Una vida entera junto a vos, mi amigo, mi hermano, mi hijo.
Recuerdo cuando alguien a quien también amo llegó a casa con tu madre y tu tío, como de costumbre les puse nombres ridículos y me tiré sobre el colchón con ambos. Jamás en mi vida hubiese imaginado que allí nacía quizás mi más grande amor hasta ahora.
Tu madre se llamaba Lechis (disminutivo de "lechita" por su morisca blancura), a tu tío "Barbis" (disminutivo de "barbita", por su barba blanca en cara negra) lo habíamos reubicado con una familiar ya que en ese entonces no podíamos cuidarlos a ambos.
No tenía mucha experiencia con mascotas, fui ingenuo e ignorante y no la castré (un error que en retrospectiva se convirtió en mi más dulce bendición). Meses después, como era de esperarse, tu madre apareció preñada. Dio a luz a tres bellos gatitos muy diferentes entre ellos, uno gris peludito, una atigrada y otro (como me lo describiría mi ex novia) una vaquita. Recuerdo perfectamente que fue un día sábado porque no estuve durante el parto, me encontraba dando clases, pero no recuerdo ni qué día ni qué año. Yo lo ubico entre el 2005 y el 2008 que fueron los años que trabajé en San Ramón.
Pasada una semana del parto tu madre desapareció. Fue un golpe duro porque no sabíamos qué sería de ustedes, pero pronto aprendimos a darles leche con chupón, y así fueron creciendo día a día. Vos siempre fuiste el más goloso, maullabas mucho cuando llegaba el turno de darles de comer, por eso siempre te atendía primero para que dejaras en paz a los demás en su momento.
Una vez que empezaron a andar por la casa recuerdo que siempre me perseguías porque yo era quien más en contacto estaba con vos y tus hermanos, y así comencé a decir que en realidad yo me había convertido en su mamá. Tenías esa hermosa maña de escalar desde mis zapatos hasta mi pecho que luego se convirtió en un salto de amor desde el suelo.
A tu hermano lo regalamos, tu hermana se quedó con nosotros, se llamaba Milly. Mi familia siempre quiso deshacerse de vos porque eras "feo" y "malcriado" pero yo me negué. Ya habíamos establecido un vínculo demasiado fuerte.
Los años pasaron y te acostumbraste a dormir conmigo. Tu hermana se perdió, llegó luego Pisui quien era muy pequeño y vos mismo lo tomaste como un hijo. Con el tiempo hasta tuve que quitar una celosía de mi cuarto para que pudieran pasar tranquilos. Vos engordaste mucho, tanto que la gente que te veía en el corredor siempre preguntaba si "la gata" estaba embarazada, evidentemente tuve que cambiar tus hábitos alimenticios. Nunca más volviste a saltar a mis brazos.
Eras un gato peleón, tenías a tu némesis en un gato chongo y cimarrón que siempre se paseaba por el barrio. Más de una vez tuve que llevarte de emergencia al veterinario con todo tipo de lesiones. Creo que vos simplemente nos defendías de esos gatos malvados, eras el guardián de la familia.
El tiempo pasó, y dejaste de pelear. Adquiriste nuevas mañas y yo acostumbré a tomarme "selfies" con vos. Te extrañaba cuando decidías que hacía mucho calor para dormir a mi lado, pero siempre volvías puntual a despertarme.
Poco a poco te fuiste poniendo más lento, más calmo. Hubo una chispa que se fue perdiendo en tu mirada y un día de tantos decidiste irte para no volver. Ya hace un mes de eso y te he llorado sin consuelo. Algunos dicen que cuando un felino viejo siente que ya le llega la hora de partida, responde a un antiguo instinto que le hace buscar un refugio para morir en paz y no ser víctima de los depredadores, otros dicen que se van de casa para no causarle dolor a sus amos. Yo pienso que mi dolor se hubiese prolongado menos teniendo la oportunidad de despedirte con un abrazo, así no hubiera pasado tantos días encontrándote en sueños sólo para despertar con el corazón roto y no poder dormir de nuevo. De haberte despedido no anhelaría escuchar el golpe en las ventanas anunciando tu arribo, ni escucharía tus maullidos en lugares bulliciosos,
¿Y cómo no haber amado tu máscara negra, tu extraño caminar con la cadera tiesa, el timbre de tu maullido y cuando parecía que querías decir mamá; ese ronroneo no tan intenso pero profundo, la forma en que te estirabas cuando te tomaba en mis manos, los celos que demostrabas cuando invitaba una chica a la casa, tu olor tan peculiar, nuestras conversaciones mañaneras, la forma en que enterrabas tu nariz en mi barbilla, tu compañía en esas largas jornadas de estudio, la forma en que arrastrabas la taza del agua con tus patas? Son tantas cosas que extraño profundamente.
Ahora me arrepiento de las veces que cometiste un error y del enojo me pasé en la manera de disciplinarte. Me arrepiento de no haberte bajado del techo cuando debía salir corriendo a tomar un bus y te quedabas mirándome mientras me alejaba. Me arrepiento tanto de haberme molestado contigo cuando estaba trabajando e insistías en echarte sobre mis regazos mientras sujetaba la guitarra. Me arrepiento mil veces de no haberte abrazado ni besado más de lo que te besé.
El otro día soñé que saltabas a mi pecho como solías hacerlo mientras dormía, y te abracé por instinto pero ya no estabas. Lloré tanto que tuve que sacar la almohada al sol el día siguiente. Ahora comprendo que mi soledad era más llevadera a tu lado, sin vos ya no sé qué hacer con mis sentimientos, te fuiste y yo me quedé acá con tan sólo unos cuantos trozos de corazón que no logran encajar entre sí.
Te amo gatón, sólo me queda darte gracias por haber sido el único ser que me ha tolerado tanto, ojalá hayas reconocido que si bien me equivoqué tantas veces con vos, también siempre di lo mejor de mí para que fueras felíz. Hasta siempre!
domingo, 3 de enero de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)














No hay comentarios:
Publicar un comentario