domingo, 21 de enero de 2024

Carta de amor (muchos años después)

Casi siempre cuando llego acá es porque tengo algo que decir. Algunas veces he planificado lo que necesito sacar por alguna parte, pero la mayoría del tiempo solamente empiezo con algún tema y dejo salir las palabras como si estuviera dando una clase magistral (quienes me conocen saben que hablo y hablo saltando de una rama a otra simplemente por el placer de fluir).

Pero hoy es como si tuviera tanto que decir que ni siquiera puedo pensar en un punto de partida.

Y es que, a pesar de que sé que un inicio de año no debería ser referente para lo que venga después, decidí que el 2024 sería el inicio de una nueva etapa de mi vida

Ya más maduro, más estable (tanto económica como mentalmente), con metas más claras y hasta con una estima bien alejada del "pobrecito yo" que he sido durante la mayor parte de mi vida; sentía al mundo girar en la misma dirección en la que yo iba.

He conocido gente maravillosa que me ha hecho reevaluar la calidad de mis amistades y también he aprendido a separar un poco más los negocios de la amistad. He entendido que la mejor música es la que siempre te motiva a practicar, por el simple placer de compartirla con alguien más.

Con todo lo anterior pues ¿cómo no sentir y "declarar" que este sería mi año?

Pero bueno, ese estado de bienestar suele nublar algunas otras cosas que pueden pasar paralelamente.

He conocido a esta chica. Una mujer que desde hace años he visto en redes sociales y me ha hecho suspirar. Honestamente, con mi ya trillada baja autoestima, jamás creí que quisiera conocerme, me sentía muy por debajo de lo que pudiera ser su círculo social o familiar (por supuesto de era un juicio absurdo basado en sentirme feo y verla a ella tan hermosa); simplemente estaba fuera de mi alcance.

Pues de la nada y sin la más mínima sospecha, comenzó a hablarme.

Pues, resulta que tenemos más conocidos en común de lo que hubiera imaginado, y por ahí inició todo.

Yo no he podido ocultar ni por un instante la emoción que me provoca conocerla: escuchar su voz, ubicarla en algún lugar, mirarla a los ojos, sentir su aroma (siempre dulce como la tricopilia), hallar la forma de hacerla sonreír, en fin, hacerme su amigo y aprender a quererla.

Han sido meses geniales. Por primera vez, mis expectativas parecían coincidir con la realidad de lo que vivía, y donde fuera que pudiera verla, siempre he ido con ilusión, dibujando su sonrisa en el camino de ida y de venida, ¡puta! hasta mis dolores crónicos han cedido o ya no acaparan toda mi atención. Por primera vez en muchos años, sintiéndome ilusionado de verdad.

Claro está, esto se relaciona estrechamente con mí último post del año pasado, gracias a la mujer que me hizo creer y (más importante) entender de qué se trata el asunto: el amor también es producto de nuestras decisiones.

Así que, decidido a que no quiero vivir más sin esta hermosa (y aunque sea efímera) sensación que el amor por alguien puede hacer por uno mismo, no me he reservado ni un poco.

He vuelto a cantar, he vuelto a leer, a trabajar con mis manos, a estudiar de qué manera ser un mejor yo cada día para ella y porque todo esto que doy es reflejo de lo bien que estoy llegando a ser conmigo mismo.

Y sin embargo ¿qué hago a las 3:30 de la madrugada, despierto y sintiéndome insuficiente?

Ya no es un tema de autoestima, ni de depresión. Es un tema de que lo más maravilloso que esta vida nos da, siempre viene acompañado de lo más ingrato.

No estoy seguro, y quiero encontrar alguna forma de justificarlo, pero no siento reciprocidad. El amor no es extenuante, pero la ausencia, el abandono, la decidía y la incertidumbre lo son.

Es una montaña rusa de emociones (sí, así de cursi como suena), y no logro entender el porqué no hay estabilidad en lo bonito, en los espacios compartidos que no quisiéramos que acaben jamás. ¿Por qué con una mínima distancia, frase o movimiento, todo cambia? 

Sí así tiene que ser el amor, no estoy seguro de seguir queriéndolo, porque duele, duele en una parte donde no es tolerable, donde no me hace cojear. Duele en un lugar que no puedo masajear o fortalecer; porque probablemente sea el lugar más blando en mi ser, un lugar que decidí exponer y que se aliviaría mucho con un "disculpame, te quiero".

No hay comentarios: