Hace algunos meses envié mi contrabajo al taller para que le cambiaran el diapasón y el puente. Era un trabajo que en teoría no tardaría más de un mes. Aún espero la llamada. Ya en una ocasión envié un texto que el luthier me respondió con amabilidad y se disculpó por el atraso.
Yo realmente admiro mucho el trabajo que hacen estas personas porque significa mucho para quienes nos dedicamos a la música, y no sólo eso sino que además siento que debe ser un proceso tomado con paciencia para que dé los mejores resultados.
Lo malo es que todo este tiempo sin practicar me está bajando el nivel drásticamente. Lo peor es que me siento incompleto.
Después de haberme acostumbrado a una rutina de vida que implicaba al menos dos horas de práctica diarias, el cuerpo y la mente se condicionan a trabajar en función de eso. Ahora no sólo se ha caído el nivel, sino también las rutinas. Hay cosas que no puedo realizar por no hacer la práctica antes. Todo se desordenó y no encuentro forma de reordenarlo satisfactoriamente.
De igual manera preferiría no readaptarme a una nueva rutina porque luego tendría el mismo problema para cambiar una vez que el contrabajo vuelva. Pero cómo se tarda el asunto!
Por mientras será mantener mi vida enredada y mi estima por los suelos. Y yo que siempre me burlé de quienes depositan su vida en el ring, ring de una llamada.
