viernes, 11 de diciembre de 2020

El TOC vs el amor

Hace algunos meses sucedió lo impensable: accedí a atención psicológica.

Ya sé que me la paso despotricando contra las y los psicólogos, pero de repente llegar a los 40 significa también querer ver la vida de otras maneras y dejar de lado ciertos prejuicios.

Pero bien, algo de lo que empiezo a darme cuenta es de cómo mi TOC ha interferido en cosas tales como mis criterios acerca de las profesiones de otras personas, el crecimiento de mi ansiedad social, las horas que duermo, el tiempo que invierto en ocio, entre otras.

Pero uno de los puntos a los que he llegado durante mis conversaciones (que más bien son monólogos) con mi psicóloga es de cómo el TOC, o más bien, de cómo el tener conciencia sobre mi TOC ha interferido en la forma en que amo.

Y sí, quizás para el lector o la lectora sea un cosa prácticamente evidente, pero muchas veces lo evidente no lo es si no existe la premisa de su existencia. En otras palabras, para quien enfoca su atención en un punto, la existencia de ese punto es evidente pero no necesariamente lo es así para otros observadores.

Pues bien, una de las últimas veces que me enamoré profundamente (la cual está tristemente bien documentada en este blog) terminé por darme cuenta que mis impulsos hacía ella eran mayoritariamente motivados por mi TOC y no por un enamoramiento "real".

Esto sucedió por dos razones: la primera porque me di cuenta que tanta intromisión no era "normal" ni "saludable" y eventualmente terminó por espantar a mi amada, y la segunda porque empecé a tener conciencia de que eso realmente existía y no tenía la capacidad de darme cuenta de ello.

Entonces sucede lo siguiente: una vez que logro recuperarme de mi posterior depresión y sentimiento de culpa, empiezo a culpar a mí TOC de arruinar mis relaciones.

La verdad que es algo justificable y, de cierto modo, necesario para que mi TOC no saque ventaja y encuentre la forma de arrastrarme de nuevo a ese abismo de culpabilidad en el cual encuentra su nido la depresión.

Pero (y aquí viene la parte evidentemente no evidente) resulta que desde entonces cada vez que empiezo a sentir que me puedo "lanzar" hacia una nueva conquista y entregarle mi corazón a alguien, entonces regresa esa sensatez que me sugiere que todo es culpa del TOC, así que decido sosegarme y controlar mis impulsos románticos con el fin de que no sean el caballo de Troya mediante el cuál quiera entrar a la escena toda esa instigación obsesiva.

¿Qué sucede a continuación? Pues lo más obvio: no dejo que mis emociones tengan la libertad necesaria para ilusionarme y por tanto no llego a esa etapa en que la atracción se convierte en enamoramiento.

En este momento mi cabeza se llena de preguntas y entre tantas me vienen las siguientes: ¿Será que cada vez que intento controlar mis impulsos, asumiendo que tienen que ser motivados por el TOC, estoy cayendo en un estado de desapego que más bien puede ser interpretado como desinterés? y ¿Estará mi concienzuda limitación ante los impulsos emocionales provocando que cada vez tenga menos interés en enamorarme ya que suprimo el sentimiento de bienestar que genera el enamoramiento?

Ahora mismo creo que las respuestas son Sí y Sí, pero me viene esta duda terrible sobre cuál será el método correcto para acceder de nuevo a ese beneficio, o cuál será la dosis exacta de interés para lograr enamorarme y enamorarla sin caer en la toxicidad del TOC.

Como es costumbre, no tengo idea, pero al menos es algo que podría conversar con la persona que me interesa para llegar a un mejor punto de comprensión...

domingo, 6 de septiembre de 2020

Sobre la pandemia - parte 1

Sé que cada vez escribo peor. Sé que abandoné el hábito de escribir, plasmar ideas, sentimientos, o simplemente narrar.

Pero hoy al ser casi las 3 AM lo que necesito es decir un poco de lo que soy ahora.

Creo que desde hace mucho entiendo que la persona que se llama Diego Araya Vargas no es alguien que se ha mantenido igual a través de los años. Esa persona cambia, muta, aprende y (más difícilmente) desaprende.

La persona que escribe esto ahora debería ser descrita y conservada en la memoria en su momento, ya que ayer fue otra y mañana será otra más.

Hoy debo expresar que el Diego pandémico está cayendo de nuevo en un hueco.

Hace meses, debido a la pandemia del covid19, dejé atrás mi modus vivendi, que ciertamente era algo nocivo pero funcional. Tenía mis lecciones regulares y no tan regulares, tenía mis ensayos con la Filarmonía, tenía mis presentaciones los fines de semana, tenía relaciones sexuales de forma regular y mucho alcohol.

Hoy en día todo eso cambió y de cierta forma "mejoró", dado que este encierro acabó con la mayoría del contacto social que había llegado a desarrollar. Ahora las lecciones son a través de una plataforma virtual, los ensayos se acabaron, ahora grabamos las partes y las enviamos por correo electrónico, las presentaciones son por redes sociales y el sexo también.

Pero ¿Y el alcohol?

Después de algunos meses de confinamiento empecé a darme cuenta que estar borracho no me satisfacía tanto y qué más bien me agobiaba un poco pensar en salir a buscar el licor. Así fue como dejé de beber y fumar casi súbitamente.

Todo venía a bien desde entonces y descubrí que mi manía alcohólica era más bien una respuesta a la ansiedad que me producía el contacto social. Me vine a dar cuenta, recién cumplidos mis cuarenta años, que todo el tiempo el licor me ha ayudado a enfrentar la ansiedad social.

Entonces el rompecabezas empezó a tomar forma: no hay presentaciones y no hay salidas, pero tampoco hay ansiedad, esa ausencia se traduce en qué no hay borracheras y tampoco puedo justificar mi consumo de tabaco, ergo, no hay tabaquismo.

El ejercicio físico se volvió más regular. Me di a la tarea de fortalecer mis articulaciones y, consecuencia paralela a ello, mi cuerpo empezó a cambiar. Las prácticas se hicieron más largas y productivas cada vez y hasta me siento más capaz de invertir tiempo mejorando mi entorno.

Todo pareciera ir bien pero tengo ganas de morir. Cada día me siento más inútil: mis habilidades musicales estancadas y hasta en retroceso, mi carácter cada vez más blando, y mis aficiones por los videojuegos o algo que me distraiga y me mantenga desconectado del mundo van en crecida.

Incluso han empezado a llegar a mí pensamientos recurrentes sobre sucesos de mi vida que son avergonzantes y, con frecuencia, se mantienen aún estando distraído.

Me siento ajeno a lo que he sido antes, me siento como haber despertado de un sueño malo para entrar en una realidad peor.

Ya no me gusta pensar siquiera en la música que escuchaba hasta el hartazgo. Ya no me atrae hablar con las mismas personas. No sé para quién estoy trabajando ni tengo ganas de hacerlo.

Me siento manipulado, como si fuese un títere, pero no logro entender si el títere es el que me saqué de encima o es el que recién me he puesto...

sábado, 4 de enero de 2020

¿Qué me dejó el 2019?

Éste año que pasó fue de los más interesantes en mi vida. Empezó con muchas nuevas actividades laborales: chivos, estudiantes, trabajos como arreglista; y siguió con montones de sorpresas.

Debo ser honesto y decir que fue realmente duro. Me acerco a los 40 años y aún me siento como un adolescente algo perdido en la rutina.

Hice un viaje a Inglaterra que fue realmente maravilloso. Conocí una chica espléndida que me ha llevado de nuevo a mis años de conflictivos pero que, sea como sea, ha sacado de mí mucho de lo mejor que puedo ser.

Terminé por fin una licenciatura, la cuál había postergado por mucho tiempo.

Sigo consolidándome como uno de los mejores músicos de mi área, aunque debo admitir que las nuevas generaciones me vienen pisando el ruedo a pasos agigantados.

De veras agradezco mucho el aprendizaje que tuve durante éste 2019. A pesar de todo el estrés y los momentos tensos que tuve, creo que he crecido mucho como persona. Hoy soy mucho mejor de lo que fui hace un año atrás. Y no hablo de cuestiones laborales o simple arrogancia, realmente he puesto a prueba todo mi ser en situaciones que años atrás me hubiesen tirado al caño y arrastrado hacia profundos abismos.

Voy con grandes esperanzas a completar me como persona. Viene en camino la esterilización que tanto he deseado durante años, un mejor salario y mejores relaciones interpersonales.

Aún evito la palabra "amor" pero la siento fuerte dentro de mi pecho. 

Gracias 2019, a pesar de lo difícil que fue por momentos, me dejaste un enorme aprendizaje.