Como pudiste ver, mi post número cien fue una historia verídica. Quizás no era lo que esperaba para celebrar mis cien publicaciones, pero fue algo que cayó en el momento preciso.
La historia de "la señora de los números" es una simple narración de los hechos ocurridos el día ahí mencionado, pero sazonado con algunas descripciones para hacer entrar al lector dentro de la historia.
Debo admitir que esos hechos me ponen profundamente triste. La muerte nunca llega en un momento oportuno y hacer una crónica de sucesos relacionados con ello, pues como que no se ajusta a lo que la gente quiere escuchar.
Yo por mi parte no hablo de la muerte. Creo que ese es un post en tributo a la vida. La señora de los números era un monumento a la perseverancia, al trabajo honesto y a la fuerza de voluntad. Lamento no poder decir su nombre, ni su edad, ni tan siquiera su lugar de procedencia, lo que conocí de ella era únicamente lo perceptible por los sentidos sin indagar o profundizar en averiguaciones.
No obstante, era lo que ella representaba lo que realmente me toca el alma. Siempre he dicho que en esta vida la razón de existir es crear, hacer algo para trascender. Tal vez nunca sepa como se llamaba la señora, pero sé que trascenderá en mí su espíritu incansable. Una vida validera se mide por sus obras y yo estoy convencido de que todo habrá valido si (aunque no recuerden mi nombre) mi presencia haya tocado el corazón de alguien.
Sí, trascender no significa quedar en los libros de texto, significa hacer de tu existencia un ejemplo que pueda inspirar al menos a las personas cercanas a ti. El valor que logres transmitir a l@s demás, será transmitido por ést@s a otras personas y así aportamos algo al cambio que el mundo tanto necesita.
Es muy fácil desorientarnos en el camino de la vida, la codicia es un mal que afecta a casi todo el mundo, y dejamos de lado nuestros sueños y metas sólo por una vida de lujos. Éso es algo de lo que me hace reflexionar la señora de los números. Ella bien pudo haber vendido los números un poco más caros y sacar su faena en menos tiempo aprovechándose de su condición humilde para convencer a los compradores, y sin embargo siempre trabajó con el mismo empeño a pesar del paso de los años. Tampoco se extendió a vender más números para rifas con diferentes sorteos, ella simplemente ganaba lo necesario para sobrevivir. De algún modo me hace pensar en esa gente que genera suficiente dinero como para vivir a sus anchas pero a su vez viven encadenados a un brete.
De igual modo recuerdo las palabras de un amigo al referirse al trabajo deshonesto: "Prefiero creer que voy a ir al cielo". Muchas personas se engañan y engañan a otras personas haciendo trabajos para los que no son capaces, de ese modo embaucan y exprimen a otros que también son trabajadores y que terminan por ver la vida injusta al comprobar que muchas veces quienes hacen menos ganan más dinero.
Insisto en que el dinero no lo es todo, pero en nuestro sistema es la rueda que hace funcionar todo el engranaje. Esta señora nos demuestra además, que no es necesario embaucar a nadie. Ella hacía algo para lo que estaba capacitada y con eso lograba el sustento. Volviendo a la codicia, eso es lo que hace que nos pongamos una cara de barro para salir y hacer mediocremente nuestro trabajo cada día.
Podría seguir hablando de valores pero se me va el post. También quiero mencionar al menos un poco sobre el misterio de la muerte.
Me parece tristemente irónico que yo haya sido posiblemente una de las últimas personas que habló con ella. O sea, al fin y al cabo yo ni siquiera quería hablarle, tan solo quería comer para estar en paz. Muchas veces uno piensa en el final, y al menos yo, en mis recuerdos más cercanos a la muerte, desearía poder despedirme de mis seres queridos. Pero nunca pensaría siquiera en que mis últimas palabras podrían ser intercambiadas con un cliente, mucho menos con un cliente que tenga en mente cosas "más importantes" que hablar conmigo.
Además me pienso: ¿Y si hubiera ido a abrir la puerta desde la primera llamada? ¿Y si no hubiera continuado con mi plan de no abrir la puerta? ¿Acaso pude haber influido para que el camión topara con ella en una hora determinada?
¿Deprimente? Sí, pero uno no puede hacer nada al respecto. Igual uno nunca se pregunta cuando todo sale bien, si alguna acción hubiera provocado la muerte de alguien. Las posibilidades son infinitas y puedo pasarme el resto de mi vida especulando al respecto, pero al final como dice mi mamá: "cuando toca, toca".
Por otro lado también me viene a la mente el porqué una persona con una vida tan ejemplar haya tenido un final tan trágico. Una mujer trabajadora muere como un perro en la calle, eso no es digno. ¿Qué hay respecto al karma? ¿O será que tenía un pasado muy oscuro? ¿Por qué no se ha muerto aquél drogadicto imbécil que le mete al cuerpo cuanta cosa dañina encuentra, y que molesta tanto a la gente trabajadora?
Es un poco más de lo que me hace desconfiar de la justicia divina. Casi siempre las cosas que nos hacen algún bien se desvanecen, mientras que las que nos hacen mal se mantienen por siempre.
Al final sólo me queda decir que la muerte siempre va acompañada de mucha ironía. Si existe un cielo, espero que esa doñita esté disfrutando de él. Ojalá algún día obtenga una foto y su nombre para poder terminar de hacer su homenaje, el homenaje a una de esas figuras de infancia, que son tan rutinarias que creemos que durarán para siempre pero que, como todo en la vida, tienen un final y nos hace sentir que con cada día que pasa se acerca más nuestro tiempo de partida y alguien más reflexionará y se cuestionará sobre nuestro legado...
viernes, 8 de abril de 2011
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2 comentarios:
me gusta?
ops.. claro, aun siento a la sra de los numeros pellizcandome.
Jajajaja... Cómo ha sido de bella esta vida... Qué suerte la mía de haberte conocido!!
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