Ya sé que me la paso despotricando contra las y los psicólogos, pero de repente llegar a los 40 significa también querer ver la vida de otras maneras y dejar de lado ciertos prejuicios.
Pero bien, algo de lo que empiezo a darme cuenta es de cómo mi TOC ha interferido en cosas tales como mis criterios acerca de las profesiones de otras personas, el crecimiento de mi ansiedad social, las horas que duermo, el tiempo que invierto en ocio, entre otras.
Pero uno de los puntos a los que he llegado durante mis conversaciones (que más bien son monólogos) con mi psicóloga es de cómo el TOC, o más bien, de cómo el tener conciencia sobre mi TOC ha interferido en la forma en que amo.
Y sí, quizás para el lector o la lectora sea un cosa prácticamente evidente, pero muchas veces lo evidente no lo es si no existe la premisa de su existencia. En otras palabras, para quien enfoca su atención en un punto, la existencia de ese punto es evidente pero no necesariamente lo es así para otros observadores.
Pues bien, una de las últimas veces que me enamoré profundamente (la cual está tristemente bien documentada en este blog) terminé por darme cuenta que mis impulsos hacía ella eran mayoritariamente motivados por mi TOC y no por un enamoramiento "real".
Esto sucedió por dos razones: la primera porque me di cuenta que tanta intromisión no era "normal" ni "saludable" y eventualmente terminó por espantar a mi amada, y la segunda porque empecé a tener conciencia de que eso realmente existía y no tenía la capacidad de darme cuenta de ello.
Entonces sucede lo siguiente: una vez que logro recuperarme de mi posterior depresión y sentimiento de culpa, empiezo a culpar a mí TOC de arruinar mis relaciones.
La verdad que es algo justificable y, de cierto modo, necesario para que mi TOC no saque ventaja y encuentre la forma de arrastrarme de nuevo a ese abismo de culpabilidad en el cual encuentra su nido la depresión.
Pero (y aquí viene la parte evidentemente no evidente) resulta que desde entonces cada vez que empiezo a sentir que me puedo "lanzar" hacia una nueva conquista y entregarle mi corazón a alguien, entonces regresa esa sensatez que me sugiere que todo es culpa del TOC, así que decido sosegarme y controlar mis impulsos románticos con el fin de que no sean el caballo de Troya mediante el cuál quiera entrar a la escena toda esa instigación obsesiva.
¿Qué sucede a continuación? Pues lo más obvio: no dejo que mis emociones tengan la libertad necesaria para ilusionarme y por tanto no llego a esa etapa en que la atracción se convierte en enamoramiento.
En este momento mi cabeza se llena de preguntas y entre tantas me vienen las siguientes: ¿Será que cada vez que intento controlar mis impulsos, asumiendo que tienen que ser motivados por el TOC, estoy cayendo en un estado de desapego que más bien puede ser interpretado como desinterés? y ¿Estará mi concienzuda limitación ante los impulsos emocionales provocando que cada vez tenga menos interés en enamorarme ya que suprimo el sentimiento de bienestar que genera el enamoramiento?
Ahora mismo creo que las respuestas son Sí y Sí, pero me viene esta duda terrible sobre cuál será el método correcto para acceder de nuevo a ese beneficio, o cuál será la dosis exacta de interés para lograr enamorarme y enamorarla sin caer en la toxicidad del TOC.
Como es costumbre, no tengo idea, pero al menos es algo que podría conversar con la persona que me interesa para llegar a un mejor punto de comprensión...
