Este fue un año que quizás no solo yo recordaré con desagrado, entre andar y quedarme no he logrado ningún tipo de estabilidad. Lejos del luto en lo mediático mi luto fue el más pavoroso y acá hago un paréntesis para mostrar una vez más que soy hombre de emociones, puedo derrumbarme por sucesos que a la mayoría no le significarían gran cosa, además sé que me pueden llamar dramático por sufrir algunas veces desproporcionadamente, pero yo tampoco conozco pérdidas tan intensas como las que quizás han vivido la mayoría de mis seres amados.
Este 2016 empezó con la ausencia del ser que he amado con mayor constancia y duración aparte de mis familiares cercanos. Mi Chito partió un día para no volver, aún tengo en mi mente su paso lento y destartalado alejándose de mí. Nunca lo vi partir, pero mi mente creó esa escena para torturarme durante mucho tiempo. No obstante brillaba en mi corazón la luz de alguien que podría darme consuelo y cariño, pero no entendí en el momento que ella también tenía sus tristezas al hombro, y así se alejó cuando no pude más que confesarle mi amor.
La historia nunca acabó, y aún no sé adónde va. Mi tristeza creció y opacó cada pequeño triunfo en la vida. Las malas noticias aumentaron y las buenas dejaron de ser importantes. Quizás sea para mí una ventaja sucumbir tan fácilmente a la tristeza porque de no ser así no hubiera decidido medicarme de nuevo; ya he visto lo que tanta prolongación de tristeza le ha hecho a otras personas y no quiero ser así, no para mi particular forma de amar. Pero bien, no temo decir que tomé una mala decisión al intentar superar ese desamor buscando cariño en alguien más. Como es de suponerse fracasó, pero no solamente fracasó, sino que además conocí por primera vez lo que el despecho le hace a las personas... no fue lindo, me asusté.
Luego apareció esa oportunidad de viajar a Europa: ¡Francia! parecía más un comentario sarcástico en el momento, algo que uno dice por chotear pero sucedió. No puedo decir que fue la mejor experiencia de mi vida, pero estoy seguro que eso me hizo crecer de maneras que jamás había siquiera sospechado. Al hallarme fuera sentí una vez más al otro Diego salir, justo como cuando por fin me sacaron a tocar por primera vez lejos de la comodidad de mi hogar. Entendí que ese otro yo es un ser que arriesga, que vive con intensidad, es una persona que crea sus oportunidades y las aprovecha. No voy a negar que hubo muchísimos lunares dentro del contexto de la experiencia, pero ya no gano nada con enfocarme en ello. Ese tipo que me gusta, del cual podría enamorarme, tiene una actitud diferente hacia la vida y se enfoca en mantener dentro de sus memorias lo mejor de cada experiencia. Así fue como al regresar a Costa Rica, una persona no tan sombría arribaba con un maletín lleno de ropa sucia y licor extranjero.
Ese tipo se reencontró con alguien de su pasado, alguien que creyó nunca volver a ver. La coqueteó, le sonrió con su más honesta alegría, e incluso le dedicó un par de "posts" en su blog. La historia acaba en que ella no tolera al intenso ser que ama su mirada y el espacio que aparece entre sus incisivos centrales cada vez que sonríe. Pensé que eso devolvería al personaje triste a escena, pero no es así. Ahora más que nunca ha decidido que necesita todas esas experiencias de vida para crecer, porque no hay nada de qué arrepentirse más que de lo que no se ha intentado.
Al final pienso que debería sentir lástima por quienes no logran vivir con su amor al tope, pero más lástima me genera que rechacen tanto a ese ser lleno de amor que no hace más que dar. Hoy, como cada año, creo que voy a morir y tan sólo quisiera sentir esa libertad en el ocaso de mi vida.
Este nuevo año no podrá ser peor que los dos anteriores, así que miro adelante con mucha esperanza porque siento que el mundo merece más personas como ese ser que tanto admiro cuando me siento en plenitud.
Te amo...
lunes, 2 de enero de 2017
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