Creo que todos asumimos que sería un buen año al empezar ¿Qué podría salir mal? Tenía una gira a Ecuador y un viaje de placer a París dentro de mis planes. Todo el mundo sabe que me gustan los números pares. Sería el mejor año.
Efectivamente el 8 de enero salimos hacia Ecuador con escala en Colombia. Debo decir que fue un viaje maravilloso, superando por montones mis expectativas, y eso que solamente anduvimos por algunas regiones. Pero la experiencia y la gente fueron de lo mejor.
Regresé y a los días toqué junto a mi grupo en las fiestas cívicas de Palmares, que son de las más grandes de Costa Rica. Lo disfruté bastante debo admitirlo y la presentación fue tan buena que nos pidieron para el día de cierre.
Pronto volvieron las clases y todo siguió con regularidad hasta el 13 de marzo que se declaró emergencia nacional y se suspendió el curso lectivo.
No voy a hablar de pandemias. Que ya eso lo toco en otro post. Pero para contextualizar, simplemente tuvimos que adaptarnos a una "nueva normalidad".
Las lecciones pasaron a modalidad virtual para lo cual se nos capacitó durante semanas. Tuve que adquirir equipo para que mis estudiantes tuviesen la mejor experiencia y, siendo franco, empecé a disfrutar de lo que acontecía.
Al principio pensé que me iba a volver alcohólico al estar confinado y solo. Pero luego dejé de salir incluso para comprar cerveza y con eso además dejé de fumar.
Empecé a ejercitarme bastante y mis rutinas (mi TOC) empezaron a tener justificación y además por primera vez las tenía bajo control.
Empecé a entender que mis aficiones al alcohol estaban muy vinculadas a la labor de salir a tocar casi cada fin de semana (nos estaba yendo muy bien a desde el 2019), y que de cierto modo salir, lidiar con escenarios y con desconocidos, me generaba una ansiedad con la que no podía lidiar siendo la persona que regularmente soy.
De ese modo empecé a mejorar, empecé a grabar música desde casa, hasta hacía juegos de adivinanzas en Instagram, lo cual me generó más seguidores y cosas que no esperaba. Pero de repente la cosa se complicó.
El trabajo de revisión, corrección y registro de las actividades de mis estudiantes se fue haciendo cada vez más difícil. A toda hora tenía que estar pendiente de ello y no fueron pocas las veces en que me pasaba los fines de semana haciendo tales labores.
El tedio se hacía cada vez más grande y, con la intención de no afectar a mis estudiantes con sus asignaciones, les di la posibilidad de que me siguieran enviando material durante las vacaciones de medio año (Grosso error).
Fue así como perdí control de mi vida. Las sesiones de ejercicio casa vez eran menos frecuentes y los juegos en redes sociales se extinguieron. Sentía que no tenía tiempo para mí pero, aún así, me envicié jugando con una app del celular que era lo único que me distraía y de paso me estimulaba obsesivamente a jugarlo a diario y a diferentes horas.
Luego vino setiembre y con ello la propuesta de salir a grabar un vídeo en la playa. Me embriagué, como lo lo había pensado hacer nunca más. Lejos de botar estrés, me sentí culpable y así llegó la inflamación en los labios. Después de varios diagnósticos y tratamientos fallidos por fin uno más o menos satisfactorio: herpes Zóster.
Ése padecimiento ha venido apareciendo y desapareciendo desde entonces con una intermitencia muy frustrante.
Hacía el mes de diciembre se han abierto algunas restricciones y eso trajo de nuevo la ansiedad y el alcohol junto al tabaco.
Ha sido difícil. No voy a entrar en detalle pero durante todo el año tuve que lidiar con estudiantes malagradecidos, cospiranóicos, familiares, colegas insoportables; y todo eso me llevó a buscar ayuda psicológica (lo sé, mi enemiga la psicología).
Pero si creen que eso fue difícil, lo que viene no tiene precedentes siquiera.
Ya les había contado sobre mi pareja: una chica 15 años menor que yo, cuyos padres no aceptarían nuestra relación y cuya situación familiar es muy conflictiva.
Pues bien, dadas las restricciones y cuidados protocolarios debidos a la pandemia, nos vimos muy pocas veces durante el año, con un poco más de frecuencia hacía finales. Su estado de ánimo fue en decaimiento, y siendo 22 de diciembre empezó a enviarme mensajes algo confusos sobre la necesidad que tenía de doparse y que estaba tomando Clonazepam. Yo intenté alejarla de ello y mantenerla estable pero no mejoró.
El día 23 de diciembre había yo salido de casa con mi mamá y mi hermana a hacer algunas compras navideñas de último momento cuando volvieron esos mensajes confusos en los que me narraba que había bebido muchas gotas de Clonazepam. Intenté calmarla, estuve hasta buscando líneas de apoyo y consultando con amigas qué podía yo hacer, siendo yo la única persona de confianza que tenía.
Estando en un parqueo de supermercado me llegó su último mensaje diciendo que había tomado muchas pastillas. Le pregunté que qué intentaba hacer pero ya ese mensaje no lo miró. Los minutos se hacían eternos mientras mis familiares hacían las compras y yo ya ni sabía qué hacer. Llamé un par de veces y tampoco hubo respuesta.
Empecé a buscar entre los mensajes antiguos y encontré uno donde ella me daba el número de teléfono fijo de su casa por alguna emergencia.
Cualquier persona que padezca de ansiedad sabrá lo que una movida de esas puede significar, pero tomé valor e hice la llamada. Me contestó un señor (su padre) de muy mala gana y le pedí por favor que me comunicara con ella y ni siquiera me respondió (ahí confirmé todo lo que ella me decía respecto a su situación familiar). Después de algunos segundos me vuelven a hablar al teléfono, esta vez era su hermano el cuál me dijo que ella no estaba disponible en ese momento. Contrariado sin saber qué hacer y con un nudo en la garganta le agradecí y me despedí.
Me quedé unos minutos pensando qué más podría hacer ¿Será que piensan que está dormida y no quieren interrumpir su sueño?, y si es así ¿Podría ella morir intoxicada?, o peor aún ¿Estará ya muerta?
No hay forma en que pueda siquiera retratar lo que siguió porque la bruma en mi cabeza era abundante, así que respiré hondo y volví a llamar. Después de timbrar un rato responde de nuevo el señor a lo cual le digo que soy amigo de su hija y que estoy muy preocupado porque estaba hablando con ella por mensajes y me dijo que había tomado muchas pastillas, a lo que el tipo me respondió con algo parecido a un gruñido. Otra vez hubo un silencio incómodo y me habla de nuevo el hermano. Le digo lo mismo y estoy casi seguro que en ese momento lo dije llorando, a lo que él de una forma muy tranquila me respondió que todo estaría bien, que él mismo se iba a encargar de todo. Yo simplemente le dije que se fijara por favor y me respondió de nuevo que todo estaría bien.
Los siguientes días fueron de la más total y angustiante incertidumbre. No sabía que hacer, estaba seguro que sí volvía a llamar, probablemente me tirarían el teléfono o algo. Así que mi mente divagó por todas partes. Por momentos llegué a pensar que todo era una mentira, que había sido engañado por la forma tan calmada en que me respondieron a mi segunda llamada. Por momentos me llenaba de paz y me decía que quizás le habían confiscado el celular o algo, pero que ya pronto se comunicaría conmigo. Pero la mayoría del tiempo pensé ¿Y si está muerta? ¿Cómo hago para saber de ello? ¿Quién me lo va a comunicar?
Desde mi casa escuchaba las "campanadas de muerto" que es una forma particular de tocar las campanas cuando se celebra un funeral, y pensaba que la estarían sepultando y yo en casa sin saberlo. Ese 24 empecé por escribirle mensajes, describiendo un poco mi día, pensando que incluso podría ser que no quería hablar con nadie y que quizás así al menos vería las notificaciones y se compadecería de mí. Pero igual no recibí respuesta.
La cena navideña fue casi tortuosa. No quería que nadie se enterara de lo sucedido, primero que todo por respeto a su intimidad, y segundo porque no quería arruinarles la fecha con ello. Tuve que fingir en todo momento estar bien, y la sensación tan vacía que tuve al abrir mis obsequios es de lo más difícil que jamás haya sentido.
Así fueron esos días hasta que el 26 por fin obtuve una respuesta.
Ella respondió a mis experiencias relatadas esos días y luego me contó lo que sucedió: había sido llevada a desintoxicar y luego internada en un hospital psiquiátrico.
Así volvió mi corazón a latir.
Después de esta descripción, creo que nada tendrá mayor impacto sobre el relato. Solo quiero rescatar que su intención nunca fue el suicidio sino solamente una compulsión por "sedarse".
Lo que queda del camino no será fácil, este 2021 tampoco pinta ser muy bueno, pero debo mantenerme inspirado "echando pa 'lante"...