domingo, 6 de septiembre de 2009

De nuevo a la cagada...

Agradezco de todo corazón a las personas que han sacado el rato para pasar por aquí. He de confesar que únicamente gente especial conoce de este blog. No le he hecho ninguna publicidad en MSN, o Hi5, o Facebook, o cualquier otra de esas estúpidas redes sociales. Las personas que pasan por acá es porque yo las considero parte especial de mi vida y les he revelado (sin restricción) parte de mis pensamientos, ideologías y emociones.

Si alguien ha pasado acá por coincidencia, es probable que defina este blog como un paseo por otro más de los muchos "emo-blogs" que deben existir actualmente. Igual les agradezco si en algún momento sacaron el rato para leer alguna de mis entradas, porque sinceramente para mí es un tedio sacar el rato para leer los blogs de otras personas (no lo tomen a mal, es que realmente soy muy perezoso).

Hoy es un día "especial" porque me encuentro de nuevo recapacitando sobre todo lo que he sido y todo lo que he estado haciendo. ¿Y saben qué? De nuevo me doy cuenta de que la vida es una mierda.

En el mejor de los casos, la gente trabaja toda la semana, se sacrifica, se esmera por lucrar y tener una vida mejor. Luego se embriagan los fines de semana, quizás se ligan a alguien y vuelven a la rutina creyendo que todo está bien y que hacen lo correcto.

¿Cuántas personas sacan el rato para pensar en el crecimiento? Ya sea intelectual, emocional, creativo, espiritual, o (¿por qué no?) artístico.

Si vivir de algún modo tiene que ser un arte. Piensen un momento en las personas que admiran. Generalmente son gente extraordinaria que ha buscado salirse del camino y seguir sus instintos creativos. Sí, es cierto que se puede admirar gente que no tiene ni una sola placa a su nombre, pero realmente son artistas. Han hecho de algo rutinario cosas fuera de lo normal, te han dejado enseñanzas de por vida y te motivan a ser tenaces. Es cierto que por cada persona que sobresale deben haber miles que no lo logran, pero que han tenido vidas significativas para muchas otras personas.

Yo puedo ser un agente de cambio. Podría transformar las vidas de muchísimas personas. Ayudarles a salir de la rutina y crear. Todos queremos ir a lo seguro y mandarnos a pista con un trabajo fijo y con un salario mejor que razonable. Pero yo me pregunto ¿en realidad las personas aman lo que hacen, o aman lo que reciben a cambio?

¿Cómo pensar que existen verdaderas vocaciones cuando todo el mundo se queja de lo que hace? Se beben el alcohol que consideren necesario para "alegrar" sus vidas y, con muy pocas exepciones, hablan de lo que hacen frecuentemente, porque para ellos es, más que una vocación, una verdadera carga.

Sí señoras y señores, yo puedo ser un agente de cambio, puedo mostrar el camino a seguir para tener una mejor calidad de vida: fumando un paquete de cigarros por día, tomando dosis cada vez más fuertes de medicamentos para el cerebro, trasnochando cada noche, evitando el ejercicio, rechazando el estudio y manifestando depresiones cada vez que la vida presenta algún reto.

Del todo puedo decir que el mundo debería saber algo más de mí. Porque, a pesar de todo eso, el ser diferente me convierte en alguien mejor que la persona que se resigna a tener un patrón de vida sin crecimiento. Crecer, inventar, conocer, explorar, son las cosas que hago con frecuencia y eso me eleva por sobre quienes se dan el lujo de beber un licor más caro del que yo puedo pagar.

Pero no les voy a dar ese privilegio. Porque todos tuvieron la oportunidad de aceptar la locura en sus vidas y la rechazaron. Todos pudieron ser bomberos o astronautas, pero abandonaron su niñez. Todos pudieron amar con pasión y libertad, pero se sometieron al estereotipo del "amor".

Podría seguir dándoles de una u otra manera, pero ¿para qué dejar pistas o rastros de cómo llegar a ser alguien tan perfecto como yo?

Créanme, todos esos químicos con los que estoy maltratando mi hígado no han tenido mayor consecuencia. Mis miedos y temores me abandonan por ratos, pero siempre me esperan y me atacan en los momentos menos apropiados. Y aún así, puedo gozar de esta soberana soberbia, porque me la he ganado. He resistido a la cordura... y mi depresión es cada vez mejor compañera que la mayoría de mis compañías...

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