lunes, 4 de noviembre de 2024

Adiós Gordinflón

No pude rescatarte... Esta vez no... Y hasta ahora estoy empezando a sentir lo doloroso que es eso. Ojalá estuvieras vivo... Ojalá pudiera cepillarte y sentirte feliz y agradecido como siempre lo fuiste... Ojalá pudiera pedirte perdón por no cuidarte bien... Ojalá la vida se nos hubiese acabado estando juntos, dormidos, siendo felices... Te amo...

sábado, 11 de mayo de 2024

Saber perder

Decirles que me ha tomado demasiado tiempo escribir esto, es admitir que algunas cosas no sanan bien.

Si supiera por dónde empezar, terminaría aquí mismo para evitar la palabrería. Sería directo para no tener que volver a llorar por lo mismo, pero cuarenta y cuatro años son muchos e insinúan haber acumulado mucha paciencia.

Para no ser pretenciosamente melancólico, optaré por ser sistemático y enumerararé algunas de las cosas que perdí con tu partida, veinticinco en total:

1-) Perdí a mi mejor amiga, la que nunca me juzgó por nada y la que siempre estuvo allí para escucharme.

2-) Perdí la sonrisa más bella que jamás soñé mirar de tan cerca, solamente comparada a la sonrisa de mi amada madre.

3-) Perdí tus abrazos, los más cercanos, para mí, una mezcla de deseos, aromas y lágrimas.

4-)Perdí ese corazón tan hermoso y desinteresado, que nunca dejó de enamorar por dondequiera que anduvo.

5-) Perdí los cafés de los jueves, donde el tiempo nunca fue suficiente para lo que fuere que aconteciera.

6-) Perdí el innecesario "ride" a mi casa tres días a la semana, el cuál llegó a ser tan necesario como levantar el rostro y sonreír cada mañana.

7-) Perdí a esos estudiantes inquietos que, a pesar de nunca haber sido un amante de los niños, lograron motivar mis jueves y afinar mis tratos. Aún no he vuelto a sentarme en el suelo para dar mis clases, no sé si llegue a sentirse igual.

8-) Perdí a la pequeña niña quien ya caminaba hasta las paredes translúcidas de mi aula y saludaba moviendo sus deditos, nunca creí llegar a emocionarme por algo como eso.

9-) Perdí a ese pilar que me vio querer morir en un momento de tristeza, pero me motivó a volver para asegurarme de que siguiera creciendo y fortaleciéndose.

10-) Perdí esa imprudente emoción que empecé sintiendo cada jueves al salir hacia mi trabajo y que con el tiempo se extendió a los lunes y martes.

11-) Perdí esa sorpresiva visita a alguno de mis "chivos", lo cual empezó siento una agradable visión de belleza singular y terminó convirtiéndose en casi una necesidad. Aprendí a mirar siempre entre el público para encontrarte en cualquier lugar.

12-) Perdí mi compañera de Outlet, miércoles o jueves por las mañanas. Siempre perdidos y desubicados, siempre torpes pero curiosos.

13-) Perdí una compañera de baile: ebria, empoderada, casi podría decir que iracunda, pero perfecta en cada contoneo de caderas.

14-) Perdí una exploradora, una mujer deseosa de comerse al mundo, de vivir con intensidad cada segundo y burlarse de lo convencional.

15-) Perdí una madre, una mujer valiente, un monumento a las etiquetas que todas quisieran poseer pero que pocas podrían ostentar.

16-) Perdí a alguien que me hizo pensar, reflexionar, validar mis sentimientos y rechazar algunos de mis prejuicios. Perdí a quien me hizo creer que valdría la pena intentarlo una vez más.

17-) Perdí aquellas conversaciones de automóvil, esas que nadie más habrá escuchado y que pudiera ser que no se repitan jamás.

18-) Perdí esa razón para ser cada día más joven, más enérgico, más curioso para poder estar a tu lado sin importar el qué vendrá.

19-) Perdí tus piernas cruzadas debajo de la mesa del pupitre, mismas que nunca pude dejar de observar por más que lo intenté.

20-) Perdí los "te quieros" más sinceros que jamás habría creído llegar a decir.

21-) Perdí los granizados y los helados; ya no siento necesidad de volver.

22-) Perdí esa mirada que empecé viendo a través de unos lentes y terminé disfrutando de frente, mirando a mis ojos inmerecidamente.

23-) Perdí mi suplidora de dulces picantes y chapulines con salsa Valentina.

24-) Perdí motivación. Querer verte, estar contigo, sentirte cerca... Nada me había hecho querer con tanta fuerza estar vivo, estar fuerte y saludable.

25-) Te perdí, y perdí la oportunidad de decir que te amo y que aún puedo sentir tu aroma girando en alguna brisa crepuscular, rondando entre sonidos musicales, entre pasillos o entre cafés y hamburguesas. En cualquier paisaje o sensación que endulce mi corazón, allí estás.

No hay forma de que mi lugar de trabajo sea de nuevo tan alegre como lo fue. Para todos sigue siendo lo mismo pero para mí ya nada es igual.

Los pasillos lucen tristes, descoloridos; ya no siento la necesidad de salir a caminar alrededor intentando topar con tu mirada.

Perdí, sí... Pero por primera vez en mi vida, una enorme pérdida me ha alegrado el corazón; porque perdí para verte crecer, perdí para que seas feliz... Sé feliz...

domingo, 21 de enero de 2024

Carta de amor (muchos años después)

Casi siempre cuando llego acá es porque tengo algo que decir. Algunas veces he planificado lo que necesito sacar por alguna parte, pero la mayoría del tiempo solamente empiezo con algún tema y dejo salir las palabras como si estuviera dando una clase magistral (quienes me conocen saben que hablo y hablo saltando de una rama a otra simplemente por el placer de fluir).

Pero hoy es como si tuviera tanto que decir que ni siquiera puedo pensar en un punto de partida.

Y es que, a pesar de que sé que un inicio de año no debería ser referente para lo que venga después, decidí que el 2024 sería el inicio de una nueva etapa de mi vida

Ya más maduro, más estable (tanto económica como mentalmente), con metas más claras y hasta con una estima bien alejada del "pobrecito yo" que he sido durante la mayor parte de mi vida; sentía al mundo girar en la misma dirección en la que yo iba.

He conocido gente maravillosa que me ha hecho reevaluar la calidad de mis amistades y también he aprendido a separar un poco más los negocios de la amistad. He entendido que la mejor música es la que siempre te motiva a practicar, por el simple placer de compartirla con alguien más.

Con todo lo anterior pues ¿cómo no sentir y "declarar" que este sería mi año?

Pero bueno, ese estado de bienestar suele nublar algunas otras cosas que pueden pasar paralelamente.

He conocido a esta chica. Una mujer que desde hace años he visto en redes sociales y me ha hecho suspirar. Honestamente, con mi ya trillada baja autoestima, jamás creí que quisiera conocerme, me sentía muy por debajo de lo que pudiera ser su círculo social o familiar (por supuesto de era un juicio absurdo basado en sentirme feo y verla a ella tan hermosa); simplemente estaba fuera de mi alcance.

Pues de la nada y sin la más mínima sospecha, comenzó a hablarme.

Pues, resulta que tenemos más conocidos en común de lo que hubiera imaginado, y por ahí inició todo.

Yo no he podido ocultar ni por un instante la emoción que me provoca conocerla: escuchar su voz, ubicarla en algún lugar, mirarla a los ojos, sentir su aroma (siempre dulce como la tricopilia), hallar la forma de hacerla sonreír, en fin, hacerme su amigo y aprender a quererla.

Han sido meses geniales. Por primera vez, mis expectativas parecían coincidir con la realidad de lo que vivía, y donde fuera que pudiera verla, siempre he ido con ilusión, dibujando su sonrisa en el camino de ida y de venida, ¡puta! hasta mis dolores crónicos han cedido o ya no acaparan toda mi atención. Por primera vez en muchos años, sintiéndome ilusionado de verdad.

Claro está, esto se relaciona estrechamente con mí último post del año pasado, gracias a la mujer que me hizo creer y (más importante) entender de qué se trata el asunto: el amor también es producto de nuestras decisiones.

Así que, decidido a que no quiero vivir más sin esta hermosa (y aunque sea efímera) sensación que el amor por alguien puede hacer por uno mismo, no me he reservado ni un poco.

He vuelto a cantar, he vuelto a leer, a trabajar con mis manos, a estudiar de qué manera ser un mejor yo cada día para ella y porque todo esto que doy es reflejo de lo bien que estoy llegando a ser conmigo mismo.

Y sin embargo ¿qué hago a las 3:30 de la madrugada, despierto y sintiéndome insuficiente?

Ya no es un tema de autoestima, ni de depresión. Es un tema de que lo más maravilloso que esta vida nos da, siempre viene acompañado de lo más ingrato.

No estoy seguro, y quiero encontrar alguna forma de justificarlo, pero no siento reciprocidad. El amor no es extenuante, pero la ausencia, el abandono, la decidía y la incertidumbre lo son.

Es una montaña rusa de emociones (sí, así de cursi como suena), y no logro entender el porqué no hay estabilidad en lo bonito, en los espacios compartidos que no quisiéramos que acaben jamás. ¿Por qué con una mínima distancia, frase o movimiento, todo cambia? 

Sí así tiene que ser el amor, no estoy seguro de seguir queriéndolo, porque duele, duele en una parte donde no es tolerable, donde no me hace cojear. Duele en un lugar que no puedo masajear o fortalecer; porque probablemente sea el lugar más blando en mi ser, un lugar que decidí exponer y que se aliviaría mucho con un "disculpame, te quiero".