lunes, 31 de agosto de 2015

Alcoholizando los fines de semana

Pues les cuento que hace algunos meses terminé los cursos de licenciatura en enseñanza de la música. No empecé inmediatamente a trabajar en el proyecto de tesis porque estaba a poco de realizar mi recital de graduación en etapa básica de música en contrabajo (algo así como un preuniversitario).

Concluí con éxito mi recital y aproveché las circunstancias para enviar mi contrabajo al taller, ya que requiere un cambio de diapasón y ajustes generales, y simultáneamente envié mi amplificador para que fuese restaurado.

Así de ése modo podría empezar a trabajar en la tesis mientras mis instrumentos estaban en el taller. Buen plan! dirían... pero no conecté el asunto con mi trastorno obsesivo compulsivo.

Resultó que mi viejo amigo (al ya tener yo más de tres años de estar estudiando el contrabajo con regularidad) decidió no disociar ésa práctica de mis demás actividades académicas. Eso, aunado a mis constantes fracasos amorosos, me llevaron a querer buscar asilo y camaradería de la manera más simple que conozco: en los bares.

Y efectivamente he encontrado algo de dispersión y hasta de ilusión en esos espacios. Pero también me he reencontrado con viejos demonios. Quizás el más triste de todos es la mediocridad imperante y la desolación que habita en todas esas almas acabadas, conformes con pertenecer a un grupo de personas que se reúne cada viernes y sábado a conversar de los mismos temas.

Algunos simplemente no recuerdan haber divagado durante horas en las mismas ideas, otros de algún modo pareciera que desean que la perspectiva de los demás haya cambiado en el transcurso de la semana para que, en esta ocasión, la discusión se torne diferente.

Esa frustración-empatía que me generan mis camaradas termina por mantenerme allí, bebiendo hasta la madrugada, arruinando por completo mi día.

Los trabajos de taller se han demorado mucho, mi proyecto de tesis se encuentra estancado, mi nivel de ejecución contrabajística debe haber caído estrepitosamente, mi amor propio ha disminuido y ni qué hablar de mis conquistas amorosas. Por suerte tengo planes para el fin de semana...

miércoles, 26 de agosto de 2015

El amor y la psicología

Ella tenía algo, no había empezado a notarlo recientemente, ya lo veía desde quizás hasta 15 años atrás en tiempos de colegio. Tenía unos senos enormes que nunca hicieron juego con su profunda mirada y su pronunciada boca, muy similar en apariencia a la actriz de telenovelas Victoria Ruffo.

En fin, aparte de sus senos me encantaba ése porte de mujer libre e inteligente. Lo poco que conocía de su historia la ubicaba en el perfil de esas chicas sagaces e independientes, con un hijo adolescente y nunca casada. Acaso necesitaba alguna excusa para cortejarla?

Pues bien, salir con ella no fue tan difícil como pensé al principio, lo único malo era que no sabíamos a dónde. Tomamos una botella de vino, unos cigarrillos, y nos dirigimos a un lugar apartado para poder conversar.

Todo iba de maravilla mientras hacía mi papel de tímido pero cómico seductor, la cosa cambió cuando el vino rompió el hielo y entramos en confianza. Ella, psicóloga de profesión, me hablaba como si yo aún tuviese mucho que aprender de esta vida, como si la ecuación no fuera siempre sencilla. Me hacía preguntas como queriendo dirigir la conversación a su capricho y cuestionaba algunas de mis posturas evidentemente depresivas y pesimistas.

Yo ya había estado ahí, pero no medio ebrio. Había estado ahí queriendo escapar con una receta en el bolsillo para poder sonreír (por lo cual tampoco podía beber alcohol). Entonces decidí no volver ahí, y tomé la batuta haciendo yo mismo las preguntas.

Por un momento se asomó una persona mientras me respondía los cuestionamientos respecto a su núcleo familiar y pensé para mí que era el momento para atraparla y desvestirla. Ya no quería más respuestas pensadas, como salidas de un libro. Quería espontaneidad y creatividad.

Terminé de escuchar su testimonio y en lugar de llevármela a la cama, creo que nos fuimos al diván por largas horas. El vino se acabó y ambos partimos por diferentes caminos.

A la próxima empezaré por decirle que me gustan sus pechos...

domingo, 16 de agosto de 2015

El blog desde un smartphone

Pues de repente me vengo a dar cuenta que mi teléfono inteligente tiene más funciones que solamente chatear por guatsap o emular pokemon. He aquí la opción para no dejar morir mi mundo entre las letras en tiempos donde cada vez estoy menos conmigo mismo.

Así es mis platónicos lectores, una aplicación para el teléfono móvil que me da acceso directo al blog. Aunque creo que no me va a durar mucho la ilusión, pero al menos puedo soñar de nuevo con que alguien me lea, se identifique o pretenda comprenderme (aunque en el fondo sólo desearía que ella me mirara sonriente).

En fin, me he hecho al propósito de ejercitarme un poco cada día y creo que lo he logrado. Quizás pueda hacerme el propósito de escribir algo por acá al menos una vez a la semana y regresar una vez más a mi, ya muy afectada por el síndrome de Estocolmo, adolescencia.

Saludos de nuevo desde mi aparatito inteligente...