Conozco a esta chica desde hace años. Hemos tenido acercamientos de todo tipo y hoy en día seguimos bebiendo juntos en total intimidad.
Ella es prácticamente mi ideal de mujer físicamente hablando. No podría describir todo lo que me provocan sus ojos, sus labios, sus miradas, sus piernas, sus senos y hasta el color de su piel.
Me gusta la forma en que habla, el tono de contra-alto y la forma como utiliza las palabras.
La he contemplado en muchas de sus facetas, más no creo que siquiera la haya visto reír a carcajadas.
Pero somos dos almas de muy diferente alcurnia. Casi que nos separa un mundo contextual.
Ella procede de un lugar muy diferente al que yo conozco dentro de mi tierra natal y, por ende, ha conocido muchas cosas que yo apenas puedo visualizar en películas de drama social.
Ella conoce un mundo tan diferente del mío que apenas si puedo procesar todo lo que me dice, más aún, me parece que incluso procede de otro lugar más allá.
Ha pecado de todas las formas en que el catolicismo podría condenar, y ha sido objeto de maltrato en un sentido que para mí solo existe en páginas de sucesos en un diario.
Ella es siete años menor que yo, pero ha vivido muchas más vidas en ése pequeño estuche de las que yo podría considerar vivir.
Ella es fuego y yo agua, ella habita en el crudo despertar de la incertidumbre cada día mientras yo ya vivo la rutina de quienes somos "estables".
Ella usa drogas a las que yo temo y se relaciona con gente a la cual prefiero evitar. Se enamora de la peor calaña para poder continuar amando el flagelo del cual goza a más no haber
Ella desearía casarse conmigo y yo no con ella, pero sí la visualizo como una persona a la cual contemplar cada día al abrir los ojos.
Ella sabe que me encanta, pero tiene tanto miedo como yo de que deba cambiar su modus vivendi para encajar en mi vida. Yo temo más no poder cambiar suficiente para encajar en la suya.
Ella tiene luz, pero su luz se apaga mientras decide que lo que es, es lo que hay, y que poco sería el placer de vivir sin el libertinaje que aceptó para vivir con el día.
Yo quisiera poder amarla y transformarla, pero estoy seguro que nunca querrá cambiar. Estoy seguro que la veré marchitarse y nada podré hacer por acercarla un poco más...
