Sé que todos y todas saben de quién hablo. Y además deben saber que nada de lo que se pueda decir con respecto a su magnificencia en exagerado.
El otro día pensaba en toda su magia y tuve miedo de perderla. Pero luego reaccioné y tuve miedo de no aprovecharla. Es el ser más cercano a la esencia divina y sin embargo suele pasar desapercibida.
Son tantas y tantas las cosas hermosas que se me ocurren decir de ella. Su sonrisa tiene el atributo de hacer desaparecer todas las penas. Uno desearía encontrar esa sonrisa en cada lugar que visita pero con el tiempo se va haciendo más y más lejana.
Hay algunos sabiondos que aseguran que uno depende de ella y que será motivo de nuestra búsqueda durante toda la vida. Incluso parece que algunas religiones utilizan nuestra devoción por ella para atraer adeptos.
Por mucho que me esfuerzo no puedo recordarla cometiendo un error o actuando de una manera inapropiada. Y en efecto, cada cosa que elabora con sus manos tiene el sello de la perfección.
Es menester decir que hoy quería escribir acerca de temas varios, pero una necesidad incontrolable de hacer justicia a la mujer que más adoro me tomó la palabra. Así es confieso mi amor por mamá.
Y es que mi madre podría estar en este momento durmiendo o viendo televisión después de un día de trabajo arduo, como cada uno en su vida; pero además la madre de cada quien también podría estar en algún lugar cercano a ustedes y casi nunca pensamos en lo dichosos que somos por tenerla.
Soy un poco frío y quizás nunca diga esto en persona, pero de verdad doy gracias a la vida por haberme concedido la mejor mamá del mundo, y sé que todos y todas también deben hacerlo.
Gracias madre por ser quien eres... Te amo...
viernes, 4 de marzo de 2011
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