un triunfo al hundir las ideas de otra persona.
Sí, mi forma de actuar es demasiado estúpida. Creo que de algún modo mi miedo a caer en depresión es lo que estimula esa necesidad de estar siempre a la ofensiva. Además mis cambiantes estados de ánimo producen una imagen completamente incoherente de mí mismo.
Como ejemplo a veces quiero acostarme con una chica y hacerle el amor hasta deshidratarme, pero en otro momento desearía acariciarle el cabello mientras la miro fijamente a los ojos. Y todo eso lo proyecto haciendo que la gente desconfíe de mis intensiones.
Por otro lado está el asunto aquel de que me gusta crear personajes de mí mismo. A veces pienso que vivo en una especie de obra en la cual interpreto varios papeles, no por el hecho de querer engañar a la gente, sino por el hecho de que me gusta ajustarme al ambiente. Pero de repente llega el momento en que los personajes deben juntarse en un escenario diferente y la actuación se complica.
Hablar de esto me está haciendo pensar en más contrariedades, pero sea lo que sea, me gustaría tener estabilidad. El problema es que mientras sea una persona que nada contra la corriente y tiene que luchar contra todo su bagaje cultural para no ser un completo patán, difícilmente logre mostrar una cara congruente ante los demás...
Ortodoxo y moralista, pero desafiantemente progresista.
Debo decir que lo que la gente no entiende de mí, yo tampoco lo entiendo. Creo que por mucho tiempo he ignorado lo contradictoria que debe ser mi persona para los demás. Me doy cuenta que muchas de las ideas que profeso no son siempre interpretadas por mí mismo de la misma manera.
Sí, ya sé que es demasiado confuso. Pero para verlo de otro modo creo que basta con decir que mi subjetividad supera por mucho mi objetividad. Entonces aunque crea algo con fervorosa pasión me resulta inevitable ser atacado por todas esas inconscientes emociones humanas y de repente encontrarme desvirtuando mis propios valores para pasar por encima de alguien más y asegurarme una pequeña pero placentera satisfacción para mi ego.
Entonces también me veo cambiando de opinión, o ajustando mis creencias a mi estado anímico (que debo aclarar de paso que es muy inestable), pero no todo cambia completamente, sino nada más en algunos detalles, detalles que aseguran un triunfo al hundir las ideas de otra persona.
Sí, mi forma de actuar es demasiado estúpida. Creo que de algún modo mi miedo a caer en depresión es lo que estimula esa necesidad de estar siempre a la ofensiva. Además mis cambiantes estados de ánimo producen una imagen completamente incoherente de mí mismo.
Como ejemplo a veces quiero acostarme con una chica y hacerle el amor hasta deshidratarme, pero en otro momento desearía acariciarle el cabello mientras la miro fijamente a los ojos. Y todo eso lo proyecto haciendo que la gente desconfíe de mis intensiones.
Por otro lado está el asunto aquel de que me gusta crear personajes de mí mismo. A veces pienso que vivo en una especie de obra en la cual interpreto varios papeles, no por el hecho de querer engañar a la gente, sino por el hecho de que me gusta ajustarme al ambiente. Pero de repente llega el momento en que los personajes deben juntarse en un escenario diferente y la actuación se complica.
Hablar de esto me está haciendo pensar en más contrariedades, pero sea lo que sea, me gustaría tener estabilidad. El problema es que mientras sea una persona que nada contra la corriente y tiene que luchar contra todo su bagaje cultural para no ser un completo patán, difícilmente logre mostrar una cara congruente ante los demás...
sábado, 21 de mayo de 2011
Desilusión (dios mediante)
Recuerdo la casa de mi abuela, de madera vieja, con piso de ocre desnivelado, lleno de repisas en las que figuraban muchas imágenes y retratos de santos, santas, vírgenes, redentores, etc.
Recuerdo que sentía una atracción enorme por toda esa parafernalia. Era un niño religioso. Rechazaba todos los paseos familiares de "semana santa" con tal de asistir devotamente a las procesiones y ver las películas que año a año transmiten por televisión nacional desde que tengo memoria.
Recuerdo jugar a hacer procesiones con las imágenes de mi abuela, cosa que ella por supuesto no permitía pero que yo me las ingeniaba para lograr en secreto. Imaginaba la música, me fascinaban las marchas fúnebres y las fanfarrias de las procesiones. Imaginaba el olor a incienso y quería hacer esos recorridos aún más largos y solemnes de lo que ya eran.
Con el tiempo me fui dando cuenta de que en realidad no era la religión lo que me importaba, eran las procesiones. Había algo en la grandilocuencia de esas manifestaciones religiosas que me encantaba. Quizás no era algo, era el conjunto de sucesos, muchas cosas.
Me maravillaba el arte de las imágenes, la delicadeza de los acabados, las expresiones de los rostros (muchas veces torturados), los detalles de las vestiduras, las decoraciones de metales brillantes y las estructuras en que las transportaban.
Me encantaba la música. Repito esto porque creo que ha sido un factor muy determinante en mi carrera profesional. Me encantaba el timbre que generaba ese ensamble más lleno de bronces que de cualquier otra cosa. Unas frecuencias ultra agudas y brillantes de las trompetas contrastando con el pulso grave y opaco del bajo de marcha y el bombo. Además todos esos registros medios en los clarinetes, saxofones, eufonios y trombones que llevaban un misterioso acompañamiento casi coral.
Los religiosos y las personas asociadas al ritual también tenían cierta mística dentro del asunto. Todos y todas con sus impecables atuendos. Los sacerdotes con esas gruesas vestiduras y hasta los monaguillos portando cruces de más metal brillante, esparciendo el humo del incienso y portando algunos otros objetos.
No menos importantes eran las representaciones de los soldados romanos y otros personajes del nuevo testamento. Todas esas vestiduras llenas de detallados ornamentos y cada cual sumergido en su personaje. Era algo sublime. Eran las interpretaciones callejeras de las narraciones de un viejo libro. Había mucho arte en eso, y yo siempre encontraba algo nuevo y diferente cada año.
No puedo decir en qué momento perdí el interés. A decir verdad no creo que haya perdido el interés, más bien fue una algo así como circunstancial. Las cosas cada vez eran más complicadas y comenzó a faltar el tiempo como nos sucede cuando crecemos. Luego vino la universidad y la duda entró. A partir de ahí todo fue en declive, los debates y la información dilucidaron aspectos formales que no había considerado nunca con respecto al mito, y que de inmediato calaron en el razonamiento y la sensatez.
Pero eso no significó para mí el rechazo total de algo que en mi niñez había sido importante. Traté de obviar todo lo que pensaba respecto a la religión y tomé esas manifestaciones como simples actos de interés cultural. No tenía por qué involucrarme en el rito para disfrutar de la actividad.
Así que decidido a revivir las maravillas de mi niñez, volví luego de muchos años a una procesión. Lo primero que noté fue que algo había cambiado, ya no eran aquellas imágenes que me fascinaban las que protagonizaban el acto sino personas reales queriendo interpretar los personajes. No debo aclarar que fue una gran desilusión, de algún modo las imágenes eran más convincentes que las personas para interpretar personajes de esa índole.
Pero bueno, la primera decepción no fue tan grande como la segunda. Ahora la música no era tan sublime. Después de entrenar mi oído ya no me impresionaban tanto esos arreglos musicales, mucho menos era grato escuchar las desafinaciones y notas falsas de los ejecutantes.
Definitivamente era decepcionante, pero lo peor al final tenía que ver con algo que ni siquiera había contemplado como un recuerdo grato que podía desvanecerse.
La peor desilusión fue la gente. Durante mi niñez no alcanzaba a observar (no sé si por indiferencia o distracción) los rostros de las personas que asistían, y pronto comencé a notar que me miraban con una expresión de desdén. Luego, analizando a la gente a mi alrededor, comprendí que nadie vestía fachas como las mías y que no había ni un solo joven con la cabellera larga y barba descuidada de varios días a excepción de quien interpretaba a Jesucristo.
Fue ahí cuando comenzaron a pasar frente a mí todos esos prejuicios que siempre han profesado la religión, y de a poco vi desfilar la desaprobación por los temas de educación sexual, la intolerancia hacia la diversidad sexual, la intolerancia hacia otros credos, el culto a las apariencias, etc.
Y quise intentar desviar mi atención hacia las cosas brillantes que tanto llamaban la atención en mi niñez pero ya era tarde. Tarde para recobrar mi inocencia. Ahora todos esos objetos, esos metales, eran símbolo de soberbia. Y veía como en su afán por agradar a dios, le obsequiaban riquezas que sólo tienen valor en éste mundo y con las cuales podían ayudar al prójimo dándoles el uso que pueden tener como objetos canjeables por bienes materiales básicos para quienes nada tienen. Y de repente esas largas y adornadas vestiduras podían cobijar a los más necesitados y aquellas y aquellos colaboradores podrían estar trabajando en obras de bien social.
Y sentí una profunda lástima, no por lo que ya era evidente y había cuestionado hacía tiempo ya, sino por el arte que había desaparecido. Por muy cultural que fuera la actividad, aquél niño maravillado había muerto una vez más, y el joven que se encontraba por ahí decidió no creer más en un dios que parecía complacerse con todo eso. A partir de ahí comencé una nueva búsqueda de maravillas...
Recuerdo que sentía una atracción enorme por toda esa parafernalia. Era un niño religioso. Rechazaba todos los paseos familiares de "semana santa" con tal de asistir devotamente a las procesiones y ver las películas que año a año transmiten por televisión nacional desde que tengo memoria.
Recuerdo jugar a hacer procesiones con las imágenes de mi abuela, cosa que ella por supuesto no permitía pero que yo me las ingeniaba para lograr en secreto. Imaginaba la música, me fascinaban las marchas fúnebres y las fanfarrias de las procesiones. Imaginaba el olor a incienso y quería hacer esos recorridos aún más largos y solemnes de lo que ya eran.
Con el tiempo me fui dando cuenta de que en realidad no era la religión lo que me importaba, eran las procesiones. Había algo en la grandilocuencia de esas manifestaciones religiosas que me encantaba. Quizás no era algo, era el conjunto de sucesos, muchas cosas.
Me maravillaba el arte de las imágenes, la delicadeza de los acabados, las expresiones de los rostros (muchas veces torturados), los detalles de las vestiduras, las decoraciones de metales brillantes y las estructuras en que las transportaban.
Me encantaba la música. Repito esto porque creo que ha sido un factor muy determinante en mi carrera profesional. Me encantaba el timbre que generaba ese ensamble más lleno de bronces que de cualquier otra cosa. Unas frecuencias ultra agudas y brillantes de las trompetas contrastando con el pulso grave y opaco del bajo de marcha y el bombo. Además todos esos registros medios en los clarinetes, saxofones, eufonios y trombones que llevaban un misterioso acompañamiento casi coral.
Los religiosos y las personas asociadas al ritual también tenían cierta mística dentro del asunto. Todos y todas con sus impecables atuendos. Los sacerdotes con esas gruesas vestiduras y hasta los monaguillos portando cruces de más metal brillante, esparciendo el humo del incienso y portando algunos otros objetos.
No menos importantes eran las representaciones de los soldados romanos y otros personajes del nuevo testamento. Todas esas vestiduras llenas de detallados ornamentos y cada cual sumergido en su personaje. Era algo sublime. Eran las interpretaciones callejeras de las narraciones de un viejo libro. Había mucho arte en eso, y yo siempre encontraba algo nuevo y diferente cada año.
No puedo decir en qué momento perdí el interés. A decir verdad no creo que haya perdido el interés, más bien fue una algo así como circunstancial. Las cosas cada vez eran más complicadas y comenzó a faltar el tiempo como nos sucede cuando crecemos. Luego vino la universidad y la duda entró. A partir de ahí todo fue en declive, los debates y la información dilucidaron aspectos formales que no había considerado nunca con respecto al mito, y que de inmediato calaron en el razonamiento y la sensatez.
Pero eso no significó para mí el rechazo total de algo que en mi niñez había sido importante. Traté de obviar todo lo que pensaba respecto a la religión y tomé esas manifestaciones como simples actos de interés cultural. No tenía por qué involucrarme en el rito para disfrutar de la actividad.
Así que decidido a revivir las maravillas de mi niñez, volví luego de muchos años a una procesión. Lo primero que noté fue que algo había cambiado, ya no eran aquellas imágenes que me fascinaban las que protagonizaban el acto sino personas reales queriendo interpretar los personajes. No debo aclarar que fue una gran desilusión, de algún modo las imágenes eran más convincentes que las personas para interpretar personajes de esa índole.
Pero bueno, la primera decepción no fue tan grande como la segunda. Ahora la música no era tan sublime. Después de entrenar mi oído ya no me impresionaban tanto esos arreglos musicales, mucho menos era grato escuchar las desafinaciones y notas falsas de los ejecutantes.
Definitivamente era decepcionante, pero lo peor al final tenía que ver con algo que ni siquiera había contemplado como un recuerdo grato que podía desvanecerse.
La peor desilusión fue la gente. Durante mi niñez no alcanzaba a observar (no sé si por indiferencia o distracción) los rostros de las personas que asistían, y pronto comencé a notar que me miraban con una expresión de desdén. Luego, analizando a la gente a mi alrededor, comprendí que nadie vestía fachas como las mías y que no había ni un solo joven con la cabellera larga y barba descuidada de varios días a excepción de quien interpretaba a Jesucristo.
Fue ahí cuando comenzaron a pasar frente a mí todos esos prejuicios que siempre han profesado la religión, y de a poco vi desfilar la desaprobación por los temas de educación sexual, la intolerancia hacia la diversidad sexual, la intolerancia hacia otros credos, el culto a las apariencias, etc.
Y quise intentar desviar mi atención hacia las cosas brillantes que tanto llamaban la atención en mi niñez pero ya era tarde. Tarde para recobrar mi inocencia. Ahora todos esos objetos, esos metales, eran símbolo de soberbia. Y veía como en su afán por agradar a dios, le obsequiaban riquezas que sólo tienen valor en éste mundo y con las cuales podían ayudar al prójimo dándoles el uso que pueden tener como objetos canjeables por bienes materiales básicos para quienes nada tienen. Y de repente esas largas y adornadas vestiduras podían cobijar a los más necesitados y aquellas y aquellos colaboradores podrían estar trabajando en obras de bien social.
Y sentí una profunda lástima, no por lo que ya era evidente y había cuestionado hacía tiempo ya, sino por el arte que había desaparecido. Por muy cultural que fuera la actividad, aquél niño maravillado había muerto una vez más, y el joven que se encontraba por ahí decidió no creer más en un dios que parecía complacerse con todo eso. A partir de ahí comencé una nueva búsqueda de maravillas...
sábado, 14 de mayo de 2011
Algunos pensamientos...
Recuerdo cómo gustaba de ponerse mi ropa. Nunca supe si para sentir mi aroma o para impregnarme del suyo, pero lejos de los estímulos olfativos me encantaba su mirada traviesa durante la rutina de modelaje. Jamás mis atuendos se han ajustado tan bien a cuerpo alguno...
El último juguete que recibí de mi madre fue unos colmillos de broma. Luego de casi un año seguían empaquetados sobre mi mesita de noche. De ese modo mi mamá se dió cuenta que yo ya no era un niño, de ese modo me dí cuenta que me había vuelto un amargado...
No me decepciona que me mientas... Me decepciona que no me mientas más frecuentemente, porque así al menos conservaría la ilusión..
He visto tu lunar y lo quiero en mi boca....
Dame un instante de tu piel aunque sea para seguir masturbando mi alma...
El último juguete que recibí de mi madre fue unos colmillos de broma. Luego de casi un año seguían empaquetados sobre mi mesita de noche. De ese modo mi mamá se dió cuenta que yo ya no era un niño, de ese modo me dí cuenta que me había vuelto un amargado...
No me decepciona que me mientas... Me decepciona que no me mientas más frecuentemente, porque así al menos conservaría la ilusión..
He visto tu lunar y lo quiero en mi boca....
Dame un instante de tu piel aunque sea para seguir masturbando mi alma...
sábado, 30 de abril de 2011
Sobre los modelos de vida...
¿Por qué será tan difícil definir un sistema personalizado de valores que resista la presión que ejercen los valores del colectivo?
¿Quién define los principios de las masas? ¿De qué le sirve adiestrarlas de esta manera?
Ésas anteriores son preguntas que me han estado martillando la cabeza estos últimos días.
Debo decir que cuando hablo de valores (y muy probablemente ya lo he hecho con anterioridad) tengo que hacer un pequeño paréntesis y aclarar que no hay nada más frágil que eso. La escala de valores puede variar o ser modificada de acuerdo a las circunstancias y situaciones que experimente el individuo en un determinado momento.
Así por ejemplo si otra persona se expresa hacia ti de una manera que no consideras compatible con tu definición de respeto es muy probable que te sientas presionado o presionada a actuar de una manera "no respetuosa" y de ese modo podrías llegar a reinterpretar ese valor. O un valor como la lealtad se puede ver comprometido por una situación sentimental o material que pueda involucrar, o no, otros valores de tu escala.
Bueno, al final lo que quiero decir es que por mucho que exprese, escriba, recite, o cante, siempre es posible que en un momento dado me comporte diferente a lo que en mis escritos trato de ir describiendo como un estilo de vida modelo. Pero ahora viene lo que es realmente incómodo y que por ende me obsesiona.
He intentado de muchas formas creer en mis valores y a la vez darle valor a mis creencias. Digamos que he tomado ideas de cuanto he ido acumulando en conocimiento para poder tener una ideología íntegra de valores, costumbres, creencias y hábitos; y estoy sumamente convencido de que voy por buen camino para llegar a poseer un sistema bastante equilibrado y lleno de satisfacciones.
Pero de repente todo en lo que creo pareciera no tener un valor real, ya que no solamente mis principios contravienen a los de los demás, sino que la sociedad se empeña en desestimarlas. Peor aún, la gente dice estar de acuerdo con lo que pienso actúan de una manera ajena a sus afirmaciones.
Entonces la presión aparece en forma de soledad. Pero no una soledad física, sino una soledad filosófica. Comienzo a sentir que la construcción de mis conocimientos se dio de una forma inadecuada y que en algún momento mis valores (que debían ser muy similares a las del colectivo) se apartaron del camino y se perdieron en oscuros parajes, como evadiendo la realidad.
Porque sí, créelo o no, parece que la mayoría de la gente ve la vida del mismo modo. Las aspiraciones, metas, alegrías, todo es como si alguien nos insertara los mismos ideales en la mente y nos dirigiera hacia las mismas metas.
Entiendo perfectamente las repercusiones de vivir bajo un sistema absurdamente capitalista. Entiendo que la gente quiera sentirse poderosa por medio de sus pertenencias. Pero me es inconcebible que, a pesar de vivir bajo estos regímenes, aún haya gente que se dice "cristiano" cuando Cristo daba tantísimo valor a la humildad, y dejaba claro que era por medio de la pobreza que podríamos llegar al reino de Dios.
La ambivalencia en que vivimos me hace dudar de mí. Yo que no me profeso como religioso, que más bien aprovecho cualquier oportunidad para blasfemar abiertamente, aparezco ante los fieles en condiciones más puras que ellos. Entonces ¿Será que estoy mal?
No puedo ser feliz entre tanta incongruencia. Mi modelo de vida está encausado a buscar la felicidad, como debiera serlo en el caso de todas las personas, pero de algún modo entre mis ideales hay grandes apartados destinados a la convivencia, y si la gente no actúa con sensatez y no cumplen con sus principios, entonces no voy a lograr el ambiente que ocupo para sentirme a gusto con mi medio. Y hago de nuevo la pregunta:
¿Quién define los principios de las masas? ¿De qué le sirve adiestrarlas de esta manera?
Sea quien sea, y sea cual sea su intención, espero que se dé cuenta de que ya casi no quedan conciencias ni individuos. La gente está dispuesta a vivir una vida vacía y sin consideración por nuestro mundo y nuestra especie, con tal de poseer bienes materiales. Sé que no arreglaré nada con todo esto pero al menos pongo en evidencia que tanto usted como yo hemos sido etiquetados con un precio muy inferior a cualquier objeto que podamos observar a nuestro alrededor...
¿Quién define los principios de las masas? ¿De qué le sirve adiestrarlas de esta manera?
Ésas anteriores son preguntas que me han estado martillando la cabeza estos últimos días.
Debo decir que cuando hablo de valores (y muy probablemente ya lo he hecho con anterioridad) tengo que hacer un pequeño paréntesis y aclarar que no hay nada más frágil que eso. La escala de valores puede variar o ser modificada de acuerdo a las circunstancias y situaciones que experimente el individuo en un determinado momento.
Así por ejemplo si otra persona se expresa hacia ti de una manera que no consideras compatible con tu definición de respeto es muy probable que te sientas presionado o presionada a actuar de una manera "no respetuosa" y de ese modo podrías llegar a reinterpretar ese valor. O un valor como la lealtad se puede ver comprometido por una situación sentimental o material que pueda involucrar, o no, otros valores de tu escala.
Bueno, al final lo que quiero decir es que por mucho que exprese, escriba, recite, o cante, siempre es posible que en un momento dado me comporte diferente a lo que en mis escritos trato de ir describiendo como un estilo de vida modelo. Pero ahora viene lo que es realmente incómodo y que por ende me obsesiona.
He intentado de muchas formas creer en mis valores y a la vez darle valor a mis creencias. Digamos que he tomado ideas de cuanto he ido acumulando en conocimiento para poder tener una ideología íntegra de valores, costumbres, creencias y hábitos; y estoy sumamente convencido de que voy por buen camino para llegar a poseer un sistema bastante equilibrado y lleno de satisfacciones.
Pero de repente todo en lo que creo pareciera no tener un valor real, ya que no solamente mis principios contravienen a los de los demás, sino que la sociedad se empeña en desestimarlas. Peor aún, la gente dice estar de acuerdo con lo que pienso actúan de una manera ajena a sus afirmaciones.
Entonces la presión aparece en forma de soledad. Pero no una soledad física, sino una soledad filosófica. Comienzo a sentir que la construcción de mis conocimientos se dio de una forma inadecuada y que en algún momento mis valores (que debían ser muy similares a las del colectivo) se apartaron del camino y se perdieron en oscuros parajes, como evadiendo la realidad.
Porque sí, créelo o no, parece que la mayoría de la gente ve la vida del mismo modo. Las aspiraciones, metas, alegrías, todo es como si alguien nos insertara los mismos ideales en la mente y nos dirigiera hacia las mismas metas.
Entiendo perfectamente las repercusiones de vivir bajo un sistema absurdamente capitalista. Entiendo que la gente quiera sentirse poderosa por medio de sus pertenencias. Pero me es inconcebible que, a pesar de vivir bajo estos regímenes, aún haya gente que se dice "cristiano" cuando Cristo daba tantísimo valor a la humildad, y dejaba claro que era por medio de la pobreza que podríamos llegar al reino de Dios.
La ambivalencia en que vivimos me hace dudar de mí. Yo que no me profeso como religioso, que más bien aprovecho cualquier oportunidad para blasfemar abiertamente, aparezco ante los fieles en condiciones más puras que ellos. Entonces ¿Será que estoy mal?
No puedo ser feliz entre tanta incongruencia. Mi modelo de vida está encausado a buscar la felicidad, como debiera serlo en el caso de todas las personas, pero de algún modo entre mis ideales hay grandes apartados destinados a la convivencia, y si la gente no actúa con sensatez y no cumplen con sus principios, entonces no voy a lograr el ambiente que ocupo para sentirme a gusto con mi medio. Y hago de nuevo la pregunta:
¿Quién define los principios de las masas? ¿De qué le sirve adiestrarlas de esta manera?
Sea quien sea, y sea cual sea su intención, espero que se dé cuenta de que ya casi no quedan conciencias ni individuos. La gente está dispuesta a vivir una vida vacía y sin consideración por nuestro mundo y nuestra especie, con tal de poseer bienes materiales. Sé que no arreglaré nada con todo esto pero al menos pongo en evidencia que tanto usted como yo hemos sido etiquetados con un precio muy inferior a cualquier objeto que podamos observar a nuestro alrededor...
domingo, 24 de abril de 2011
Celibato
Sé que el título de esta entrada es un poco desconcertante pero no será necesario profundizar mucho al respecto.
Hace algunos días una linda chica me estimuló sexualmente y haciendo memoria luego de la última vez que había tenido contacto sexual, me di cuenta que había pasado un año o más.
¡¿Un año o más?! ¡¡¡Es cierto!!!
Sí, para la mayoría de las personas sexualmente activas parece ser una eternidad. Y debo decir que yo he sido muy activo dentro y fuera de mis relaciones en pareja. Entonces ¿por qué tanto tiempo ya?
Bueno, creo que la respuesta es muy categórica: ¡¡Perdí mi encanto!!
Jajajajaja... Bueno no... Me encantan las deducciones dramáticas con tinte de histeria.
La verdad es que siempre he sido un hombre de pareja. Me gusta emparejarme y sentirme con eso pues tranquilo. Es cierto que he hablado muchas cosas y he experimentado los placeres del "affair", pero debo ser enfático en que después de un tiempo la trama se vuelve repetitiva. Así que ese sexo apasionado sin la dulzura y la intimidad que ofrece el estar compenetrado íntegramente con alguien más, se vuelve insípido.
De la manera que lo veo ahora, un orgasmo de ese tipo casi que yo mismo me lo puedo provocar con la debida estimulación. Pero queda pendiente lo demás: las miradas conversadoras, las caricias amorosas, los besos cariñosos y, en fin, todo lo que podría anteceder o suceder el mero acto sexual. En otras palabras debo decir (temiendo sonar como el más trillado) que el sexo sin amor no me complace.
Entonces ¿por qué no me hago de una pareja? Ese es un asunto difícil. Creo que las últimas personas con las que estuve emparejado fueron intensamente especiales. Me ensañaron tantísimas cosas y me hicieron sentir tanto amor que ahora no puedo encontrar fácilmente alguna cualidad que me haga engancharme con alguien más.
Es cierto que he topado con algunas féminas en las cuales podría trabajar mi amor, pero pareciera como si todas las que tienen alguno de esos elementos que tanto me atraen, ya están emparejadas con alguien más.
Eso a veces me hace pensar que quizás ya crucé el pináculo de mi vida amorosa y que a lo mejor debería resignarme, como lo hacen la mayoría de hombres de mi edad, a comprometerme con mujeres que no entienden de mis pasiones, que nunca se ensuciarían la ropa con tal de poder observar mejor algún animal, pero que eso no importa porque igual se ven bonitas.
No lo sé, también existe esa infundada hipótesis de que mientras más actividad sexual tienes, pues más actividad sexual generas. Pero vamos a lo mismo, quizás sea que no quiero esa actividad que pueda generar, porque de igual modo no va a complacer todas mis necesidades.
Podría ser que inconscientemente (o no tanto) me he estado reservando para una que otra promesa de amor de esas que no se han concretado, pero que siempre espero y aunque ya casi no quedan ya indicios de haber existido, suelen hacer brotar alguna lágrima cuando en las noches nos ataca el recuerdo.
Pero bien, sea cual sea el motivo creo que ya tengo más de un año de no tener una relación sexual del tipo coital y eso parece desesperarme un poco a ratos.
En mi defensa puedo decir que al menos me mantengo fiel a mis principios y no le miento a nadie con tal de recibir algún favor sexual, y de igual modo prefiero seguir en el celibato que andar como much@s de mis conocid@s en espera de un futuro retoño. Lo que sí puedo decir con certeza es que siempre es difícil encontrar a alguien especial...
Hace algunos días una linda chica me estimuló sexualmente y haciendo memoria luego de la última vez que había tenido contacto sexual, me di cuenta que había pasado un año o más.
¡¿Un año o más?! ¡¡¡Es cierto!!!
Sí, para la mayoría de las personas sexualmente activas parece ser una eternidad. Y debo decir que yo he sido muy activo dentro y fuera de mis relaciones en pareja. Entonces ¿por qué tanto tiempo ya?
Bueno, creo que la respuesta es muy categórica: ¡¡Perdí mi encanto!!
Jajajajaja... Bueno no... Me encantan las deducciones dramáticas con tinte de histeria.
La verdad es que siempre he sido un hombre de pareja. Me gusta emparejarme y sentirme con eso pues tranquilo. Es cierto que he hablado muchas cosas y he experimentado los placeres del "affair", pero debo ser enfático en que después de un tiempo la trama se vuelve repetitiva. Así que ese sexo apasionado sin la dulzura y la intimidad que ofrece el estar compenetrado íntegramente con alguien más, se vuelve insípido.
De la manera que lo veo ahora, un orgasmo de ese tipo casi que yo mismo me lo puedo provocar con la debida estimulación. Pero queda pendiente lo demás: las miradas conversadoras, las caricias amorosas, los besos cariñosos y, en fin, todo lo que podría anteceder o suceder el mero acto sexual. En otras palabras debo decir (temiendo sonar como el más trillado) que el sexo sin amor no me complace.
Entonces ¿por qué no me hago de una pareja? Ese es un asunto difícil. Creo que las últimas personas con las que estuve emparejado fueron intensamente especiales. Me ensañaron tantísimas cosas y me hicieron sentir tanto amor que ahora no puedo encontrar fácilmente alguna cualidad que me haga engancharme con alguien más.
Es cierto que he topado con algunas féminas en las cuales podría trabajar mi amor, pero pareciera como si todas las que tienen alguno de esos elementos que tanto me atraen, ya están emparejadas con alguien más.
Eso a veces me hace pensar que quizás ya crucé el pináculo de mi vida amorosa y que a lo mejor debería resignarme, como lo hacen la mayoría de hombres de mi edad, a comprometerme con mujeres que no entienden de mis pasiones, que nunca se ensuciarían la ropa con tal de poder observar mejor algún animal, pero que eso no importa porque igual se ven bonitas.
No lo sé, también existe esa infundada hipótesis de que mientras más actividad sexual tienes, pues más actividad sexual generas. Pero vamos a lo mismo, quizás sea que no quiero esa actividad que pueda generar, porque de igual modo no va a complacer todas mis necesidades.
Podría ser que inconscientemente (o no tanto) me he estado reservando para una que otra promesa de amor de esas que no se han concretado, pero que siempre espero y aunque ya casi no quedan ya indicios de haber existido, suelen hacer brotar alguna lágrima cuando en las noches nos ataca el recuerdo.
Pero bien, sea cual sea el motivo creo que ya tengo más de un año de no tener una relación sexual del tipo coital y eso parece desesperarme un poco a ratos.
En mi defensa puedo decir que al menos me mantengo fiel a mis principios y no le miento a nadie con tal de recibir algún favor sexual, y de igual modo prefiero seguir en el celibato que andar como much@s de mis conocid@s en espera de un futuro retoño. Lo que sí puedo decir con certeza es que siempre es difícil encontrar a alguien especial...
viernes, 8 de abril de 2011
El post #100
Como pudiste ver, mi post número cien fue una historia verídica. Quizás no era lo que esperaba para celebrar mis cien publicaciones, pero fue algo que cayó en el momento preciso.
La historia de "la señora de los números" es una simple narración de los hechos ocurridos el día ahí mencionado, pero sazonado con algunas descripciones para hacer entrar al lector dentro de la historia.
Debo admitir que esos hechos me ponen profundamente triste. La muerte nunca llega en un momento oportuno y hacer una crónica de sucesos relacionados con ello, pues como que no se ajusta a lo que la gente quiere escuchar.
Yo por mi parte no hablo de la muerte. Creo que ese es un post en tributo a la vida. La señora de los números era un monumento a la perseverancia, al trabajo honesto y a la fuerza de voluntad. Lamento no poder decir su nombre, ni su edad, ni tan siquiera su lugar de procedencia, lo que conocí de ella era únicamente lo perceptible por los sentidos sin indagar o profundizar en averiguaciones.
No obstante, era lo que ella representaba lo que realmente me toca el alma. Siempre he dicho que en esta vida la razón de existir es crear, hacer algo para trascender. Tal vez nunca sepa como se llamaba la señora, pero sé que trascenderá en mí su espíritu incansable. Una vida validera se mide por sus obras y yo estoy convencido de que todo habrá valido si (aunque no recuerden mi nombre) mi presencia haya tocado el corazón de alguien.
Sí, trascender no significa quedar en los libros de texto, significa hacer de tu existencia un ejemplo que pueda inspirar al menos a las personas cercanas a ti. El valor que logres transmitir a l@s demás, será transmitido por ést@s a otras personas y así aportamos algo al cambio que el mundo tanto necesita.
Es muy fácil desorientarnos en el camino de la vida, la codicia es un mal que afecta a casi todo el mundo, y dejamos de lado nuestros sueños y metas sólo por una vida de lujos. Éso es algo de lo que me hace reflexionar la señora de los números. Ella bien pudo haber vendido los números un poco más caros y sacar su faena en menos tiempo aprovechándose de su condición humilde para convencer a los compradores, y sin embargo siempre trabajó con el mismo empeño a pesar del paso de los años. Tampoco se extendió a vender más números para rifas con diferentes sorteos, ella simplemente ganaba lo necesario para sobrevivir. De algún modo me hace pensar en esa gente que genera suficiente dinero como para vivir a sus anchas pero a su vez viven encadenados a un brete.
De igual modo recuerdo las palabras de un amigo al referirse al trabajo deshonesto: "Prefiero creer que voy a ir al cielo". Muchas personas se engañan y engañan a otras personas haciendo trabajos para los que no son capaces, de ese modo embaucan y exprimen a otros que también son trabajadores y que terminan por ver la vida injusta al comprobar que muchas veces quienes hacen menos ganan más dinero.
Insisto en que el dinero no lo es todo, pero en nuestro sistema es la rueda que hace funcionar todo el engranaje. Esta señora nos demuestra además, que no es necesario embaucar a nadie. Ella hacía algo para lo que estaba capacitada y con eso lograba el sustento. Volviendo a la codicia, eso es lo que hace que nos pongamos una cara de barro para salir y hacer mediocremente nuestro trabajo cada día.
Podría seguir hablando de valores pero se me va el post. También quiero mencionar al menos un poco sobre el misterio de la muerte.
Me parece tristemente irónico que yo haya sido posiblemente una de las últimas personas que habló con ella. O sea, al fin y al cabo yo ni siquiera quería hablarle, tan solo quería comer para estar en paz. Muchas veces uno piensa en el final, y al menos yo, en mis recuerdos más cercanos a la muerte, desearía poder despedirme de mis seres queridos. Pero nunca pensaría siquiera en que mis últimas palabras podrían ser intercambiadas con un cliente, mucho menos con un cliente que tenga en mente cosas "más importantes" que hablar conmigo.
Además me pienso: ¿Y si hubiera ido a abrir la puerta desde la primera llamada? ¿Y si no hubiera continuado con mi plan de no abrir la puerta? ¿Acaso pude haber influido para que el camión topara con ella en una hora determinada?
¿Deprimente? Sí, pero uno no puede hacer nada al respecto. Igual uno nunca se pregunta cuando todo sale bien, si alguna acción hubiera provocado la muerte de alguien. Las posibilidades son infinitas y puedo pasarme el resto de mi vida especulando al respecto, pero al final como dice mi mamá: "cuando toca, toca".
Por otro lado también me viene a la mente el porqué una persona con una vida tan ejemplar haya tenido un final tan trágico. Una mujer trabajadora muere como un perro en la calle, eso no es digno. ¿Qué hay respecto al karma? ¿O será que tenía un pasado muy oscuro? ¿Por qué no se ha muerto aquél drogadicto imbécil que le mete al cuerpo cuanta cosa dañina encuentra, y que molesta tanto a la gente trabajadora?
Es un poco más de lo que me hace desconfiar de la justicia divina. Casi siempre las cosas que nos hacen algún bien se desvanecen, mientras que las que nos hacen mal se mantienen por siempre.
Al final sólo me queda decir que la muerte siempre va acompañada de mucha ironía. Si existe un cielo, espero que esa doñita esté disfrutando de él. Ojalá algún día obtenga una foto y su nombre para poder terminar de hacer su homenaje, el homenaje a una de esas figuras de infancia, que son tan rutinarias que creemos que durarán para siempre pero que, como todo en la vida, tienen un final y nos hace sentir que con cada día que pasa se acerca más nuestro tiempo de partida y alguien más reflexionará y se cuestionará sobre nuestro legado...
La historia de "la señora de los números" es una simple narración de los hechos ocurridos el día ahí mencionado, pero sazonado con algunas descripciones para hacer entrar al lector dentro de la historia.
Debo admitir que esos hechos me ponen profundamente triste. La muerte nunca llega en un momento oportuno y hacer una crónica de sucesos relacionados con ello, pues como que no se ajusta a lo que la gente quiere escuchar.
Yo por mi parte no hablo de la muerte. Creo que ese es un post en tributo a la vida. La señora de los números era un monumento a la perseverancia, al trabajo honesto y a la fuerza de voluntad. Lamento no poder decir su nombre, ni su edad, ni tan siquiera su lugar de procedencia, lo que conocí de ella era únicamente lo perceptible por los sentidos sin indagar o profundizar en averiguaciones.
No obstante, era lo que ella representaba lo que realmente me toca el alma. Siempre he dicho que en esta vida la razón de existir es crear, hacer algo para trascender. Tal vez nunca sepa como se llamaba la señora, pero sé que trascenderá en mí su espíritu incansable. Una vida validera se mide por sus obras y yo estoy convencido de que todo habrá valido si (aunque no recuerden mi nombre) mi presencia haya tocado el corazón de alguien.
Sí, trascender no significa quedar en los libros de texto, significa hacer de tu existencia un ejemplo que pueda inspirar al menos a las personas cercanas a ti. El valor que logres transmitir a l@s demás, será transmitido por ést@s a otras personas y así aportamos algo al cambio que el mundo tanto necesita.
Es muy fácil desorientarnos en el camino de la vida, la codicia es un mal que afecta a casi todo el mundo, y dejamos de lado nuestros sueños y metas sólo por una vida de lujos. Éso es algo de lo que me hace reflexionar la señora de los números. Ella bien pudo haber vendido los números un poco más caros y sacar su faena en menos tiempo aprovechándose de su condición humilde para convencer a los compradores, y sin embargo siempre trabajó con el mismo empeño a pesar del paso de los años. Tampoco se extendió a vender más números para rifas con diferentes sorteos, ella simplemente ganaba lo necesario para sobrevivir. De algún modo me hace pensar en esa gente que genera suficiente dinero como para vivir a sus anchas pero a su vez viven encadenados a un brete.
De igual modo recuerdo las palabras de un amigo al referirse al trabajo deshonesto: "Prefiero creer que voy a ir al cielo". Muchas personas se engañan y engañan a otras personas haciendo trabajos para los que no son capaces, de ese modo embaucan y exprimen a otros que también son trabajadores y que terminan por ver la vida injusta al comprobar que muchas veces quienes hacen menos ganan más dinero.
Insisto en que el dinero no lo es todo, pero en nuestro sistema es la rueda que hace funcionar todo el engranaje. Esta señora nos demuestra además, que no es necesario embaucar a nadie. Ella hacía algo para lo que estaba capacitada y con eso lograba el sustento. Volviendo a la codicia, eso es lo que hace que nos pongamos una cara de barro para salir y hacer mediocremente nuestro trabajo cada día.
Podría seguir hablando de valores pero se me va el post. También quiero mencionar al menos un poco sobre el misterio de la muerte.
Me parece tristemente irónico que yo haya sido posiblemente una de las últimas personas que habló con ella. O sea, al fin y al cabo yo ni siquiera quería hablarle, tan solo quería comer para estar en paz. Muchas veces uno piensa en el final, y al menos yo, en mis recuerdos más cercanos a la muerte, desearía poder despedirme de mis seres queridos. Pero nunca pensaría siquiera en que mis últimas palabras podrían ser intercambiadas con un cliente, mucho menos con un cliente que tenga en mente cosas "más importantes" que hablar conmigo.
Además me pienso: ¿Y si hubiera ido a abrir la puerta desde la primera llamada? ¿Y si no hubiera continuado con mi plan de no abrir la puerta? ¿Acaso pude haber influido para que el camión topara con ella en una hora determinada?
¿Deprimente? Sí, pero uno no puede hacer nada al respecto. Igual uno nunca se pregunta cuando todo sale bien, si alguna acción hubiera provocado la muerte de alguien. Las posibilidades son infinitas y puedo pasarme el resto de mi vida especulando al respecto, pero al final como dice mi mamá: "cuando toca, toca".
Por otro lado también me viene a la mente el porqué una persona con una vida tan ejemplar haya tenido un final tan trágico. Una mujer trabajadora muere como un perro en la calle, eso no es digno. ¿Qué hay respecto al karma? ¿O será que tenía un pasado muy oscuro? ¿Por qué no se ha muerto aquél drogadicto imbécil que le mete al cuerpo cuanta cosa dañina encuentra, y que molesta tanto a la gente trabajadora?
Es un poco más de lo que me hace desconfiar de la justicia divina. Casi siempre las cosas que nos hacen algún bien se desvanecen, mientras que las que nos hacen mal se mantienen por siempre.
Al final sólo me queda decir que la muerte siempre va acompañada de mucha ironía. Si existe un cielo, espero que esa doñita esté disfrutando de él. Ojalá algún día obtenga una foto y su nombre para poder terminar de hacer su homenaje, el homenaje a una de esas figuras de infancia, que son tan rutinarias que creemos que durarán para siempre pero que, como todo en la vida, tienen un final y nos hace sentir que con cada día que pasa se acerca más nuestro tiempo de partida y alguien más reflexionará y se cuestionará sobre nuestro legado...
viernes, 1 de abril de 2011
La señora de los números
Era miércoles treinta de marzo. Mientras calentaba mi almuerzo en el microondas me mantenía pensando en lo agobiantes que habían sido los últimos días, demasiadas carreras, arreglos inconclusos, cientos de cosas por hacer, y aún tenía que buscar la manera de acomodar dos actividades el mismo día en horas aproximadas.
En fin, no había sido una buena semana y todavía faltaba la mitad. Me dolía la cabeza por falta de sueño y sentía cierta repulsión hacia la ensalada que aderezaba exageradamente. Estaba solo en casa, así que nadie interrumpiría ese momento en que podía compartir un rato conmigo mismo y degustar de algo bien merecido.
No había terminado de sentarme a la mesa cuando suena el timbre. Tres timbrazos, uno largo y dos más cortos. Sabía que era la señora de los números. Ella tenía esa forma particular de llamar a la puerta. Imagino que a través de los años había tenido que idear un estilo propio de tocar el timbre porque era muy común que en mi casa se ignoraran las visitas, no por ser nosotros malas personas, sino porque al ser la única casa del barrio sin portones o verjas, era muy común que llamaran a la puerta vendedores y borrachos pedigüeños a la hora del almuerzo, así que dicha señora encontró la manera de hacer saber que era ella.
Desde hace muchos años (casi diría que desde tiempos inmemorables) esta señora pasaba todos los miércoles a vender números de una rifa que se jugaba con la lotería del domingo. Siempre la conocí anciana, de estatura baja, cabellera larga y plateada, contextura muy delgada, casi escuálida, la piel morena, digamos que algo chamuscada por el sol y arrugada. Siempre con unos gruesos lentes, pantalones de tela algo acampanados y blusas de manga en colores pastel, acompañada de un bolso de tela o de tiras de plástico entrenzadas como las que usan las señoras para ir a la feria del agricultor. Podría decirse que era un atuendo algo "hippie". Su rostro era como una pintura de finales del siglo XVIII, casi inexpresivo. La ausencia de dientes hacía que los surcos de su cara fueran más evidentes en las mejillas.
Esa llamada inoportuna me provocó cierta furia. Me parecía insolente esa manera de tocar y está por demás decir que odiaba que me interrumpieran el almuerzo. El televisor estaba encendido pero con bajo volumen, y calculando la distancia a la que me encontraba de la puerta de entrada, me hice a la idea de que no me escucharía, así que si la ignoraba quizás pensaría que no había nadie y desistiría de vender los numeritos por este día.
La tranquilidad regresó a mí y engullí un bocado con sigileza y cautela para no hacer ruido. Empezaba a masticar otro bocado más cuando volvió el infame llamado.
Entonces recapacité un poco y me dije para mis adentros: "Mae... ¿qué le cuesta ir y comprarle los números a la doñita? Así se va a ir y va a poder terminar de almorzar tranquilo". Procedí a levantarme de la mesa y abrir la puerta.
Efectivamente allí estaba ella, no había forma de que pudiera equivocar ese llamado. Entonces con su característica voz débil y carrasposa preguntó:
-¿Está doña Irma?
-No, no se encuentra.- Yo respondí
-Va a dejar números.
-Sí claro.
Tomé el talonario que siempre sacaba de una bolsa blanca en la cuál también depositaba el dinero y que a su vez sacaba de su bolso, y comencé a apuntar los números con el nombre de mi mamá.
Esa práctica era demasiado rutinaria y cada vez que no estaba mi mamá cualquiera compraba los números. Digo números porque cinco eran la cantidad que tradicionalmente se quedaban en mi casa. No era gran cosa con respecto a dinero ya que cada numerito valía veinte colones, precio que se conservaba desde la primera vez que recuerdo haber tomado el talonario y dudado a la hora de escribir el apellido de mi mamá porque era tan niño que no tenía completa seguridad de ello.
Claro que al principio veinte colones sí valían, y por eso sólo dejábamos un número. Actualmente no sospecho cómo podría subsistir esa viejita con el dinero que le dejaba un talonario de números. Cien números a veinte colones son dos mil colones, considerando que el premio es de la mitad, o sea mil colones, una cantidad similar le quedaba para sobrellevar la semana.
-Qué calor está haciendo! (me dijo la señora)
-Sí, está demasiado caliente el día, casi un relajo.- Respondía mientras escogía otros números y colocaba los elegidos entre mis labios para sujetarlos, práctica por demás poco higiénica pero que tenía por costumbre desde hacía años.
No, no... De seguro que esa señora vendía varios talonarios y luego nada más ubicaba a los ganadores. Siempre que no la veía en mi casa, la observaba caminando, con esa paciencia que tienen los ancianos, por distintos lugares del cantón. Así que era mucho recorrido sólo por vender cien numeritos. Y considerando el valor que tenían, dudo mucho que alguien fuera tan tacaño de dejarse tan sólo uno.
Terminados de sacar los números (que valga decir la elección era un simple acto de protocolo porque en realidad tomaba cualquier número al azar) devuelvo el talonario a la señora y saco los papeles de mi boca para enseñarle que en realidad eran cinco.
-No se preocupe, ya los tengo contados- Me dice la viejita, a lo cual respondo:
-Voy por la plata, ya vengo.
Llego hasta el mueble donde coloco mis cosas y abro el bolso del menudo para sacar la paga. Hay varias monedas y escojo dos de veinticinco y una de cincuenta. En eso me pregunto si mi mamá habrá pegado en el sorteo anterior, lo cual luego recuerdo que es irrelevante ya que ella siempre le regala la mitad del premio a la señora y si fuera el caso tampoco me importaría mucho que se quedara con el total del premio. Otras veces incluso la engañaba y, aprovechándome de su limitada vista, le mostraba el reverso de una moneda de quinientos y sin que la tomara se la echaba en la bolsa así se llevaba algo más de dinero.
-Aquí tiene- Le digo mientras extiendo la mano en el dinero.
-Ya es tarde, ¿verdad?- Pregunta la anciana.
-Es casi la una y treinta. (Algo bastante fuera de serie ya que ella siempre pasa antes o durante el mediodía por la casa)
-¿Doña Irma anda en ensayo de baile?- Vuelve a preguntar la señora.
-No, anda en un curso que está llevando ésta semana.- Respondí.
-Ah, ¿pero entonces no es con el grupo de baile?
-No, es otra cosa.
-Ah, es para pasar a donde Isabel entonces. Bueno, muchas gracias...
-Bueno, con mucho gusto. Que le vaya bien.- Y la observo tomar su rumbo hacia la acera caminando con lentitud.
Me devuelvo al comedor y de paso por la cocina sujeto los números al refrigerador con un imán, para por fin encontrar mi plato un tanto más que frío. Igual no voy a volver a calentar la comida, sigo comiendo y me vuelve a consumir el estres.
Cerca de las cinco de la tarde, llega mi mamá del curso y me pregunta:
-¿Pasó la señora de los números?
-Sí, están en la refri.- Respondo.
-Viera que me acaban de decir que la atropelló un carro ahora como a la una y media, y está muerta...
En fin, no había sido una buena semana y todavía faltaba la mitad. Me dolía la cabeza por falta de sueño y sentía cierta repulsión hacia la ensalada que aderezaba exageradamente. Estaba solo en casa, así que nadie interrumpiría ese momento en que podía compartir un rato conmigo mismo y degustar de algo bien merecido.
No había terminado de sentarme a la mesa cuando suena el timbre. Tres timbrazos, uno largo y dos más cortos. Sabía que era la señora de los números. Ella tenía esa forma particular de llamar a la puerta. Imagino que a través de los años había tenido que idear un estilo propio de tocar el timbre porque era muy común que en mi casa se ignoraran las visitas, no por ser nosotros malas personas, sino porque al ser la única casa del barrio sin portones o verjas, era muy común que llamaran a la puerta vendedores y borrachos pedigüeños a la hora del almuerzo, así que dicha señora encontró la manera de hacer saber que era ella.
Desde hace muchos años (casi diría que desde tiempos inmemorables) esta señora pasaba todos los miércoles a vender números de una rifa que se jugaba con la lotería del domingo. Siempre la conocí anciana, de estatura baja, cabellera larga y plateada, contextura muy delgada, casi escuálida, la piel morena, digamos que algo chamuscada por el sol y arrugada. Siempre con unos gruesos lentes, pantalones de tela algo acampanados y blusas de manga en colores pastel, acompañada de un bolso de tela o de tiras de plástico entrenzadas como las que usan las señoras para ir a la feria del agricultor. Podría decirse que era un atuendo algo "hippie". Su rostro era como una pintura de finales del siglo XVIII, casi inexpresivo. La ausencia de dientes hacía que los surcos de su cara fueran más evidentes en las mejillas.
Esa llamada inoportuna me provocó cierta furia. Me parecía insolente esa manera de tocar y está por demás decir que odiaba que me interrumpieran el almuerzo. El televisor estaba encendido pero con bajo volumen, y calculando la distancia a la que me encontraba de la puerta de entrada, me hice a la idea de que no me escucharía, así que si la ignoraba quizás pensaría que no había nadie y desistiría de vender los numeritos por este día.
La tranquilidad regresó a mí y engullí un bocado con sigileza y cautela para no hacer ruido. Empezaba a masticar otro bocado más cuando volvió el infame llamado.
Entonces recapacité un poco y me dije para mis adentros: "Mae... ¿qué le cuesta ir y comprarle los números a la doñita? Así se va a ir y va a poder terminar de almorzar tranquilo". Procedí a levantarme de la mesa y abrir la puerta.
Efectivamente allí estaba ella, no había forma de que pudiera equivocar ese llamado. Entonces con su característica voz débil y carrasposa preguntó:
-¿Está doña Irma?
-No, no se encuentra.- Yo respondí
-Va a dejar números.
-Sí claro.
Tomé el talonario que siempre sacaba de una bolsa blanca en la cuál también depositaba el dinero y que a su vez sacaba de su bolso, y comencé a apuntar los números con el nombre de mi mamá.
Esa práctica era demasiado rutinaria y cada vez que no estaba mi mamá cualquiera compraba los números. Digo números porque cinco eran la cantidad que tradicionalmente se quedaban en mi casa. No era gran cosa con respecto a dinero ya que cada numerito valía veinte colones, precio que se conservaba desde la primera vez que recuerdo haber tomado el talonario y dudado a la hora de escribir el apellido de mi mamá porque era tan niño que no tenía completa seguridad de ello.
Claro que al principio veinte colones sí valían, y por eso sólo dejábamos un número. Actualmente no sospecho cómo podría subsistir esa viejita con el dinero que le dejaba un talonario de números. Cien números a veinte colones son dos mil colones, considerando que el premio es de la mitad, o sea mil colones, una cantidad similar le quedaba para sobrellevar la semana.
-Qué calor está haciendo! (me dijo la señora)
-Sí, está demasiado caliente el día, casi un relajo.- Respondía mientras escogía otros números y colocaba los elegidos entre mis labios para sujetarlos, práctica por demás poco higiénica pero que tenía por costumbre desde hacía años.
No, no... De seguro que esa señora vendía varios talonarios y luego nada más ubicaba a los ganadores. Siempre que no la veía en mi casa, la observaba caminando, con esa paciencia que tienen los ancianos, por distintos lugares del cantón. Así que era mucho recorrido sólo por vender cien numeritos. Y considerando el valor que tenían, dudo mucho que alguien fuera tan tacaño de dejarse tan sólo uno.
Terminados de sacar los números (que valga decir la elección era un simple acto de protocolo porque en realidad tomaba cualquier número al azar) devuelvo el talonario a la señora y saco los papeles de mi boca para enseñarle que en realidad eran cinco.
-No se preocupe, ya los tengo contados- Me dice la viejita, a lo cual respondo:
-Voy por la plata, ya vengo.
Llego hasta el mueble donde coloco mis cosas y abro el bolso del menudo para sacar la paga. Hay varias monedas y escojo dos de veinticinco y una de cincuenta. En eso me pregunto si mi mamá habrá pegado en el sorteo anterior, lo cual luego recuerdo que es irrelevante ya que ella siempre le regala la mitad del premio a la señora y si fuera el caso tampoco me importaría mucho que se quedara con el total del premio. Otras veces incluso la engañaba y, aprovechándome de su limitada vista, le mostraba el reverso de una moneda de quinientos y sin que la tomara se la echaba en la bolsa así se llevaba algo más de dinero.
-Aquí tiene- Le digo mientras extiendo la mano en el dinero.
-Ya es tarde, ¿verdad?- Pregunta la anciana.
-Es casi la una y treinta. (Algo bastante fuera de serie ya que ella siempre pasa antes o durante el mediodía por la casa)
-¿Doña Irma anda en ensayo de baile?- Vuelve a preguntar la señora.
-No, anda en un curso que está llevando ésta semana.- Respondí.
-Ah, ¿pero entonces no es con el grupo de baile?
-No, es otra cosa.
-Ah, es para pasar a donde Isabel entonces. Bueno, muchas gracias...
-Bueno, con mucho gusto. Que le vaya bien.- Y la observo tomar su rumbo hacia la acera caminando con lentitud.
Me devuelvo al comedor y de paso por la cocina sujeto los números al refrigerador con un imán, para por fin encontrar mi plato un tanto más que frío. Igual no voy a volver a calentar la comida, sigo comiendo y me vuelve a consumir el estres.
Cerca de las cinco de la tarde, llega mi mamá del curso y me pregunta:
-¿Pasó la señora de los números?
-Sí, están en la refri.- Respondo.
-Viera que me acaban de decir que la atropelló un carro ahora como a la una y media, y está muerta...
sábado, 12 de marzo de 2011
Queriendo Cantar
Algunas veces he sido un gran cantante con un repertorio interminable y una presencia arrolladora.
Otras veces he sido de quien la gente se burla por no llegar nunca a la entonación correcta.
De una forma u otra siempre he tenido algo que nadie más tiene: valentía.
El canto es un atributo que no he logrado explotar jamás. Nunca he tenido un gran oído para la entonación, pero soy increíblemente sagaz con la memorización sistemática de intervalos sonoros. Además también tengo gran habilidad para colocar el sonido en los lugares precisos para imitar diferentes timbres.
Siempre me ha gustado hacerlo, canto mucho por gusto e incluso hubo gente interesada en que yo estudiara. Pero no quiero ser cantante, sólo quiero cantar.
Y cada vez que alguien me pide que cante, pues canto. Pero siempre canto algo diferente. Digamos que siempre estoy aprendiendo piezas diferentes y me encanta tocarlas en público.
Mmm... ah sí... la valentía... Es aquí donde puedo hablar de eso. Pues creo que he desarrollado un "no temor" a fracasar en público.
Conozco muchos "músicos" que tienen años tocando y cantando lo mismo, y no se atreven a variar sus repertorios porque efectivamente tuvieron que pasar por muchas "vergüenzas" para tocarlo con pulcritud. Volver a pasar por lo mismo creo que acabaría con sus estimas.
Pero bueno, siendo ya un viejo zorro en esto de la música, pues ahora quiero hacer algo diferente, quiero salir a cantar.
¿Que por qué no simplemente lo hago? Es muy simple, todo mi historial de vida concluye que soy un ser de mucha premeditación y lento proceder. Y uno de los pasos más importantes para poder llevar a cabo un plan es el plan en sí.
Escribir esto hará que recuerde mi propósito a manera de compromiso público, así que voy a empezar con la planificación.
Lo primero es ejercitarme bastante. Hacer muchos ejercicios de entonación y practicar bastante con la guitarra. Por el repertorio pues como que no me preocupo porque de veras que me sé muchísimas canciones, pero necesito asegurarlas en tonalidades que se ajusten mejor a mi tesitura.
Luego debo pensar en equipo. Necesito una guitarra nueva, quizás no lo mejor del mundo, pero sí algo que pueda brindarme comodidad y agilidad ya que mis arreglos guitarrísticos son un poco complejos. También he considerado hacer algunas canciones para bajo y voz pero es algo que tengo que meditar mejor porque requiere una mayor práctica (lo cual para mí es irresistiblemente atractivo).
Por último necesito un trampolín. Necesito salir a cantar acompañado de alguien con más experiencia o al menos con más nivel que el mío. No nos equivoquemos pensando que nada más l@ voy a utilizar para adquirir experiencia. La idea es que podamos aprender mutuamente y que si la cosa funciona bien, pues seguir de ese modo, si no, pues que siempre haya la posibilidad de terminar las cosas de la mejor manera.
Por ahora lo único que necesito es la guitarra, lo demás vendrá llegando. Sólo necesito ser más insistente y demostrarme a mí mismo que puedo avanzar con valentía...
PD: Mi próximo post será el #100. Espero se me ocurra algo genial, de eso que siempre me pueda enorgullecer...
Otras veces he sido de quien la gente se burla por no llegar nunca a la entonación correcta.
De una forma u otra siempre he tenido algo que nadie más tiene: valentía.
El canto es un atributo que no he logrado explotar jamás. Nunca he tenido un gran oído para la entonación, pero soy increíblemente sagaz con la memorización sistemática de intervalos sonoros. Además también tengo gran habilidad para colocar el sonido en los lugares precisos para imitar diferentes timbres.
Siempre me ha gustado hacerlo, canto mucho por gusto e incluso hubo gente interesada en que yo estudiara. Pero no quiero ser cantante, sólo quiero cantar.
Y cada vez que alguien me pide que cante, pues canto. Pero siempre canto algo diferente. Digamos que siempre estoy aprendiendo piezas diferentes y me encanta tocarlas en público.
Mmm... ah sí... la valentía... Es aquí donde puedo hablar de eso. Pues creo que he desarrollado un "no temor" a fracasar en público.
Conozco muchos "músicos" que tienen años tocando y cantando lo mismo, y no se atreven a variar sus repertorios porque efectivamente tuvieron que pasar por muchas "vergüenzas" para tocarlo con pulcritud. Volver a pasar por lo mismo creo que acabaría con sus estimas.
Pero bueno, siendo ya un viejo zorro en esto de la música, pues ahora quiero hacer algo diferente, quiero salir a cantar.
¿Que por qué no simplemente lo hago? Es muy simple, todo mi historial de vida concluye que soy un ser de mucha premeditación y lento proceder. Y uno de los pasos más importantes para poder llevar a cabo un plan es el plan en sí.
Escribir esto hará que recuerde mi propósito a manera de compromiso público, así que voy a empezar con la planificación.
Lo primero es ejercitarme bastante. Hacer muchos ejercicios de entonación y practicar bastante con la guitarra. Por el repertorio pues como que no me preocupo porque de veras que me sé muchísimas canciones, pero necesito asegurarlas en tonalidades que se ajusten mejor a mi tesitura.
Luego debo pensar en equipo. Necesito una guitarra nueva, quizás no lo mejor del mundo, pero sí algo que pueda brindarme comodidad y agilidad ya que mis arreglos guitarrísticos son un poco complejos. También he considerado hacer algunas canciones para bajo y voz pero es algo que tengo que meditar mejor porque requiere una mayor práctica (lo cual para mí es irresistiblemente atractivo).
Por último necesito un trampolín. Necesito salir a cantar acompañado de alguien con más experiencia o al menos con más nivel que el mío. No nos equivoquemos pensando que nada más l@ voy a utilizar para adquirir experiencia. La idea es que podamos aprender mutuamente y que si la cosa funciona bien, pues seguir de ese modo, si no, pues que siempre haya la posibilidad de terminar las cosas de la mejor manera.
Por ahora lo único que necesito es la guitarra, lo demás vendrá llegando. Sólo necesito ser más insistente y demostrarme a mí mismo que puedo avanzar con valentía...
PD: Mi próximo post será el #100. Espero se me ocurra algo genial, de eso que siempre me pueda enorgullecer...
martes, 8 de marzo de 2011
La Humildad
Hace rato que vengo pensando en esa palabrilla... Humildad...
Creo que estoy algo confuso al respecto. Al parecer tiene diferentes connotaciones, y yo (por supuesto) hago las propias pero aún así me quedo algo corto.
En los textos bíblicos se habla mucho de ser humilde, y aparentemente se refieren a la pobreza. Vivir humildemente es algo así como vivir con lo mínimo. Esa idea me gusta ya que, quiera o no, yo vivo con muy poco.
A ciencia cierta no creo que dé en el clavo, pero me encanta pensar de esa manera. Porque vivir con lo mínimo no significa que uno no pueda generar los recursos para tener más, significa que no es necesario tener tantas "cosas" para vivir feliz. De paso evitamos consumir tanta basura manufacturada que tan solo genera contaminación.
A veces todo este lío en el que vivimos nos provoca una necesidad falsa de objetos de moda. Que la TV en 3D, que la nueva tarjeta de video, que la ropa de estación; todo eso resulta obsoleto en poco tiempo, y esa efímera satisfacción no hace más que anticipar una inseguridad. Luego nos sentimos mal y envidiosos cuando no tenemos lo que sigue por consumir.
Pero bueno, volviendo al tema de la humildad, hay quienes consideran el hecho de ser humilde como asumir una posición de bajo perfil y no alardear de nuestros éxitos o pertenencias.
Desde este punto de vista creo que también estoy bien ya que casi nunca le hablo a nadie de los que considero mis grandes éxitos, y de verdad que no tengo mucho de lo cual pueda alardear.
Me gustaría a veces tener algo de qué hablar en sentido de alarde. Eso porque pareciera que en las conversaciones de la gente de mi edad, las posesiones, logros laborales, viajes y conquistas suelen ser la tónica y de repente debo guardar silencio.
De igual modo aunque a veces me da cierta tristeza no tener las experiencias o los bienes de mis allegados, termino por sentir cierta lástima al ver cómo se aferran a todo eso, como si el día a día no pudiera ser tan genial y valioso al igual que esos actos y objetos extraordinarios.
Pero bueno, nunca he entendido bien a Nietzche, y quizá desistí de leerlo hace tiempo cuando aún mis sentidos y mi intelecto no estaban tan agudos como ahora. Pero algo decía respecto a la humildad como una debilidad, una falsa virtud que escondía las decepciones en su interior.
Entonces comienza a tener sentido la forma que que muchos y muchas pretenden que uno sea humilde. No es porque valoren en uno el esfuerzo y dedicación que ha tomado superarse, sino porque en su eterna mediocridad quieren igualarse a quienes han tenido el éxito que ellos no han alcanzado.
En otras palabras, para muchas personas, el hecho de mostrar con orgullo todo aquello por lo que tanto nos hemos esforzado y querer que se le dé valor, no por simplemente poseerlo sino por todo el trabajo honroso y esforzado que ha significado, es una falta de humildad.
Además también resulta poco humilde señalar los defectos en esas personas. O sea, yo no volví a respetar a nadie que, teniendo los recursos, no pueda alcanzar las destrezas que yo tengo. No soy ningún virtuoso en nada de lo que hago, pero día a día me esfuerzo mucho por superarme y cuando veo que otros y otras se conforman con lo mínimo, pues no dudo en enviarles un mensaje de advertencia como tantas personas (muy responsablemente) lo hicieron conmigo.
La gran diferencia es que yo tomé todo eso de la manera que se toma un buen regaño de quien sabe, los demás lo toman como una agresión y por ende en lugar de cuestionarse su proceder, simplemente reaccionan.
Entonces me pregunto ¿Será acaso que tenemos que rebajarnos a los niveles de otras personas para vivir en igualdad y tener las mismas posibilidades, o será que debemos siempre superarnos y crecer en habilidades para ser siempre considerados arrogantes...?
Creo que estoy algo confuso al respecto. Al parecer tiene diferentes connotaciones, y yo (por supuesto) hago las propias pero aún así me quedo algo corto.
En los textos bíblicos se habla mucho de ser humilde, y aparentemente se refieren a la pobreza. Vivir humildemente es algo así como vivir con lo mínimo. Esa idea me gusta ya que, quiera o no, yo vivo con muy poco.
A ciencia cierta no creo que dé en el clavo, pero me encanta pensar de esa manera. Porque vivir con lo mínimo no significa que uno no pueda generar los recursos para tener más, significa que no es necesario tener tantas "cosas" para vivir feliz. De paso evitamos consumir tanta basura manufacturada que tan solo genera contaminación.
A veces todo este lío en el que vivimos nos provoca una necesidad falsa de objetos de moda. Que la TV en 3D, que la nueva tarjeta de video, que la ropa de estación; todo eso resulta obsoleto en poco tiempo, y esa efímera satisfacción no hace más que anticipar una inseguridad. Luego nos sentimos mal y envidiosos cuando no tenemos lo que sigue por consumir.
Pero bueno, volviendo al tema de la humildad, hay quienes consideran el hecho de ser humilde como asumir una posición de bajo perfil y no alardear de nuestros éxitos o pertenencias.
Desde este punto de vista creo que también estoy bien ya que casi nunca le hablo a nadie de los que considero mis grandes éxitos, y de verdad que no tengo mucho de lo cual pueda alardear.
Me gustaría a veces tener algo de qué hablar en sentido de alarde. Eso porque pareciera que en las conversaciones de la gente de mi edad, las posesiones, logros laborales, viajes y conquistas suelen ser la tónica y de repente debo guardar silencio.
De igual modo aunque a veces me da cierta tristeza no tener las experiencias o los bienes de mis allegados, termino por sentir cierta lástima al ver cómo se aferran a todo eso, como si el día a día no pudiera ser tan genial y valioso al igual que esos actos y objetos extraordinarios.
Pero bueno, nunca he entendido bien a Nietzche, y quizá desistí de leerlo hace tiempo cuando aún mis sentidos y mi intelecto no estaban tan agudos como ahora. Pero algo decía respecto a la humildad como una debilidad, una falsa virtud que escondía las decepciones en su interior.
Entonces comienza a tener sentido la forma que que muchos y muchas pretenden que uno sea humilde. No es porque valoren en uno el esfuerzo y dedicación que ha tomado superarse, sino porque en su eterna mediocridad quieren igualarse a quienes han tenido el éxito que ellos no han alcanzado.
En otras palabras, para muchas personas, el hecho de mostrar con orgullo todo aquello por lo que tanto nos hemos esforzado y querer que se le dé valor, no por simplemente poseerlo sino por todo el trabajo honroso y esforzado que ha significado, es una falta de humildad.
Además también resulta poco humilde señalar los defectos en esas personas. O sea, yo no volví a respetar a nadie que, teniendo los recursos, no pueda alcanzar las destrezas que yo tengo. No soy ningún virtuoso en nada de lo que hago, pero día a día me esfuerzo mucho por superarme y cuando veo que otros y otras se conforman con lo mínimo, pues no dudo en enviarles un mensaje de advertencia como tantas personas (muy responsablemente) lo hicieron conmigo.
La gran diferencia es que yo tomé todo eso de la manera que se toma un buen regaño de quien sabe, los demás lo toman como una agresión y por ende en lugar de cuestionarse su proceder, simplemente reaccionan.
Entonces me pregunto ¿Será acaso que tenemos que rebajarnos a los niveles de otras personas para vivir en igualdad y tener las mismas posibilidades, o será que debemos siempre superarnos y crecer en habilidades para ser siempre considerados arrogantes...?
viernes, 4 de marzo de 2011
A la mujer más bella
Sé que todos y todas saben de quién hablo. Y además deben saber que nada de lo que se pueda decir con respecto a su magnificencia en exagerado.
El otro día pensaba en toda su magia y tuve miedo de perderla. Pero luego reaccioné y tuve miedo de no aprovecharla. Es el ser más cercano a la esencia divina y sin embargo suele pasar desapercibida.
Son tantas y tantas las cosas hermosas que se me ocurren decir de ella. Su sonrisa tiene el atributo de hacer desaparecer todas las penas. Uno desearía encontrar esa sonrisa en cada lugar que visita pero con el tiempo se va haciendo más y más lejana.
Hay algunos sabiondos que aseguran que uno depende de ella y que será motivo de nuestra búsqueda durante toda la vida. Incluso parece que algunas religiones utilizan nuestra devoción por ella para atraer adeptos.
Por mucho que me esfuerzo no puedo recordarla cometiendo un error o actuando de una manera inapropiada. Y en efecto, cada cosa que elabora con sus manos tiene el sello de la perfección.
Es menester decir que hoy quería escribir acerca de temas varios, pero una necesidad incontrolable de hacer justicia a la mujer que más adoro me tomó la palabra. Así es confieso mi amor por mamá.
Y es que mi madre podría estar en este momento durmiendo o viendo televisión después de un día de trabajo arduo, como cada uno en su vida; pero además la madre de cada quien también podría estar en algún lugar cercano a ustedes y casi nunca pensamos en lo dichosos que somos por tenerla.
Soy un poco frío y quizás nunca diga esto en persona, pero de verdad doy gracias a la vida por haberme concedido la mejor mamá del mundo, y sé que todos y todas también deben hacerlo.
Gracias madre por ser quien eres... Te amo...
El otro día pensaba en toda su magia y tuve miedo de perderla. Pero luego reaccioné y tuve miedo de no aprovecharla. Es el ser más cercano a la esencia divina y sin embargo suele pasar desapercibida.
Son tantas y tantas las cosas hermosas que se me ocurren decir de ella. Su sonrisa tiene el atributo de hacer desaparecer todas las penas. Uno desearía encontrar esa sonrisa en cada lugar que visita pero con el tiempo se va haciendo más y más lejana.
Hay algunos sabiondos que aseguran que uno depende de ella y que será motivo de nuestra búsqueda durante toda la vida. Incluso parece que algunas religiones utilizan nuestra devoción por ella para atraer adeptos.
Por mucho que me esfuerzo no puedo recordarla cometiendo un error o actuando de una manera inapropiada. Y en efecto, cada cosa que elabora con sus manos tiene el sello de la perfección.
Es menester decir que hoy quería escribir acerca de temas varios, pero una necesidad incontrolable de hacer justicia a la mujer que más adoro me tomó la palabra. Así es confieso mi amor por mamá.
Y es que mi madre podría estar en este momento durmiendo o viendo televisión después de un día de trabajo arduo, como cada uno en su vida; pero además la madre de cada quien también podría estar en algún lugar cercano a ustedes y casi nunca pensamos en lo dichosos que somos por tenerla.
Soy un poco frío y quizás nunca diga esto en persona, pero de verdad doy gracias a la vida por haberme concedido la mejor mamá del mundo, y sé que todos y todas también deben hacerlo.
Gracias madre por ser quien eres... Te amo...
domingo, 27 de febrero de 2011
Blogger Bajoneado
Me vine a dar una vuelta por el blog para ver si se me ocurría algo para escribir y noté que habían muchos comentarios del tipo spam que no había eliminado. Al borrarlos de la bandeja, noté que el último comentario que recibió mi blog fue hace ya buen rato, y además de alguien a quien le pedí que leyera esas entradas.
Entonces de repente siento que hay un ligero vacío en esta actividad. A decir verdad no me importa que hagan comentarios a mis entradas ni mucho menos pienso en la posibilidad de que alguien lea todo esto. Pero no estoy completamente seguro del porqué lo hago.
¿Qué finalidad tiene hacer un diario? Pues bien, las memorias son importantes, pero acá nunca escribo memorias. Más bien son pensamientos.
Creo que si no considerara mi vida tan simplona, de seguro mis memorias serían buenas. No soy tan corriente como me pinto, en realidad lo que hago me genera mucho movimiento e inestabilidad, factores que pueden hacer interesante a un personaje.
Lamentablemente me es imposible poner en evidencia lo que siento u opino acerca de las personas que me rodean y eso sería inevitable si escribiera mis memorias. Sé que usar pseudónimos podría ayudar, pero igual quien me conozca verá la realidad.
Entonces no se trata de hacer un diario.
Aparentemente los "bloggers" estamos pasados de moda, se nos ridiculiza mucho en la TV y con cosas como Twitter pues como que los mensajes son más pequeños y directos. Quienes seguimos haciendo blogs somos más detallistas y no usamos abreviaciones para las palabras (como "q", "xq", etc.).
Quizás estemos viendo cómo desaparece el buen gusto y el detalle, cosa que no me extraña ya que en estos días nadie hace nada con amor.
Además siempre será más interesante la vida de una persona que figura por su belleza, que la vida de quien figura por su inteligencia. Obvio, la persona inteligente evita todas esas situaciones que le puedan poner en una mala situación o simplemente sabe cómo ocultar bien el rastro de sus desatinos, sólo por eso no es interesante ni se convierte en noticia.
Pero bueno, eso es material para otro post. De igual forma (y para recalcar) insisto en que no me interesa que me lean o me dejen comentarios. Lo que realmente me interesa es abrir mi corazón y mis pensamientos al mundo, aunque a éste no le interese.
El anonimato es el lugar en el cual puedes verlo todo pero nadie puede verte, y desde aquí prefiero no recibir el tan valorado reconocimiento social, a tener que leer comentarios con tantas abreviaciones y faltas ortográficas que me hagan revolver el estómago...
Entonces de repente siento que hay un ligero vacío en esta actividad. A decir verdad no me importa que hagan comentarios a mis entradas ni mucho menos pienso en la posibilidad de que alguien lea todo esto. Pero no estoy completamente seguro del porqué lo hago.
¿Qué finalidad tiene hacer un diario? Pues bien, las memorias son importantes, pero acá nunca escribo memorias. Más bien son pensamientos.
Creo que si no considerara mi vida tan simplona, de seguro mis memorias serían buenas. No soy tan corriente como me pinto, en realidad lo que hago me genera mucho movimiento e inestabilidad, factores que pueden hacer interesante a un personaje.
Lamentablemente me es imposible poner en evidencia lo que siento u opino acerca de las personas que me rodean y eso sería inevitable si escribiera mis memorias. Sé que usar pseudónimos podría ayudar, pero igual quien me conozca verá la realidad.
Entonces no se trata de hacer un diario.
Aparentemente los "bloggers" estamos pasados de moda, se nos ridiculiza mucho en la TV y con cosas como Twitter pues como que los mensajes son más pequeños y directos. Quienes seguimos haciendo blogs somos más detallistas y no usamos abreviaciones para las palabras (como "q", "xq", etc.).
Quizás estemos viendo cómo desaparece el buen gusto y el detalle, cosa que no me extraña ya que en estos días nadie hace nada con amor.
Además siempre será más interesante la vida de una persona que figura por su belleza, que la vida de quien figura por su inteligencia. Obvio, la persona inteligente evita todas esas situaciones que le puedan poner en una mala situación o simplemente sabe cómo ocultar bien el rastro de sus desatinos, sólo por eso no es interesante ni se convierte en noticia.
Pero bueno, eso es material para otro post. De igual forma (y para recalcar) insisto en que no me interesa que me lean o me dejen comentarios. Lo que realmente me interesa es abrir mi corazón y mis pensamientos al mundo, aunque a éste no le interese.
El anonimato es el lugar en el cual puedes verlo todo pero nadie puede verte, y desde aquí prefiero no recibir el tan valorado reconocimiento social, a tener que leer comentarios con tantas abreviaciones y faltas ortográficas que me hagan revolver el estómago...
viernes, 11 de febrero de 2011
Convenciéndome de lo evidente
Justo no parezco superar esta etapa en que me siento patético, pero debo comenzar a convencerme de ciertas cosas para crear un nuevo estado de conciencia que quizás vaya más acorde con mi edad. Así que sin mucho preámbulo:
- Lo que la gente necesita más que el amor, es el reconocimiento. Tenemos más miedo a ser unos desconocidos, que a no ser amados; y es hasta común sacrificar el amor por el reconocimiento.
- Las personas que sobrepasamos cierta edad no somos atractivas ni interesantes en los círculos de moda. Contrario a eso parecemos perversos e inmaduros. Por eso es mejor involucrarse en círculos que sean frecuentados por personas de una edad acorde, aunque más bien parezcan retiros geriátricos.
- Uno no puede tener la esperanza de recibir comentarios inteligentes en redes sociales ya que las personas que agregamos como "amigos" en su mayoría son personas que conocemos y, aceptémoslo, ¿quién de nuestros conocidos es una persona inteligente?
- Cuando vemos a algún "perdedor" con la chica más dulce y especial, no deberíamos preguntarnos ¿por qué ese mae anda con esa guila?, sino más bien confirmarnos a nosotros mismos de que si no estamos con una así es porque en efecto no somos uno de esos perdedores, y por ende sentirnos bien por eso.
- Generalmente cuando una mujer abre sus sentimientos ante un hombre, es porque no lo ve como un prospecto de pareja, lo cual resulta ser tristemente estúpido porque las parejas terminan por empezar a conocerse una vez que han conformado una vida juntos y no siempre lo que se conoce es del completo agrado del otro.
- Las experiencias de otras personas no deben ser modelo para nuestras propias experiencias. La mayoría de las personas temen no poder equiparar su vida con las de otros y alardean de experiencias que quizás nunca tuvieron o han sido enormemente exageradas. Todo lo que somos actualmente es resultado de cada movimiento o decisión tomada a lo largo de nuestras vidas y si sientes envidia de la vida que ha tenido alguien más, basta con que los analices un poco para darte cuenta que no cambiarías ni un segundo de tu vida por la de ell@s.
- Los problemas son el inicio de casi cualquier pensamiento profundo y dedicado. Un problema no es inherentemente malo o bueno, siempre adquiere un valor de acuerdo a la forma en que nos afecte. Por eso date cuenta de que una persona que es erudita en algún campo, generalmente es porque tiene muchos problemas con esa materia.
- El modus vivendi actual está regido por el estatus que te da el dinero (qué novedad!). Así que nunca esperes que alguien te haga un buen trabajo por poco dinero. Ya nadie encuentra plenitud en un trabajo bien logrado si no es bien remunerado, por eso ya no hay genios como antes. Es virtualmente imposible que alguien inicie un proyecto con el único objetivo de trascender como persona.
- En tu vida conocerás algunas cuántas personas realmente especiales, no te aseguro que no te vayas a enamorar de cada una de ellas, pero independientemente de lo que pase, lo más común es que se asusten y huyan cuando se den cuenta de lo que significan para ti. Y a pesar de que el mundo se acabe cada vez que se te va una persona especial, intenta consolarte de que al menos se los dijiste, porque asustados o no, siempre llevarán eso en el corazón...
- Lo que la gente necesita más que el amor, es el reconocimiento. Tenemos más miedo a ser unos desconocidos, que a no ser amados; y es hasta común sacrificar el amor por el reconocimiento.
- Las personas que sobrepasamos cierta edad no somos atractivas ni interesantes en los círculos de moda. Contrario a eso parecemos perversos e inmaduros. Por eso es mejor involucrarse en círculos que sean frecuentados por personas de una edad acorde, aunque más bien parezcan retiros geriátricos.
- Uno no puede tener la esperanza de recibir comentarios inteligentes en redes sociales ya que las personas que agregamos como "amigos" en su mayoría son personas que conocemos y, aceptémoslo, ¿quién de nuestros conocidos es una persona inteligente?
- Cuando vemos a algún "perdedor" con la chica más dulce y especial, no deberíamos preguntarnos ¿por qué ese mae anda con esa guila?, sino más bien confirmarnos a nosotros mismos de que si no estamos con una así es porque en efecto no somos uno de esos perdedores, y por ende sentirnos bien por eso.
- Generalmente cuando una mujer abre sus sentimientos ante un hombre, es porque no lo ve como un prospecto de pareja, lo cual resulta ser tristemente estúpido porque las parejas terminan por empezar a conocerse una vez que han conformado una vida juntos y no siempre lo que se conoce es del completo agrado del otro.
- Las experiencias de otras personas no deben ser modelo para nuestras propias experiencias. La mayoría de las personas temen no poder equiparar su vida con las de otros y alardean de experiencias que quizás nunca tuvieron o han sido enormemente exageradas. Todo lo que somos actualmente es resultado de cada movimiento o decisión tomada a lo largo de nuestras vidas y si sientes envidia de la vida que ha tenido alguien más, basta con que los analices un poco para darte cuenta que no cambiarías ni un segundo de tu vida por la de ell@s.
- Los problemas son el inicio de casi cualquier pensamiento profundo y dedicado. Un problema no es inherentemente malo o bueno, siempre adquiere un valor de acuerdo a la forma en que nos afecte. Por eso date cuenta de que una persona que es erudita en algún campo, generalmente es porque tiene muchos problemas con esa materia.
- El modus vivendi actual está regido por el estatus que te da el dinero (qué novedad!). Así que nunca esperes que alguien te haga un buen trabajo por poco dinero. Ya nadie encuentra plenitud en un trabajo bien logrado si no es bien remunerado, por eso ya no hay genios como antes. Es virtualmente imposible que alguien inicie un proyecto con el único objetivo de trascender como persona.
- En tu vida conocerás algunas cuántas personas realmente especiales, no te aseguro que no te vayas a enamorar de cada una de ellas, pero independientemente de lo que pase, lo más común es que se asusten y huyan cuando se den cuenta de lo que significan para ti. Y a pesar de que el mundo se acabe cada vez que se te va una persona especial, intenta consolarte de que al menos se los dijiste, porque asustados o no, siempre llevarán eso en el corazón...
jueves, 3 de febrero de 2011
Cuando la necesidad de cariño desespera
Jajajajajaja... De verdad que es casi ridículo esto que estoy diciendo, pero es algo latente en mi realidad actual.
No puedo sentirme ni por un instante como una persona humilde. En serio me domina la soberbia, pero curiosamente no soy tan soberbio como quienes la niegan. Así que puedo decir sin temor a equivocarme, que he sido un gran amante.
No he tenido muchas relaciones sentimentales a lo largo de mi vida. Tampoco mi experiencia ha sido mucha, pero creo que ha sido la necesaria. He amado apasionadamente, he amado con cuerpo, alma, corazón y cerebro.
Quien haya pasado por mí, no puede tener más que buenos recuerdos, y no solo lo digo yo, me lo dicen varias. Además he sido abierto en todo, honesto. Nunca he intentado seducir a una chica con falsedades. Me presento tal cual soy y no pido ni doy más ni menos que eso.
Estoy tan seguro de ser un buen amante que podría pedir cartas de recomendación y me las darían.
Soy económicamente estable y gozo de una inusitada libertad. Tengo una familia demasiado comprensiva y servicial. Vivo cada día de manera diferente, no me amarro a agotadoras rutinas.
He sido condescendiente con mis amigos y conocidos. No bebo en exceso, no fumo, nunca he peleado en mi vida, tengo buen sentido del humor. Soy bastante hogareño, amo los animales.
En fin, ¿por qué siendo casi el hombre ideal, tengo tan mala suerte en el amor?
Jajajajajaja, definitivamente me desespero. Espero que este sea el post más absurdo que haya escrito y ojalá que sea tomado como una mofa de todo lo que represento.
Prometo que lo próximo que escriba tendrá más sentido...
No puedo sentirme ni por un instante como una persona humilde. En serio me domina la soberbia, pero curiosamente no soy tan soberbio como quienes la niegan. Así que puedo decir sin temor a equivocarme, que he sido un gran amante.
No he tenido muchas relaciones sentimentales a lo largo de mi vida. Tampoco mi experiencia ha sido mucha, pero creo que ha sido la necesaria. He amado apasionadamente, he amado con cuerpo, alma, corazón y cerebro.
Quien haya pasado por mí, no puede tener más que buenos recuerdos, y no solo lo digo yo, me lo dicen varias. Además he sido abierto en todo, honesto. Nunca he intentado seducir a una chica con falsedades. Me presento tal cual soy y no pido ni doy más ni menos que eso.
Estoy tan seguro de ser un buen amante que podría pedir cartas de recomendación y me las darían.
Soy económicamente estable y gozo de una inusitada libertad. Tengo una familia demasiado comprensiva y servicial. Vivo cada día de manera diferente, no me amarro a agotadoras rutinas.
He sido condescendiente con mis amigos y conocidos. No bebo en exceso, no fumo, nunca he peleado en mi vida, tengo buen sentido del humor. Soy bastante hogareño, amo los animales.
En fin, ¿por qué siendo casi el hombre ideal, tengo tan mala suerte en el amor?
Jajajajajaja, definitivamente me desespero. Espero que este sea el post más absurdo que haya escrito y ojalá que sea tomado como una mofa de todo lo que represento.
Prometo que lo próximo que escriba tendrá más sentido...
domingo, 23 de enero de 2011
Versos desordenados de una canción a tres
Quizás alguien quiera terminar con este sufrimiento...
Desearía estar bien para que alguien más lo esté...
¿Será que estoy mal?
¿Todos están mal?
Te reconozco entre mis anhelos, pero te pierdo en el espacio...
¿Eras tú, o era yo?
¿Quién empezó este poema?
Ey... Fui yo!! Todo este tiempo fui yo!!
Entonces deja de asaltarme en sueños!!
Quisiera poder empezar a maldecir en este momento.
Pero prometí que no lo haría...
Mejor pídeme para llevar que aquí no hay nada más por hacer...
Desearía estar bien para que alguien más lo esté...
¿Será que estoy mal?
¿Todos están mal?
Te reconozco entre mis anhelos, pero te pierdo en el espacio...
¿Eras tú, o era yo?
¿Quién empezó este poema?
Ey... Fui yo!! Todo este tiempo fui yo!!
Entonces deja de asaltarme en sueños!!
Quisiera poder empezar a maldecir en este momento.
Pero prometí que no lo haría...
Mejor pídeme para llevar que aquí no hay nada más por hacer...
martes, 18 de enero de 2011
Amor de Flaca
Nunca he esperado que estés conmigo, ni mucho menos que tengas deseos de verme. Entre tanto te voy buscando porque estoy seguro de que algo nos atañe.
No puedo desear haberte conocido antes, o que la situación fuera diferente, porque el momento y las circunstancias fueron las idóneas.
Pero cuánto desearía poder verte en el futuro. Cuánto deseo asegurarte que estaré con vida la próxima vez que me mires.
Junto a tí no hay más que deseo de estar contigo, sin tí dudo de que queramos estarlo. Porque contigo no me importa que me mientas, estando a tu lado no me importa, pero sin tí quizás solamente esté fantaseando.
Porque puede que sea yo el chico que te produce ternura, pero no el amante que te seduzca. ¿Y si te hubiera enseñado a amar, entenderías mi amor?
No sé, no quiero cuestionarme nada, sólo quiero tenerte cerca de nuevo para ir encima tuyo, las preguntas talvez se contesten, talvez no, nada de eso importará.
Sólo ese sueño en que nos fugamos resulta placentero para mí, solo contigo quiero escapar.
Pero no quiero que me veas ir en detrimento de mis facultades. No puedo hacerte eso, en realidad no puedo hacércelo a nadie. Ojalá me dieras tu calor mientras pueda darte el mío, pero veo que el tiempo pasa y todo entre tanto sigue acaeciendo.
No quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar... Siempre te amo...
No puedo desear haberte conocido antes, o que la situación fuera diferente, porque el momento y las circunstancias fueron las idóneas.
Pero cuánto desearía poder verte en el futuro. Cuánto deseo asegurarte que estaré con vida la próxima vez que me mires.
Junto a tí no hay más que deseo de estar contigo, sin tí dudo de que queramos estarlo. Porque contigo no me importa que me mientas, estando a tu lado no me importa, pero sin tí quizás solamente esté fantaseando.
Porque puede que sea yo el chico que te produce ternura, pero no el amante que te seduzca. ¿Y si te hubiera enseñado a amar, entenderías mi amor?
No sé, no quiero cuestionarme nada, sólo quiero tenerte cerca de nuevo para ir encima tuyo, las preguntas talvez se contesten, talvez no, nada de eso importará.
Sólo ese sueño en que nos fugamos resulta placentero para mí, solo contigo quiero escapar.
Pero no quiero que me veas ir en detrimento de mis facultades. No puedo hacerte eso, en realidad no puedo hacércelo a nadie. Ojalá me dieras tu calor mientras pueda darte el mío, pero veo que el tiempo pasa y todo entre tanto sigue acaeciendo.
No quiero pensar, no quiero pensar, no quiero pensar... Siempre te amo...
sábado, 1 de enero de 2011
Recapitulando el 2010
Bueno querid@ amig@, otro año se ha ido ya.
Este ha sido un año grandioso en muchos sentidos. Pero ¿cuál año no lo es?
Comenzó con un chivo pagado de año nuevo que dio pie a un amor loco, y que para ser honesto, el único amor que tuve durante el año. Es cierto que sólo estuvimos juntos un par de meses, pero estoy seguro que seguirá en mí el resto de mi vida.
Como hechos memorables puedo citar algunas primeras veces:
Primera vez de Metallica en Costa Rica.
Primera vez de WWE en Costa Rica.
Primera vez que toco con orquesta sinfónica.
Primera vez que toco con cimarrona.
Primera vez que tuve un concierto como voz principal (malo, por cierto).
Primera vez que acepto un trabajo estable lejos de mi hogar.
Primera vez que me gradúo de la universidad (ya era hora).
Bueno, por lo demás, debo ir marcando algunos puntos que no por ser repetidas, pues han sido importantes.
Dejé de fumar, lo cuál se ha estado poniendo en peligro porque siento muchísimas ganas cuando estoy en compañía de fumadores. Eso quisiera que fuera como algo que decido hacer de vez en cuando (cuando el momento lo amerite), pero no estoy seguro de mi propensión a la adicción, lo cual debería preocuparme.
Comencé a trabajar de lleno en el proyecto "Grupo Coyol" en el cual hemos estado viendo buenos frutos y cada vez nos acercamos más a lograr nuestros objetivos. Lo que hace realmente importante para mí este proyecto, es el hecho de que me han desempeñarme como arreglista y con ayuda de todos parece que seguimos bien el sistema que siempre he pensado funciona para un grupo. Este año de fijo será la cosecha.
De a poco he ido tomando más conciencia sobre mi cuerpo y mi salud, en parte porque tengo a este muy buen amigo (creo que el mejor) que se encuentra en el proceso de la quimioterapia por cancer linfático, y por otro lado mi propia salud que no ha sido muy buena.
He retomado el estudio del contrabajo y necesito de algún modo llegar a dominarlo para asegurarme un puesto como profesor por esta zona. Aún me falta mucho, pero debo proyectarme como músico que soy para que eso se consiga pronto.
Dejé mi tratamiento psiquiátrico, lo cual ha sido algo genial. Hoy en día creo que eso me ha hecho crecer mucho, y me doy cuenta de que, aunque tengo predisposición a deprimirme, puedo determinar las causas de mi tristeza y confrontarlas o buscarles una solución pronta, eso es algo que pocos pueden hacer con la serenidad que lo hago actualmente.
Por otro lado, pues me he ido deteriorando mucho en varias cosas que me atañen fuertemente. Con respecto a mi salud no puedo hacer más que seguir indicaciones y disciplinarme un poco más. Lo que sí me deprime un poco es mi papel como músico.
Me he convertido en un "matachivos" y no es lo que quiero ser. He ido perdiendo el arte y todo por ganar dinero. La verdad es que he estado contribuyendo a la mediocridad que tanto critico y que hacia el final me termina por enojar.
Quiero retomar muchas cosas y dejar eso un poco botado, la verdad es que tampoco me precisa tanto el dinero como para cambiarlo por mi dignidad, y creo que ese va a ser mi propósito principal para este año: tratar de mejorar más mi desempeño como músico.
Probablemente se me estén pasando cosas por alto, pero no es necesario ahondar tanto en detalles. Sólo espero de corazón que todas y cada una de las personas que alguna vez haya pasado por acá, se den cuenta de lo significativo que es que alguien lea alguno de mis post. De verdad si he hecho algo bueno por alguien, pues enhorabuena.
Sin más decir sólo queda despedirme. Adelanto que hay un ser muy especial volviendo a mi vida, quisiera que la ilusión no acabe nunca porque es algo que me hace sentir especial y siempre con ganas de más, pero ya el destino dirá. El mejor año de mi vida y de la tuya ha iniciado...
Este ha sido un año grandioso en muchos sentidos. Pero ¿cuál año no lo es?
Comenzó con un chivo pagado de año nuevo que dio pie a un amor loco, y que para ser honesto, el único amor que tuve durante el año. Es cierto que sólo estuvimos juntos un par de meses, pero estoy seguro que seguirá en mí el resto de mi vida.
Como hechos memorables puedo citar algunas primeras veces:
Primera vez de Metallica en Costa Rica.
Primera vez de WWE en Costa Rica.
Primera vez que toco con orquesta sinfónica.
Primera vez que toco con cimarrona.
Primera vez que tuve un concierto como voz principal (malo, por cierto).
Primera vez que acepto un trabajo estable lejos de mi hogar.
Primera vez que me gradúo de la universidad (ya era hora).
Bueno, por lo demás, debo ir marcando algunos puntos que no por ser repetidas, pues han sido importantes.
Dejé de fumar, lo cuál se ha estado poniendo en peligro porque siento muchísimas ganas cuando estoy en compañía de fumadores. Eso quisiera que fuera como algo que decido hacer de vez en cuando (cuando el momento lo amerite), pero no estoy seguro de mi propensión a la adicción, lo cual debería preocuparme.
Comencé a trabajar de lleno en el proyecto "Grupo Coyol" en el cual hemos estado viendo buenos frutos y cada vez nos acercamos más a lograr nuestros objetivos. Lo que hace realmente importante para mí este proyecto, es el hecho de que me han desempeñarme como arreglista y con ayuda de todos parece que seguimos bien el sistema que siempre he pensado funciona para un grupo. Este año de fijo será la cosecha.
De a poco he ido tomando más conciencia sobre mi cuerpo y mi salud, en parte porque tengo a este muy buen amigo (creo que el mejor) que se encuentra en el proceso de la quimioterapia por cancer linfático, y por otro lado mi propia salud que no ha sido muy buena.
He retomado el estudio del contrabajo y necesito de algún modo llegar a dominarlo para asegurarme un puesto como profesor por esta zona. Aún me falta mucho, pero debo proyectarme como músico que soy para que eso se consiga pronto.
Dejé mi tratamiento psiquiátrico, lo cual ha sido algo genial. Hoy en día creo que eso me ha hecho crecer mucho, y me doy cuenta de que, aunque tengo predisposición a deprimirme, puedo determinar las causas de mi tristeza y confrontarlas o buscarles una solución pronta, eso es algo que pocos pueden hacer con la serenidad que lo hago actualmente.
Por otro lado, pues me he ido deteriorando mucho en varias cosas que me atañen fuertemente. Con respecto a mi salud no puedo hacer más que seguir indicaciones y disciplinarme un poco más. Lo que sí me deprime un poco es mi papel como músico.
Me he convertido en un "matachivos" y no es lo que quiero ser. He ido perdiendo el arte y todo por ganar dinero. La verdad es que he estado contribuyendo a la mediocridad que tanto critico y que hacia el final me termina por enojar.
Quiero retomar muchas cosas y dejar eso un poco botado, la verdad es que tampoco me precisa tanto el dinero como para cambiarlo por mi dignidad, y creo que ese va a ser mi propósito principal para este año: tratar de mejorar más mi desempeño como músico.
Probablemente se me estén pasando cosas por alto, pero no es necesario ahondar tanto en detalles. Sólo espero de corazón que todas y cada una de las personas que alguna vez haya pasado por acá, se den cuenta de lo significativo que es que alguien lea alguno de mis post. De verdad si he hecho algo bueno por alguien, pues enhorabuena.
Sin más decir sólo queda despedirme. Adelanto que hay un ser muy especial volviendo a mi vida, quisiera que la ilusión no acabe nunca porque es algo que me hace sentir especial y siempre con ganas de más, pero ya el destino dirá. El mejor año de mi vida y de la tuya ha iniciado...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
