lunes, 4 de enero de 2016

Qué me dejó el 2015

El 2015 fue un año como todos, lleno de altibajos pero con un final dramático.

Pasé a trabajar más lecciones con el Ministerio de Educación Pública, me incorporé y consolidé mi puesto en la Filarmonía Municipal de Naranjo, realicé mi recital de conclusión de estudios en contrabajo en el Conservatorio de Occidente, y finalicé los cursos de licenciatura en la Universidad Libre de Costa Rica.

Tuve amantes y deslices, probablemente el mejor sexo de mi vida y quizá el más incómodo. Conocí gente increíble y otra bastante descartable.

Volví a los bares y las conversaciones insípidas, al tabaco y a los excesos.

Un año marcado por dolorosas partidas: Perris, Botis, Anita y Chito. Éste último más sentido por supuesto, con tanto en mi vida construído en torno a él.

Me quise enamorar y me enamoré. Con tan mala suerte que terminé pagando todos los karmas de tantas y tantas a las que les he hecho el amor con arrebatada pasión pero que no por ello les he permitido entrar a mi corazón. Ciertamente estoy en esa situación con la agravante de que no hizo falta abrirnos a la intimidad para enamorarme. Ahora entiendo la tristeza de mis deshechadas amantes y quisiera abrazarlas una a una y decirles que lo siento de corazón, que espero no vuelvan a topar de nuevo con alguien como yo. Ojalá y haya aprendido la lección.

En fin, termino encaramado de nuevo en mi tristeza. Sé que me voy a contradecir a continuación, pero saldré a buscar de nuevo la fluoxetina para equilibrar mi vida. Eso representaría cero alcohol y es bueno. Yo siempre juzgo con anticipación (para no decir que soy prejuicioso), y ahora me doy cuenta que no puedo cortar todo con las mismas tijeras.

Inicio el 2016 queriendo poner en calma mi alma y mi mente. Y mi reflexión para este nuevo año siempre tiene que ver con el amor. Ojalá todos y todas encontremos un corazón para latir simultáneamente en este mundo lleno de sin sabores y contradicciones. Que la tristeza no abunde porque eso te desmadra...

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