martes, 20 de noviembre de 2018
viernes, 16 de noviembre de 2018
Adiós Chita
Hace poco más de un año escuché llantos de felino desde mi cuarto donde reposaba. Creí que era una gatita que recién había llegado a casa y me vestí para ir a auxiliarla. Salí a la calle pero no la encontré, dormía en un cuarto contiguo así que volví a la cama.
Al día siguiente volví a escuchar ése llanto. Sabiendo que la gata estaba en casa, quise saber de dónde provenía. Salí de casa y seguí los maullidos hasta encontrar en un lugar cercano un pequeño minino que se refugiaba en una esquina. Le llamé pero no respondió así que, pensando que estaba hambriento le llevé algo de alimento al lugar. No se acercó mientras esperé, pero me fui esperanzado en que comería lo que le dejé.
Al día siguiente volví al lugar llevando más alimento. Ésa vez el gatito se acercó y casi pude tocarle pero se asustó. Me fui satisfecho porque sabía que en algo le ayudaba.
Cuál fue mi sorpresa cuando al día siguiente no tuve que ir a buscarle ya que se acercó a mi casa y evidentemente esperaba su ración de comida. Yo muy alegre le bajé algo de comer y por fin se dejó tocar. Días después ya estaba en casa congeniando con los demás gatos.
Su apariencia era muy similar a la de mi gato Chito que había fallecido tiempo atrás así que, habiendo corroborado que se trataba de una gata, la apodé Chita.
Ella pronto se convirtió en mi gata lazarilla, me seguía a todas partes y le encantaba entrar a mi cuarto de estudio a afilarse las uñas en la alfombra.
Se convirtió en mi acompañante de cama y noche tras noche le decía lo hermosa que era y lo dichoso que me había hecho con su presencia. La amé y nos amamos como se aman los buenos compinches.
Hoy al llegar a casa me recibieron con la desafortunada noticia de que había sido atropellada frente a mi casa.
No saben el dolor que eso me produce, pero sin alargar mucho lo que ya pueden imaginar, siento que me alegra haberle dado una buena vida a mi lado.
La extraño acá en mi cama, y sé que la extrañaré por mucho tiempo más, recordaré con cariño cada gesto de amor que me demostró, y llevo en mi pecho cada palabra sincera que le dije mientras podía escucharme aunque jamás me entendiera.
De eso se trata el amor, dar sin esperar nada a cambio. Ahora me esperan noches largas de tristeza pero, como de costumbre, pasarán algún día y los bellos recuerdos prevalecerán.
Sabes que te amé gata preciosa, dichosos mis ojos que te observaron crecer y ser feliz a mi lado. Ojalá y tu muerte haya sido rápida y no hayas sufrido tanto como quien hoy con lágrima en los ojos escribe estas palabras.
Por siempre te tendré a mi lado. Adiós..
