¿Por qué será tan difícil definir un sistema personalizado de valores que resista la presión que ejercen los valores del colectivo?
¿Quién define los principios de las masas? ¿De qué le sirve adiestrarlas de esta manera?
Ésas anteriores son preguntas que me han estado martillando la cabeza estos últimos días.
Debo decir que cuando hablo de valores (y muy probablemente ya lo he hecho con anterioridad) tengo que hacer un pequeño paréntesis y aclarar que no hay nada más frágil que eso. La escala de valores puede variar o ser modificada de acuerdo a las circunstancias y situaciones que experimente el individuo en un determinado momento.
Así por ejemplo si otra persona se expresa hacia ti de una manera que no consideras compatible con tu definición de respeto es muy probable que te sientas presionado o presionada a actuar de una manera "no respetuosa" y de ese modo podrías llegar a reinterpretar ese valor. O un valor como la lealtad se puede ver comprometido por una situación sentimental o material que pueda involucrar, o no, otros valores de tu escala.
Bueno, al final lo que quiero decir es que por mucho que exprese, escriba, recite, o cante, siempre es posible que en un momento dado me comporte diferente a lo que en mis escritos trato de ir describiendo como un estilo de vida modelo. Pero ahora viene lo que es realmente incómodo y que por ende me obsesiona.
He intentado de muchas formas creer en mis valores y a la vez darle valor a mis creencias. Digamos que he tomado ideas de cuanto he ido acumulando en conocimiento para poder tener una ideología íntegra de valores, costumbres, creencias y hábitos; y estoy sumamente convencido de que voy por buen camino para llegar a poseer un sistema bastante equilibrado y lleno de satisfacciones.
Pero de repente todo en lo que creo pareciera no tener un valor real, ya que no solamente mis principios contravienen a los de los demás, sino que la sociedad se empeña en desestimarlas. Peor aún, la gente dice estar de acuerdo con lo que pienso actúan de una manera ajena a sus afirmaciones.
Entonces la presión aparece en forma de soledad. Pero no una soledad física, sino una soledad filosófica. Comienzo a sentir que la construcción de mis conocimientos se dio de una forma inadecuada y que en algún momento mis valores (que debían ser muy similares a las del colectivo) se apartaron del camino y se perdieron en oscuros parajes, como evadiendo la realidad.
Porque sí, créelo o no, parece que la mayoría de la gente ve la vida del mismo modo. Las aspiraciones, metas, alegrías, todo es como si alguien nos insertara los mismos ideales en la mente y nos dirigiera hacia las mismas metas.
Entiendo perfectamente las repercusiones de vivir bajo un sistema absurdamente capitalista. Entiendo que la gente quiera sentirse poderosa por medio de sus pertenencias. Pero me es inconcebible que, a pesar de vivir bajo estos regímenes, aún haya gente que se dice "cristiano" cuando Cristo daba tantísimo valor a la humildad, y dejaba claro que era por medio de la pobreza que podríamos llegar al reino de Dios.
La ambivalencia en que vivimos me hace dudar de mí. Yo que no me profeso como religioso, que más bien aprovecho cualquier oportunidad para blasfemar abiertamente, aparezco ante los fieles en condiciones más puras que ellos. Entonces ¿Será que estoy mal?
No puedo ser feliz entre tanta incongruencia. Mi modelo de vida está encausado a buscar la felicidad, como debiera serlo en el caso de todas las personas, pero de algún modo entre mis ideales hay grandes apartados destinados a la convivencia, y si la gente no actúa con sensatez y no cumplen con sus principios, entonces no voy a lograr el ambiente que ocupo para sentirme a gusto con mi medio. Y hago de nuevo la pregunta:
¿Quién define los principios de las masas? ¿De qué le sirve adiestrarlas de esta manera?
Sea quien sea, y sea cual sea su intención, espero que se dé cuenta de que ya casi no quedan conciencias ni individuos. La gente está dispuesta a vivir una vida vacía y sin consideración por nuestro mundo y nuestra especie, con tal de poseer bienes materiales. Sé que no arreglaré nada con todo esto pero al menos pongo en evidencia que tanto usted como yo hemos sido etiquetados con un precio muy inferior a cualquier objeto que podamos observar a nuestro alrededor...
sábado, 30 de abril de 2011
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