Te he llevado a reconocer mi lecho, y en toda esa mezcla de pasión y ternura que me rodea y se apodera de mis adentros, me doy cuenta que no soy más que un niño queriendo jugar al hombre. Eres dueña de mi amor desde años atrás, y cada vez que logramos traspasar la barrera del distanciamiento y (¿por qué no?) del temor, eres tú quien guía mis manos sobre tu cuerpo, mientras yo siento crecer la ansiedad que lleva al pánico dentro de mí.
Muchas otras han estado donde tú estás, y nunca he dudado ni por un instante a la hora de desnudarlas y recorrerlas. Pero contigo tengo eso que hace de mí una persona insegura. Sé que te amo, y no puedo darte algo que no sea de primera. Quiero dedicar mi vida a ti y no puedo darme el chance de fallar, no puedo cometer un error.
Torpemente te llevo conmigo a posicionarnos horizontalmente, y no quiero despegar mi vista de tus ojos, saboreo cada milímetro de tus labios y en mis adentros la debacle sigue sin dejar sobrevivientes. ¿En qué momento me metí en este enredo? Estoy tan excitado y tan asustado que no tengo control. Quiero que cada uno de mis besos sean para ti lo que cada uno de tus besos son para mí, y en mi afán no logro acertar.
Ahora puedo mirar tu torso desnudo y la ansiedad crece. Sé que estoy a punto de enloquecer mientras tus movimientos y arrebatos sugieren que continúe en mi labor. El oxígeno me falta, me estrangula la agitación, quiero hablarte y ni siquiera puedo ser coherente. Algo debe ocurrir, algo tiene que sacarme de ésta situación. Si tan sólo supiera que voy a estar de nuevo contigo, o que te quedarás, pero nunca puedo estar seguro siquiera de que yo me vaya a quedar.
Mi amor no te vayas, quédate. Vete mañana o más tarde de noche, pero no me apresures que estoy languideciendo. No siento que haya tocado una sola nota acorde a la armonía de tu cuerpo. Creo que ni siquiera estoy afinado en tu tonalidad. No entiendo cómo puedo estar tan perturbado. Tu hermosa piel y tus senos tan perfectos deberían relajar mi mente y acallar todos mis temores.
Entonces un destello de luz me recuerda la ansiedad de pararme frente a un público que espera escucharme cantar. En mi mente la mínima desafinación se convierte en un desastre, y no puedo defraudarme, no puedo permitirme fallar. Esto es lo que hago y debo hacerlo bien, porque de ello depende mi satisfacción... mi satisfacción...
¡Éso es! Al tener miedo de no lograr con mis besos lo que quiero que sientas, me estoy decepcionando a mí mismo. No puedo creer que este momento que por años he añorado se pueda arruinar. Miles de veces ha sido perfecto en mi mente. Miles de veces te he visto recibiendo todo mi amor y bañándonos en placer. Es el momento de hacerlo trascender y que quede escrito como una página imborrable de nuestra existencia.
Por eso es momento de detenernos. Si miles de veces nos hemos amado en mis pensamientos, millones de veces más te he abrazado a mi pecho y te he acariciado con dulzura. Sé que en este caso mis caricias sí serán las correctas.
Aún te espero preciosa...
sábado, 30 de julio de 2011
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