lunes, 7 de enero de 2019

¿Qué me dejó el 2018?

Podría decir que fue un año bastante cabrón, pero en el camino he venido descubriendo cosas bastante rescatables y que, sea como sea, siguen forjando a la persona que seré.

Eventos desafortunados:

Perder a mis bellos Pisui y Chita fue realmente duro. Me devolvió a pensar en lo frágil y efímero que es todo, y definitivamente valorar aún más a nuestros seres amados.

Estuve en dos ocasiones a punto de perder mi trabajo en la escuela de música por meras disposiciones que podrían considerarse "burocráticas". La primera vez antes de vacaciones de medio período, por un comunicado que no se hizo a tiempo para renovar el convenio de la Municipalidad de Palmares con el Ministerio de Educación Pública. Ése proceso en particular fue desgastante porque tuve que involucrarme directamente asistiendo a reuniones para generar presión y agilizar los trámites a como diera lugar. La segunda vez casi ni nos dimos por enterados, pero resultó que la prórroga se nos hizo hasta el mes de octubre y al no tener notificación de la firma del convenio era posible que no nos prorrogaran, en todo caso estuvimos sin trabajo un día entero y al siguiente apareció el documento que nos aseguró trabajo hasta el año siguiente.

El amor volvió a tocar las puertas de mi vida, pero a como vino se fue y me dejó de nuevo con un sinnúmero de interrogantes. Sea como sea creo que ése capítulo ya cerró y de nuevo me veo cayendo en los brazos de los viejos consuelos, esos que, aunque prescindibles, seguirán engañando el alma hasta que haya nueva apertura.

Eventos afortunados:

Otro viaje a Europa: Grecia maravillosa! Muchos nuevos amigos y amigas, muchas nuevas experiencias, sabores, y olores, pero además muchos recordatorios de que somos seres humanos aquí o allá y, sea acá o al otro lado del mundo, vivimos al amparo de lo que podamos hacer con lo que tenemos. Todos estamos hechos de la misma materia y los sueños son similares, nada más que en la mayoría de los casos tenemos mucho que solucionar a lo interno.

Avances, apreciaciones y crecimiento. Mi vida como músico ha mejorado en ciertos aspectos, cada vez tengo una mejor percepción de los sonidos. Nunca he sido el mejor músico, de hecho ni siquiera podría decirse que he tenido las habilidades y conocimientos necesarios para serlo. Pero éste año ha ido todo en crecimiento, y algunas labores en las cuales tardaba mucho se van haciendo cada vez menos frustrantes y tediosas, casi podría decirse que estoy disfrutando por primera vez del rigor que significa hacer música y eso me llena de esperanzas. Creo que puedo seguir creciendo.

No sé qué más podría narrar. Sé que no volví a escribir mucho pero así son éstos tiempos. Sigo temiendo a la humanidad y su ya comprobada estupidez, y aún no logro aceptarme tal cual soy. El éxito está siempre lejano, y con cada paso que doy siento que me alejo más pero aprendo mucho.

Éste nuevo año me recibe con mucho trabajo y nuevos proyectos. Quizás, sólo quizás, éste año empiece a aceptarme como el casi cuarentón que ya soy, y empiece a generar capital...

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