viernes, 2 de abril de 2010

Entre amores y seducciones

Hoy tuve una experiencia realmente fascinante. Tuve el placer de tener entre mis brazos a una mujer cuya experiencia sexual ha sido poca. He escuchado a muchos decir que "quitarle" la virginidad a una mujer es de lo más rico y un montón de etcéteras. Pero ya he tenido esa experiencia y a decir verdad creo que aprendí a aborrecerlo.

De muchos modos no me siento una persona apta para guiar el bello acto del amor, ni mucho menos para creerme merecedor de tal privilegio, la sexualidad es algo que se vive con libertad y cariño. Para mí se ha convertido en un acto de amor, pero no necesariamente de ese amor por el o la otra, sino para uno mismo, es algo que nuestro cuerpo merece, algo que tiene que ser bello y sin prejuicios.

Esta mujer viene hasta mí, y me implica en algo que ambos deseamos, pero que resulta difícil a su vez. ¿Cuándo es lo más indicado? Sí, la deseaba en ese instante y no pude ocultarlo, venimos creando una historia pasional sin habernos visto de frente ni una vez en la vida. Hermosa, deliciosa en su lujuria, quería desnudarla y lamer todo su cuerpo, pero no fue posible.

No fue posible por algo distinto a lo que tanto temía, que era llevar a cabo el paradigmático acto de "desvirgarla", sino más bien por otra situación. Entonces nos dejamos llevar por nuestros instintos y descubrí en ella placeres diferentes.

Esta mujer rompió mi virginidad. Siento que estaba prejuiciado. Creí que tendría que volver a la escuelita del placer, pero no. Sin mayores complicaciones lo resolvió todo antes que yo lo intentara. Ahora pienso en ella y vuelvo a exitarme, como hace algunas noches, como a sabiendas de que no será difícil conocerla y menos gozar de su deliciosa lujuria.

Tú que estás leyendo esto, sabes a qué me refiero y sigo exitado esperando a que vuelvas...

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