martes, 2 de diciembre de 2008

Sobre el mundo de los ideales

Más de una vez sucede que conocemos una persona y nos parece el ser más hermoso y agradable que haya pisado la faz de la tierra, después de algún tiempo nos damos cuenta del error que cometimos y sin previo aviso todo cambia y se vuelve un caos. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Por qué todo cambió tan abruptamente?

Pues no, no todo el tiempo las cosas cambian con alguien o en alguien. Talvez habrán quienes pasan por un problema y se vuelven inestables, o hay quienes puedan padecer de algún trastorno bipolar, pero la mayoría de las veces lo que sucede es que nos cegamos por los ideales.

El problema es la telenovela cotidiana. Quizás algunos nos hacemos de un ideal de persona que quisiéramos conocer o amar. En éste ideal caben muchas características de tipo físico, intelectual, emocional y espiritual; y a partir de allí creamos un ser-modelo que es el prototipo de lo que deseamos para compartir nuestras vidas y nuestras intimidades.

Éste prototipo generalmente no existe, no puede haber una persona en este mundo que reúna tantas características como las que ideamos. Pero al fin y al cabo, aprendemos a reunir muchas de esas características en algunas personas y es de allí donde parten las buenas amistades y los grandes amores.

Pero volviendo a la telenovela, hay también quienes tienen un deseo tan abnegado de encontrar su príncipe azul, que distorsionan la realidad y terminan por agregarle todas las demás características ideales a alguien que talvez solamente reúne algunas de las características físicas.

Es en esta concepción que nos dejamos engañar por las ideas platónicas. Creemos que una apariencia física va acompañada de una serie de actitudes y aptitudes que sólo podemos atribuírselas en nuestra mente, y nuestro concepto de dicha persona se vuelve una fantasía de telenovela, negando cualquier defecto y contrariedad.

Y después llega el momento de pasar de lo general al detalle, y muchos comenzamos a sufrir maltratos y denigraciones pero seguimos concentrándonos en ese par de ideales que encontramos en "esa" persona y no nos percatamos que los demás ideales, no solamente nunca existieron, sino que además eran contrarios a los que fueron primarios en algún momento.

Y seguimos diciendo "Es que yo l@ amo", "No puedo vivir si él (ella)", pasando por alto todo lo que alguna vez pretendimos haber visto en dicha persona.

Yo hablo en plural para poder identificarme con la gente, pero tengo que decirlo: "no soy parte de esa telenovela". Quizás me he caracterizado a lo largo de mi vida por ser muy intuitivo, pero en muchos casos suelo llegar al extremo del prejuicio en cuanto a personas se refiere. Entonces muchas veces puedo distinguir máscaras y escudos en la gente que se acerca a mi vida, pero otras veces suelo crear esas máscaras y escudos en otras personas.

Me gustaría alejarme de esos ideales y aprender a disfrutar más de lo que pueda conocer de la gente, esa es una de mis grandes metas, no aprender a tolerar los defectos, sino aprender a amar las diferencias. El giro de esto es que muchas veces ese ideal se posa sobre mí, y muchos llegan a ponerme en alto (sí, estoy jugando de pretencioso) sin conocerme a profundidad.

Odio que se generen un montón de ideales con respecto a mi persona, ¿acaso no terminamos de entender que no existe bien sin mal? Soy tan malo como bueno (utilicemos juicios de valor únicamente como medio para diferenciar características concordantes y disímiles a los modelos éticos y morales que cada quién maneja en sus vidas), vivimos en un mundo de grises donde tenemos que viajar entre lo más oscuro y lo más claro para lograr nuestras metas y objetivos de vida.

Soy un ser defectuoso como todos, talvez la única diferencia es que vengo desde hace años tratando de enfocarme en las diferencias que nos unen, por eso es que quizás tengo cierto "don" de endulzar a la gente, pero es un beneficio egoísta porque al fin y al cabo la gente es un experimento en el cual me pongo a prueba y saco conclusiones. Si lo anterior no sonó diabólicamente incorrecto, no sé qué lo hará.

Pero ven, el asunto es que sea o no cierto lo que dije, la vida y las características ideales de las personas se pueden interpretar. Y tal vez la Madre Teresa de Calcuta no fue sino una viejilla egoísta que dedicó su vida entera a comprarse un lugar más cerca del Padre para disfrutar de sus beneficios y no arriesgarse a arder eternamente.

Prometamos abrir los ojos y no caer en tanta sinrazón...

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