miércoles, 22 de febrero de 2017

Puntos suspensivos...

Más de una vez me han preguntado sobre el porqué suelo terminar mis textos con puntos suspensivos. Mi respuesta puede no ser siempre contundente o siquiera realista, pero es que no creo en los finales absolutos.

Odio pensar en eso, incluso la muerte es el inicio de algo más: devolvemos minerales a la tierra, damos de comer a los gusanos, etc. Nada concluye, somos puntos suspensivos.

Pero más importante que mis creencias al respecto, son mis tendencias al respecto.

Soy obsesivo, a veces me cuesta entender eso porque vivo y me desenvuelvo en un contexto completamente ajustado a la normalidad sin pretender ser incluído.

Yo me obsesiono, y me doy cuenta de ello leyendo mis conversaciones con personas a las que quiero. Porque haciendo un análisis posterior, en primer lugar nadie vuelve a leer las conversaciones que tiene con otras personas, y en segundo lugar pareciera que no las quisiera dejar ir. Muchas veces recibo frases en las cuales sutílmente me piden espacio y yo pareciera ignorarlas adrede. Pero la pura verdad del caso es que no me doy cuenta.

Soy del tipo de personas que cuando encuentran a alguien agradable con quien hablar pueden mantenerse desvelados haciéndolo sin que eso parezca un sacrificio. No sólo eso, además nos cuesta despedirnos aún teniendo que realizar alguna otra labor o responsabilidad. No medimos las consecuencias de postergar labores con tal de mantenernos hablando con esa persona que nos resulta cautivadora.

Eventos recientes con alguien de quien me enamoré, me han llevado a pensar que debo ser más responsable con mis ya hartos trastornos. Eso no quiere decir que deba volver a medicarme o intentar ignorarlos como hago todo el tiempo pretendiendo que los demás los pasen por alto. Pero es que debo ser honesto conmigo mismo: los obsesivos nos obsesionamos, los depresivos nos deprimimos. No son actitudes para ser cambiadas ni pensamientos que pueda recrear intentando ser positivo o pensando en cosas bonitas. Esas cosas suceden y punto.

Insisto, para mí es casi imposible detectar cuando me estoy comportando obsesivamente con alguien, por eso creo que ocupamos algún tipo de protocolo para poder alertar y ser alertados por los demás sin ser emocionalmente lastimados como suele suceder.

Una posible sugerencia a seguir sería:
1- Siempre ser honesto y hablar de los posibles trastornos con las personas que apreciamos. No pretendo a la hora presentarnos decir: -Hola, soy Diego y soy obsesivo-compulsivo. Pero sí, una vez que uno adquiere un poco de confianza, abordar el tema y hacerlo ver como algo que no necesariamente culminará en una relación nociva o tóxica. Las personas obsesivas podemos ser grandes escuchas, consejeros, impulsadores y hasta motivadores.

2- Intentar siempre ponerse en el lugar del otro. La empatía es algo de lo que todos hacen alarde pero pocos lo demuestran. Para tratar con alguien obsesivo algunas veces hay que ser muy puntual, no entendemos indirectas. Así que no hace falta llegar al punto de ruptura para expresar si la insistencia incomoda, basta decir algo así como: "estoy ocupada, hablamos mañana", o simplemente "necesito espacio" y nosotros podemos entender, eso sí no esperen que ese espacio sea indefinido, mientras más específico seas es mejor.

3- Ser amable. En realidad esto debería ser una norma de convivencia básica, pero no siempre lo es. Si te incomoda la insistencia de una persona obsesiva no hagas cosas como reclamarle o, peor aún, dejarle "en visto". Este tipo de acciones siempre van a motivar que uno quiera saber el porqué de tales actitudes y empeorará la situación. Mejor sería tener calma y decir con respeto que te sientes incómoda y a posteriores preguntas​ responder lo más directamente posible y con honestidad. Nosotros podemos entender, no será la primera vez que nos suceda.

Ahorita no se me ocurre nada más. Sólo debo decir que las personas con trastornos también somos gente sensible, no somos por definición criminales ni anormales. Muchas veces sólo sentimos que nada de lo que realmente nos gusta dura para siempre y quisiéramos prolongar lo más posible el tiempo que podemos compartir. Si hay algo que nos hace sentir bien, es la certeza de que tenemos las puertas abiertas, procura enfocarte en lo bueno de tener alguien obsesivo en tu vida, y dale puntos suspensivos...

lunes, 2 de enero de 2017

¿Qué me dejó el 2016?

Este fue un año que quizás no solo yo recordaré con desagrado, entre andar y quedarme no he logrado ningún tipo de estabilidad. Lejos del luto en lo mediático mi luto fue el más pavoroso y acá hago un paréntesis para mostrar una vez más que soy hombre de emociones, puedo derrumbarme por sucesos que a la mayoría no le significarían gran cosa, además sé que me pueden llamar dramático por sufrir algunas veces desproporcionadamente, pero yo tampoco conozco pérdidas tan intensas como las que quizás han vivido la mayoría de mis seres amados.

Este 2016 empezó con la ausencia del ser que he amado con mayor constancia y duración aparte de mis familiares cercanos. Mi Chito partió un día para no volver, aún tengo en mi mente su paso lento y destartalado alejándose de mí. Nunca lo vi partir, pero mi mente creó esa escena para torturarme durante mucho tiempo. No obstante brillaba en mi corazón la luz de alguien que podría darme consuelo y cariño, pero no entendí en el momento que ella también tenía sus tristezas al hombro, y así se alejó cuando no pude más que confesarle mi amor.

La historia nunca acabó, y aún no sé adónde va. Mi tristeza creció y opacó cada pequeño triunfo en la vida. Las malas noticias aumentaron y las buenas dejaron de ser importantes. Quizás sea para mí una ventaja sucumbir tan fácilmente a la tristeza porque de no ser así no hubiera decidido medicarme de nuevo; ya he visto lo que tanta prolongación de tristeza le ha hecho a otras personas y no quiero ser así, no para mi particular forma de amar. Pero bien, no temo decir que tomé una mala decisión al intentar superar ese desamor buscando cariño en alguien más. Como es de suponerse fracasó, pero no solamente fracasó, sino que además conocí por primera vez lo que el despecho le hace a las personas... no fue lindo, me asusté.

Luego apareció esa oportunidad de viajar a Europa: ¡Francia! parecía más un comentario sarcástico en el momento, algo que uno dice por chotear pero sucedió. No puedo decir que fue la mejor experiencia de mi vida, pero estoy seguro que eso me hizo crecer de maneras que jamás había siquiera sospechado. Al hallarme fuera sentí una vez más al otro Diego salir, justo como cuando por fin me sacaron a tocar por primera vez lejos de la comodidad de mi hogar. Entendí que ese otro yo es un ser que arriesga, que vive con intensidad, es una persona que crea sus oportunidades y las aprovecha. No voy a negar que hubo muchísimos lunares dentro del contexto de la experiencia, pero ya no gano nada con enfocarme en ello. Ese tipo que me gusta, del cual podría enamorarme, tiene una actitud diferente hacia la vida y se enfoca en mantener dentro de sus memorias lo mejor de cada experiencia. Así fue como al regresar a Costa Rica, una persona no tan sombría arribaba con un maletín lleno de ropa sucia y licor extranjero.

Ese tipo se reencontró con alguien de su pasado, alguien que creyó nunca volver a ver. La coqueteó, le sonrió con su más honesta alegría, e incluso le dedicó un par de "posts" en su blog. La historia acaba en que ella no tolera al intenso ser que ama su mirada y el espacio que aparece entre sus incisivos centrales cada vez que sonríe. Pensé que eso devolvería al personaje triste a escena, pero no es así. Ahora más que nunca ha decidido que necesita todas esas experiencias de vida para crecer, porque no hay nada de qué arrepentirse más que de lo que no se ha intentado.

Al final pienso que debería sentir lástima por quienes no logran vivir con su amor al tope, pero más lástima me genera que rechacen tanto a ese ser lleno de amor que no hace más que dar. Hoy, como cada año, creo que voy a morir y tan sólo quisiera sentir esa libertad en el ocaso de mi vida.

Este nuevo año no podrá ser peor que los dos anteriores, así que miro adelante con mucha esperanza porque siento que el mundo merece más personas como ese ser que tanto admiro cuando me siento en plenitud.

Te amo...