miércoles, 30 de mayo de 2018

El mal que me acecha

Una de las cosas más curiosas (y abominable) respecto al ser humano es el doble discurso. Yo soy de esas personas que intentan ser de un modo y ésa expectativa de mí mismo muchas veces trae consigo una lucha interna por lograr que los ideales en los que creo sean los mismas que demuestro con mis acciones.

Pero últimamente me he venido a enterar que lo que soy en el fondo muchas veces no quiere obedecer a lo que creo o, al menos, desearía creer. Y es que hay un Diego interior que se desata en las situaciones más insanas, en los momentos en que activo el piloto automático, y esa persona no solamente es diferente, sino además casi malvada.

Ésa persona me asusta, se burla de mis ideales y se jacta de pisotearlos. Habla de maneras inmorales y se expresa con odio y sarcasmo hacia otras personas, las daña, las somete; tiene un poder sobre ellas que muy difícilmente podría yo ejercer, no porque no creería poder hacerlo, sino porque me resulta vergonzoso hacerlo, más que vergonzoso, me resulta repudiable.

Su modus operandi es el de las personas que el Diego que escribe acá suele desconocer. Realmente es asqueroso y se comporta como si nada importara más que su propio placer. No satisfecho con eso, además puede ser violento, ya lo ha manifestado en algunas ocasiones, y desata su agresividad contra otros y contra mí mismo.

Éste tipo me deprime, me hace sentir impotente porque no le puedo encarar, siempre que se manifiesta yo ya estoy fuera, sin embargo comparte conmigo suficientes memorias como para perturbarme. A veces despliega su creatividad y hace cosas muy artísticas, pero no por ése placer que tanto busca, sino por tener algún modo de restregarme que incluso en eso me puede superar, incluso en eso tiene mayor determinación que yo.

Una persona así de malvada es contraria a todo lo que yo en mi sano juicio creo: hedonista, machista, violento, abusivo. No puedo evitar creer que es quien en realidad merece éste cuerpo en un mundo lleno de esas actitudes, hasta he llegado a creer que es una manifestación de lo más puro en escencia que puede ser el ser humano; una entidad que conserva todos los rasgos primitivos que no nos dejan evolucionar espiritual y mentalmente.

Entonces, ¿será que la doble moral vive en cada uno de nosotros? ¿Será que no puedo renunciar a éste ser atorrante porque es la forma más pura de mi verdadero yo?

Quisiera poder matarlo, no redimirlo, matarlo. Porque daña mi visión de vida y me confronta con mis principios debilitándolos, y lo peor del caso es que ninguna de sus fechorías han servido para generar algún tipo de concientización, sino que me hace cuestionar la bondad de mis intenciones.

Temo que si lo mato termine por matarme a mí mismo...