miércoles, 7 de febrero de 2018

Adiós Pisuicón

Hace poco más de seis años llegó una vecina a casa con un gatito en una caja. Lo trajo acá porque sabía que yo me dedicaba a ayudar animales callejeros y corría el riesgo de que lo maltrataran. Por un tiempo lo tuvimos por acá hasta que pudiera castrarlo y darlo en adopción, pero pronto mi papá (que nunca había simpatizado con los felinos), le tomó cariño y hasta le puso un nombre: "Pisuicas".

Pisuicas es el mote que le damos los ticos al diablo, y la razón de que el gato se llamara así tenía más que ver con todo el prejuicio que existe contra los gatos negros que por su comportamiento. Era un gatito muy nervioso y solía ocultarse de la gente, pero con el tiempo se acostumbró a nosotros y nosotros a él.

Después de la muerte de Chito hace un par de años, Pisui (diminutivo) pasó a ser el patriarca de la casa; tomó su lugar en mi cama y me ayudó a levantar cabeza debido al duro golpe. Se convirtió así en mi confidente y apoyo, le hablé de todo y nunca dejé de expresarle lo mucho que lo quería.

Sus últimos años fueron curiosos: fue envenenado varias veces, tuvo muchas heridas por peleas callejeras, una de las cuales casi le costó una pata, y gastó varias de sus vidas gracias a la irresponsabilidad de las personas (pero bueno, ése es un tema aparte). Cada una de estas vicisitudes estrecharon más nuestros lazos debido a los constantes cuidados que le merecían.

Fue así como este gato nervioso de un magnífico color negro, baboso, con mal aliento y la punta de su cola quebrada, se ganó mi corazón y el de mi familia, a pesar que muchas veces se "jalaba tortas", siempre fue un amor.


Anoche, después de una de mis ya constantes juergas, llegué a casa y no lo encontré, no me pareció anormal ya que solía llegar siempre de madrugada después de sus guardias nocturnas. Hoy por la mañana con todo y mi resaca me dieron la terrible noticia: anoche una vecina lo encontró en media calle muerto, recién atropellado y, sin saber qué hacer, al menos tuvo la compasión de arrastrarlo hacia la cuneta para que ningún otro vehículo lo terminara de aplastar. Hoy por la mañana buscó a sus dueños y llegó hasta acá.

Yo lo recibí en una bolsa, mi resaca ni siquiera me dejó reaccionar. Lo llevé al patio trasero, me tomé un café, y empecé a cavar. Mi familia salió porque, curiosamente, hoy también enterraron a un joven vecino que sufrió un accidente hace un par de días, por supuesto yo no fui al sepelio. Mis otras gatas se aproximaron curiosas al verme sudar copiosamente mientras cavaba. Yo no pude casi ni llorar debido al estado en el que me encontraba. Por fin lo saqué de la bolsa y vi su rostro desfigurado mientras sangraba por la nariz... no pude enterrarlo, la rigidez de su cuerpo me obligó a tener que ensanchar el hoyo, fue allí cuando tomé su patita y me di cuenta de todo lo que lo iba a extrañar.


Sus visitas nocturas, sus cariños, nuestras conversaciones, todos los momentos llegaron en ése preciso instante y sentí que me derrumbaba. Ahora más que nunca quisiera que su imagen no se vaya jamás ya que sé que con él acaba toda una generación de gatos a los que he amado como a mis hijos que nunca tendré y definitivamente es duro.

Hoy te doy gracias hermoso gatón, por haberme elegido entre los hombres y haberme otorgado el privilegio de dormir acurrucado al lado de una pantera pequeña y babosa; y de verdad espero que hayas sabido entender todos y cada uno de mis "te quiero", porque siempre los dije desde lo más profundo de mi ser y con más sinceridad de lo que muchas veces se lo he dicho a otras personas. Te extraño desde ya, y sé que será difícil superarlo, pero también sé que fui todo lo mejor que pude con vos y nos dimos una vida hermosa mutuamente.





Descansa en paz amigo...

2 comentarios:

..tardía.. dijo...

amé-odié leer esto. amé porque como una amante gatuna, siempre es cálido leer de personas de todo tipo quienes amen a los gatos, además que mi hermano tiene un gato negro con cola quebrada muy parecido al suyo. odié porque me hizo pensar en el dolor de perder un gato, mientras leía veía al mío, familiarizada con eso de las conversaciones que solo el gato y uno llega a conocer, en mi caso, el "gracias por estar aquí conmigo cuando más lo necesito" tan seguido que le digo a mi gato. me hizo pensar: y cuando ya no esté? ... en fin, si se dio lo mejor de si, no hay arrepentimientos y solo se sufre la ausencia. mucha suerte superando el vacío. saludos.

Diego dijo...

Muchas gracias, la verdad que ha sido difícil, pero siempre hay esperanza... Créeme que sufrí mucho más cada vez que estando en mis brazos imaginaba el día en que ya no estaría conmigo, ahora que me despedí lo siento mucho más digerible, como que todo nuestro cariño me trajo paz. Saludos!