Te conocí siendo apenas una adolescente, y desde entonces quedé encantado por tu bravura. Pocas veces he sido tan impactado por una fémina como lo he sido por vos y aún así te sentí lejana, fuera de mi alcance. Poco a poco fui entendiendo a la mujer, la luchadora, la persona que no solo enamoraba con su sonrisa, sino que me impactó la guerrillera, la que desfió sus límites y puso pie en una nueva tierra.
Ahora sos lo que más deseo, no como cosa, no como bella, te deseo por ser la persona en quien quisiera depositar mis anhelos. Nadie como vos mueve mis sentimientos y te aseguro que nadie como vos le da sentido a mi locura. Porque no quiero hacerte mía, quiero hacerte nuestra, quiero que seamos en esencia lo que ambos podemos ser para el mundo.
Creo en vos como creo en la plenitud, y cada vez que nos conocemos, somos más que un juego de palabras, más que un juego de seducción. Somos cimiento y concreto, somos mucho más que sólo dos.
Quiero que construyas una realidad diferente a la que te ha tocado vivir, a la que me ha tocado vivir. Quiero que escribamos esa historia que sólo en los más trillados textos hayamos leído, porque somos historia de amantes, somos historia de incansables, que viajando fuera del texto nos rehusamos a vivir el ciclo ya consumado.
Me he enamorado de tus atributos fácilmente observables, pero más me he enamorado de quien sufre por su entorno y decide modificarlo. Sos fortaleza y sos delicadeza, sos todo lo que amerita ovación en este puto mundo de rudeza.
Te amo porque existís y le das sentido a mi existencia, y a poco, si me das tu paciencia, seremos pan y agua en una mesa.
Mi vida tiene de nuevo sentido y tu vida tiene apoyo por siempre, porque somos dos contra el dolor, somos dos compartiendo en el umbral del amor. Así te sigo dondequiera, así te amo a mi manera.
Gracias de nuevo pequeña guerrera, por hacer de este hombre un soldado en tu trinchera...

No hay comentarios:
Publicar un comentario